domingo, 29 de julio de 2012

Cap. 9. Despertando de la pesadilla


Con el pasar de los días, con el pasar de los años algunos recuerdos desaparecían, algunos se hacían difíciles de recordar y otros simplemente se incrustaban en su mente, torturándolo con el transcurso del tiempo.
Y qué cosa más curiosa, ¿No? Siempre, pero siempre recordaba con todo detalle cada memoria, cada momento que deseaba olvidar con el alma. Los peores recuerdos, los peores sucesos, como aquel día…
No podía no sentirse culpable, pues quizás si se hubiese quedado en su hogar todo hubiese sido distinto. Quizás hubiera podido evitar algo, pero no… no había sido así.
Había ido al pueblo a comprar cosas para su madre, unas medicinas principalmente, ya que estaba muy enferma. Había sido un viaje normal, e incluso mucho más corto de lo que esperaba, pero cuando llegó a la mansión ahí estaba parado en la puerta su padre… Lo esperaba con un semblante oscuro, cosa no muy extraña en él, pero que en esta situación lo asustó de sobremanera… Era la peor noticia de su vida…
 Hijo, lo siento…”
Corrió y corrió sin parar, desesperado, sin mirar atrás.
 ¿Qué cosa?”
Apenas podía respirar, pero… ¿A quién le importaba? No podía, no quería parar… Si lo hacía sería el fin.
 Se ha ido…”
Sus ojos comenzaron a humedecerse de a poco. Seguía corriendo, la desesperación crecía, el dolor lo perseguía.
 ¿Quién? ¿De qué estás hablando?”
Corriendo sin mirar el suelo y tropezó con una rama que sobresalía, cayendo directamente al suelo, raspándose la mejilla derecha y rompiendo su pantalón en las rodillas.
 “Tu madre… acaba de fallecer.”
Comenzó a llorar con fuerza, como un niño pequeño, sintiendo la gran cantidad de rabia y dolor que derramaba en cada gota cristalina que salía de sus ojos… Pero no era el dolor físico causado por sus heridas el que le hacía sentir así, no, era el dolor que sentía al pensar en que ya no podría abrazarla, ya no podría verla sonreír, jamás volvería a escucharla cantar ni hablar, jamás volvería a besar sus mejillas tibias ni verla pintar, no podría cocinar con ella y terminar cubiertos con todos los ingredientes…
No, ya no podría… ya no volvería a verla, a ella, a su madre. La mujer más hermosa y más perfecta que pudiera nacer, la que tanto hizo por él, la que lo cuidó siempre, la que lo protegió de los fantasmas y monstruos de la noche, la que le hacía saber que a pesar de todo la vida continuaba, a pesar de todo lo malo que pudiera pasarle. Ella, la mujer que tanto dio por él… ¿Y qué le había dado a cambio? Ni siquiera la había podido acompañar en ese momento…
Quizás había sentido dolor, quizás había sentido miedo… y él no había estado ahí para acompañarla, para protegerla, para tomar su mano y decirle que todo saldría bien…
Y ahora sus heridas dolían fuertemente, pero Oh… no le importaba, ya nada importaba… El dolor físico no era nada.
 Pequeño, ¿Estás bien? 
Levantó su rostro cubierto de barro, sangre y lágrimas y se encontró con un hombre. Era anciano, tenía un sombrero extraño de color café, un traje de igual color y un rifle… se le veía preocupado.
Abrió su boca para responderle, pero en vez de palabras lo único que salió de su boca fueron sollozos, seguidos de más lágrimas amargas.
El anciano lo tomó en brazos dándole un extraño calor, muy cómodo y paternal… Jamás había sentido calor paternal… y sólo en ese momento notó que detrás del hombre había un chico, como de su misma edad, que lo miraba desde atrás de sus pestañas y sus ojos muy rasgados, sujetando con ambas manos su propio rifle. 
  Tu rostro está muy herido, ¿te caíste?
Jaejoong asintió entre sollozos y lágrimas, el hombre comenzó a caminar con él a cuestas.
Por más que lo intentaba no podía dejar de llorar, las lágrimas salían solas. El hombre le acarició la cabeza y aunque ni siquiera sabía quién era él escondió su rostro en su pecho, sintiéndose totalmente protegido.
Lo llevó hasta afuera del bosque, hasta un carruaje. El hombre lo sentó dentro y le indicó que esperara, al instante trajo una cajita con varias cosas adentro… una botellita con un líquido verde, unos pañitos blancos y vendas.
Comenzó a limpiarle la herida de la cara, haciéndole sentir un fuerte ardor, y luego le limpió las rodillas.
 Te llevaré a tu casa… Dime dónde vives.
Jaejoong le indicó por dónde ir y el hombre anciano ayudó a subir al otro chiquillo. Se sentó adelante y el carruaje partió.
Escuchó el galope de los caballos cada vez más fuerte. Notó que el chico lo miraba fijamente, sin decir nada. No hicieron más que mirarse en silencio durante todo el camino, hasta que miró por la ventana y notó que estaban a las afueras de su propiedad.
 Por favor, déjeme aquí    le pidió al anciano, haciendo que parara el carruaje.
  ¿Estás seguro? Puedo dejarte en tu casa.
  No, no… será mejor que no    secó nuevamente las lágrimas que habían comenzado a caer nuevamente por sus mejillas y abrió la puerta. Miró por última vez al chico que seguía mirándolo.
  No eres feliz, para nada…    le dijo de pronto riendo y Jaejoong frunció el ceño, molesto. Lo ignoró, se bajó y luego de agradecerle al anciano corrió como pudo hasta llegar a su casa.
Entró corriendo y gritó por inercia “¡Mamá, ya llegué!”, pero un flechazo le llegó en el pecho haciéndole quedar inmóvil. Las lágrimas volvieron a su rostro al recordar.
 “Soy un imbécil” se dijo a sí mismo, sintiendo el horrible dolor envolverlo nuevamente. 
  Jaejoong    dijo una voz grave desde la escalera, al girarse se encontró con su padre   ¿Qué te pasó?
  Perdón… M — me caí    los sollozos y el hipo le impedían hablar bien.
El hombre se le acercó lentamente, haciéndole sentir ansioso. De verdad, en ese momento lo que más esperaba, lo que más necesitaba era un abrazo del hombre que se hacía llamar su padre. Necesitaba un abrazo que lo reconfortara y le diera fuerzas… pero ¿Qué fue lo que recibió en su lugar? Una fuerte cachetada en su mejilla herida. Fue una cachetada tan fuerte que incluso llegó a girarle el rostro y romperle el labio.
Sus ojos se mantuvieron abiertos completamente, y sus lágrimas cesaron al instante. Al fin enderezó su rostro y miró impresionado a su… a ese hombre.
 ¿Crees acaso que estoy de ánimos para que llegues así? Esto del funeral me hará gastar demasiado dinero, y tú llegas como si nada rompiendo tu ropa como si fuera divertido. Ahora esa mujer no está, así que tendrás que obedecerme a mí. ¿Entendido?
Jaejoong bajó la cabeza con dolor y pena. ¿Por qué tenía que ser tan cruel?
 ¡MÍRAME CUANDO TE HABLO, POR LA MISMÍSIMA MIERDA!    lo tomó del pelo y lo tironeó. Jaejoong chilló.
El hombre lo soltó luego de unos instantes, cuando notó que Jae ya no se movía, simplemente te había quedado quieto soportando el dolor. “Vete a tu cuarto” le dijo, y el pequeño sin siquiera alegar corrió a su habitación. 
Recuerdos, recuerdos. Siempre hechos para hacerle recordar los peores momentos de su vida… Ese día cuando comenzó todo su sufrimiento. No, en realidad fue cuando se intensificó. Su padre siempre había sido un hombre desgraciado y sin sentimientos, pero su madre era la que le hacía seguir adelante…
Y ahora que lo pensaba, Yunho era exactamente igual a su padre. Tenía esa misma personalidad altanera y arrogante, esa mirada impregnada de malos deseos… Y al igual que a ese hombre, le encantaba ver a la gente cercana sufrir.
Cómo lo odiaba… y a la vez…
 Jaejoong…
Salió de sus pensamientos al oír aquella molesta voz que reconocería incluso en un cuarto oscuro, sin ver a la persona que le hablaba.
 Qué quieres, Yunho…    respondió un poco asqueado. Realmente no estaba de ánimos para que llegara ese hombre a hacerle el día una mierda, más mierda de lo que ya era.
  Jaejoong…    volvió a decir un poco más despacio, lentamente… El corazón de Jaejoong dio un salto.
  Agh…    suspiró  —… no empieces, por favor…    siguió con su camino, pero su hermano simplemente lo tomó de la mano con fuerza y lo arrastró hacia quién sabe dónde.
Al sentir el tacto de su mano fría con la propia sintió un fuerte sentimiento de culpa y tristeza, y no lograba entender mucho el significado ni el por qué de esos sentimientos. ¿Debería sentirse culpable por algo? ¿Debería sentir tristeza por él? Un lado de su conciencia, el que odiaba a Yunho, le gritaba que no, que lo justo era que sintiera un odio pútrido hacia su persona por el resto de su miserable vida, pero ¡Santo cielo! Su otro lado de la conciencia, aquel bueno… aquel que había heredado de su madre le decía que lo perdonara, que él no era esa clase de persona… que él no era de las personas que odiaba y que malgastaban su vida irradiando negatividad. No, él no era de esos…
Y en ese momento, cuando se dio cuenta de lo que había acabado de hacer, cuando logró reaccionar a su movimiento mecánico, a aquel que por inercia lo obligó a abrazarlo desde la espalda con todas sus fuerzas, sintió que al fin estaba entendiendo todo… Y había comenzado a llorar con todas sus fuerzas sin sentirse avergonzado de hacerlo… Comenzó a llorar como un niño pequeño que perdió a su madre en la ciudad, que grita entre un montón de gente y que es total mente ignorado… Si, así se sentía él. Sentía que estaba en un vacío, sentía que a su alrededor habían unas paredes de cristal que le impedían pedir ayuda, que le impedían correr hacia la persona más cercana y rogarle ser escuchado…
Estaba gritando, y nadie se volteaba a mirarlo. Pero ahí, entre esa gente… Entre esas personas que fríamente lo ignoraban, logró divisar de pronto a un chico… Delgado, alto, moreno y de rasgos marcados. Y no lo veía feliz, cielos… Yunho jamás había sido feliz.
 ¿Jaejoong? ¿Qué te pasa?
¿Habría, entonces, una razón más profunda? ¿Había una razón por al cual Yunho había causado todo ese daño? Él no era feliz, en lo profundo de su ser, tras esa sonrisa hipócrita… Estaba un Yunho tierno, sonriente… un Yunho feliz, que había sido opacado por quizás qué cosas, las cuales desconocía…
Ahora sentía un profundo desahogo. No le importaba estar a mitad del pasillo, abrazando desde la espalda a su hermano a quién decía odiar con su ser, llorando con todas sus fuerzas escondiendo su rostro en su espalda… porque ahora sentía que todo aquello que estaba guardando desde hacía tanto tiempo estaba saliendo, estaba aflorando, y se sentía tan bien…
 Tengo tanto miedo… Yunho… 
Y de pronto unas manos que ya no estaban congeladas tomaron las suyas, las cuales rodeaban su cintura y se apoyaban en el pecho del más alto, las apretaron y las lágrimas cesaron, dejando a su paso la paz… La tranquilidad. Sentía ahora… que aquel desconocido era ahora alguien importante, alguien a quien quería… Era su hermano. Yunho era su hermano.
 Yo también tengo miedo, Jaejoongie… pero no debemos temer.
Se giró mirándolo, con una sonrisa dibujada en sus labios… lágrimas cayendo por sus mejillas. Pero no era lágrimas de rabia, no eran lágrimas de enojo, no eran lágrimas de tristeza…
 No sabes… No sabes lo feliz que me siento… Jaejoong   lo abrazó con fuerza y acarició su espalda.   Soy un estúpido, un desgraciado… no sabes cómo, no sabes cuánto lo siento… De verdad perdóname…    lo abrazó con más fuerza, y Jae sintió que ahora sus lágrimas y sus sollozos si eran de dolor, de tristeza…
  No…    pronunció lentamente. Yunho se alejó de su cuerpo y lo miró confundido, sonrojado probablemente por la situación en la que se encontraba… Llorando frente al chico al que se había mostrado tan fuerte y al que tanto había maltratado.   No hay nada que perdonar… Todo está perdonado.
Jaejoong debía admitir entonces… que realmente no odiaba a Yunho. Ya no, al menos. Y el admitir que lo había perdonado, que ya no sentía odio ni repudio hacia su persona, le hacía sentir como nuevo. Le hacía sentir tan bien, tan… feliz.
Y un nuevo abrazo se formó entre ambos, dibujando una sonrisa satisfecha en el rostro de Jaejoong. Quizás, y sólo quizás… eso era lo que había estado buscando desde el principio… Un hermano, alguien con quien pudiera compartir sus alegrías y sus penas…
 Alguien en quien pueda confiar…    susurró.
  ¿Eh?
  Nada…    rompió el abrazo y secó las mejillas de su hermanastro.   Gracias…
  Jaejoong… sé que no has sido feliz, para nada… Y que por mi culpa aquello ha sido peor, pero…
Aquello hizo eco en su mente. “Sé que no has sido feliz, para nada…”. Ya había escuchado eso antes, estaba seguro… Y a pesar de saber que aquello todo el mundo lo sabía, que todos sabían que no era feliz, la manera en que lo dijo le recordó a algo…
 “Miró por última vez al chico que seguía mirándolo.
 No eres feliz, para nada…   le dijo de pronto riendo y Jaejoong frunció el ceño, molesto. Lo ignoró, se bajó y luego de agradecerle al anciano corrió como pudo hasta llegar a su casa. “
Eso. Eso era… Ese día, cuando había muerto su madre. Ese chico, el del carruaje con el anciano…
 Yunho… Eras tú    dijo impresionado. Yunho lo miró dudoso.
  ¿Qué cosa?
  El chico… Ese día, me encontraron llorando entre los árboles, tirado en el suelo… Tenía la cara lastimada y las rodillas raspadas.
Yunho lo miró con la boca semiabierta, y pronto sus ojos se abrieron más (de manera un poco graciosa), al parecer había recordado algo.
 ¿Tú eras ese niño que lloraba tanto?    Jaejoong bajó la cabeza, en señal de afirmación   ¿Por qué… llorabas tanto?
  Mi madre… Ella acababa de fallecer…    sus ojos se humedecieron apenas el rostro de la mujer se apareció en su mente. Aún no lo superaba, por mucho tiempo que haya pasado, no lo lograba… Aún dolía el vacío que había dejado en su ser.
  Oh… Con que eso era…    bajó su cabeza un poco incómodo   Jaejoong, yo…
Un ruido lo interrumpió, impidiéndole continuar con lo que diría. Fue algo quebrándose, como un vidrio. De seguro nuevamente había aparecido la muchedumbre molesta. 
  Oh no, no otra vez…    susurró Jaejoong, poniéndose pálido (más de lo que ya era, en todo caso).
  Ven… vamos a la sala    lo tomó del brazo y comenzó a correr arrastrándolo tras él.
Por alguna extraña razón que desconocía, su padre se había ausentado más que nunca las últimas semanas. Desde que su madre había muerto, su padre casi no iba a casa. Todos los días comía solo, se la pasaba solo, y si su padre llegaba… era sólo por unos instantes, y sólo para regañarlo por lo primero que se le ocurriera. 
Un día llegó con un chico. Nunca había visto a su padre tan sonriente y feliz, acariciando la cabeza del chico repetidas veces, dándole tanto cariño… Cariño que el pobre Jaejoong jamás recibía.
 Este es tu hermano, Yunho…   había dicho sin rodeos, con esa sonrisa altanera en su rostro frío. Su pequeño corazón se detuvo.
  ¿Eh?   preguntó sin entender totalmente lo que había dicho. En realidad si entendía, pero… ¿Era cierto? 
  ¿Qué acaso estás sordo, mocoso? Es Yunho, tu hermano…
  Yo no tengo hermanos, mamá sólo me tuvo a… mí…
  Si que eres idiota. ¿Quién dijo que era de esa… mujer? Ella ya está muerta, no me sirve. Ahora vivirás con tu nueva familia, con tu nueva madre y tu hermano.
Cuando se dio cuenta ya estaban parados en la entrada de la sala. Su tía estaba sentada en el sofá, seguía lamentándose por todo. Jaejoong suspiró, pero de pronto vio a alguien al otro lado de la habitación que hizo que se le iluminara el rostro.
 ¡Changmin!    gritó y corrió hacia él sin importarle que estuvieran su tía y su padre ahí, mirándolos. Se lanzó a sus brazos y antes de que este alcanzara a reaccionar lo abrazó con fuerza. Y diablos, sabía que se arrepentiría eternamente de lo que estaba a punto de hacer, pero necesitaba hacerlo… Así que estiró su cuerpo lo más que pudo para alcanzar el rostro de Changmin (¡Era tan alto, demonios!) y sin dudarlo siquiera unió sus labios con los propios, en un beso tierno y cálido que hizo que el corazón de Changmin comenzara a latir con gran rapidez. 
Cuando se alejó cayó en lo que había hecho, y se dio cuenta de que había cometido la peor acción de su vida al sentir la mirada de su tía y su padre clavarse en su nuca. Miró primero el rostro de Changmin… Sus ojos estaban abiertos y su rostro más rojo que nunca. Miraba repetidas veces a Jae y luego hacia las personas que estaban en la sala. Realmente no se esperaba eso. Entonces se giró de inmediato, preparándose para sufrir las consecuencias, y al primero que vio fue a su padre.
Su rostro estaba tenso, rojo, la vena de su frente parecía querer explotar en cualquier momento. El rostro de su tía no estaba muy diferente. Su boca y sus ojos estaban muy abiertos y su mano estaba sobre su pecho, exagerando más aún su expresión de impresión.
Finalmente miró a Yunho. Su rostro se veía ligeramente más tranquilo, pero no por eso menos impresionado que los demás. En seguida entendió la mirada que le daba desde la otra esquina de la habitación. “Jaejoong, estarás muerto…”
 ¿Qué… mierda… fue eso?    dijo el hombre finalmente, levantándose del sofá  con lentitud.
  Papá, yo…    susurró apenas, temeroso.
  ¿QUÉ MIERDA FUE ESO?    se le acercó rápidamente, dispuesto a golpearlo. Levantó un puño el cual iría directo a su rostro, pero Jaejoong lo sujetó con sus manos gritando.
  ¡¿Por qué siempre tienes que golpearme?!    el hombre lo miró totalmente molesto por la reacción de su hijo   ¡¿Por qué nunca te detienes a escuchar lo que tengo para decir?!
  ¿Y qué se supone que será? ¡Espero que tengas una buena excusa, maldito desviado!
  Papá    se quedó completamente serio. Miró a Changmin, quien lo miraba totalmente nervioso y descolocado   Yo… Yo amo a Changmin.
  J…Jaejoong…   dijo este, nervioso al escuchar eso y más aún al ver cómo el rostro del padre de Jaejoong se tensaba más.
  ¿Q…Qué?    dijo la tía desde el sofá.
Lo único que hizo el hombre fue darle una fuerte cachetada, pero Jaejoong sólo rió y lo volvió a mirar, acariciando su propia mejilla.
 Da igual, golpéame cuantas veces quieras… Mis sentimientos no cambiarán.
El hombre fue a golpearlo nuevamente, pero Changmin lo tomó del brazo con fuerza y lo miró serio, advirtiéndole que si se atrevía a volver a tocar a Jaejoong se las vería con él. Si bien el hombre era mucho mayor que Changmin, este lo sobrepasaba en altura… y el agarre de su brazo era tan fuerte que en seguida notó que no tenía oportunidad alguna contra él.
Un fuerte ruido los saco de sus pensamientos. Nuevamente, habían comenzado… Estaban tirando piedras a los vidrios y gritando vulgaridades allá afuera. ¿Por qué? ¿Qué culpa tenía él?
 Por qué… por qué otra vez…    se quejó Jaejoong, encogiéndose de hombros. Le dolía tanto oír todas esas atrocidades a su persona, siendo totalmente inocente…
Changmin lo tomó de la mano, entrelazando sus dedos. Jaejoong se sintió un poco más tranquilo con el tacto, así que la apretó también. Suspiró con miedo.
 Vamos a una habitación para estar más seguros…    le susurró y Jaejoong asintió. Las miradas de odio de su padre y su tía se posaron en seguida, cuando comenzaron a avanzar a través de la sala. Estaban ya junto a Yunho, cuando Jaejoong notó cómo sus ojos y su boca se abrían al mirar a un punto tras él que lógicamente no veía…
Y todo lo demás pasó en cámara lenta.
Había un hombre mirando a través del vidrio roto. Sostenía un arma que apuntaba hacia Jaejoong, quien le daba la espalda. Apretó el gatillo, el fuerte ruido resonó por la habitación… y la única reacción que logró tener fue gritar “¡Jaejoong!”, empujando a Changmin y lanzándose sobre su hermanastro, abrazándolo y cayendo ambos al piso.
La mujer gritó, Changmin también… Y cuando todo aquello pasó tan lentamente, se dio cuenta de que estaba en el suelo con el cuerpo de Yunho encima, abrazándolo con fuerza.
 ¿Yunho?    le dijo, pero este no se movía.
 “Oh no… Oh no, no… No el sueño, no puede ser real” 
  ¡¿Yunho, estás bien?! ¡Yunho!    gritó desesperado, sin poder sacárselo de encima. No podía estar pasando, no podía estar pasando lo mismo  ¡Yunho!    sus ojos se llenaron de lágrimas al instante.
  Oh, mierda…    dijo de pronto   Cómo duele…    se levantó sujetando su brazo, el cual sangraba.
  ¿Estás… bien?    dijo sin notar que había comenzado a llorar. Su corazón latía fuerte por el miedo.
  Me dio en el brazo…   dijo bajito   Pero al menos estás bien tú…   Jaejoong sonrió agradecido y suspiró…
Los gritos enloquecidos que venían de afuera se hacían cada vez más fuertes. Al parecer se habían corrido la voz de que habían lastimado al hermanastro de su víctima. Pronto comenzaron a golpear la puerta con fuerza y nuevamente comenzaron a tirar cosas en llamas, para incendiar el lugar.
 ¡Papá, por favor! ¡Has que paren!    le rogó Jaejoong al hombre que se hacía llamar su padre. Este lo miró asqueado e indiferente.
  No me llames papá, engendro…
  ¡Pero papá… por favor!
  ¡NO SOY TU PADRE MALDITA SEA!
  ¡Ya deja de gritarle!    lo defendió Yunho, levantándose   ¡Deja de insultarlo, deja de tratarlo mal!    caminó hacia él quedando frente a frente   Tú, y sólo TÚ tienes la culpa de todo lo que ha pasado. Tú eres el causante de todo esto. Tú eres el causante de la mayor parte del sufrimiento de Jaejoong…
  ¡No me levantes la voz!
  ¡ES LA VERDAD!   le gritó   ¡ERES UN DESGRACIADO Y UN TOTAL EGOÍSTA!
El hombre levantó su brazo totalmente enojado, dispuesto a golpear a Yunho como solía golpear a Jaejoong… Yunho jamás en su vida había sido golpeado por su padre, pero en este momento él estaba tan cegado por la rabia que no le importó nada. Daba igual, no iba a defenderse… pero antes de que aquella futura cachetada impactara contra su mejilla, el hombre se quedó quieto. Su brazo seguía en el aire, sus ojos y su boca se quedaron abiertas… sus ojos miraban a la nada.
Yunho iba a preguntar qué le había pasado… Iba a preguntar, pero no alcanzó, ya que antes de hacerlo su padre cayó al suelo, haciendo un ruido sordo al impactar contra el piso. Y ahí lo vio. Desde una ventana, un hombre que jamás había visto apuntaba con un arma hacia adentro, y en segundos desapareció de su vista.
No podía creerlo, no podía procesarlo, ¿Sería cierto? ¿Su padre estaba…?
El grito horrorizado de la mujer que hasta ese momento se había mantenido sentada quejándose y lamentándose se escuchó por toda la mansión como un fuerte trueno.  Corrió sin importarle nada, sin importarle empujar con fuerza a su queridísimo sobrino Yunho, y se arrodilló frente al cuerpo inmóvil del hombre.
Jaejoong tragó saliva. Sus piernas tiritaban, pero no podía moverse de ahí. Sus ojos se mantenían abiertos, y sintió que en algún momento se desmayaría. No podía creerlo que acababan de ver sus ojos.
 ¡TRAIGAN A UN DOCTOR! – gritó la mujer, horrorizada.
Y en ese momento, a ver a su padre así… en el suelo, su espalda con esa enorme mancha carmesí adornando su traje caro; su tía gritando como desquiciada, llorando y chillando el nombre de su hermano, el que alguna vez fue su padre…
 ¡No se queden parados ahí, por Dios santo! – seguía gritando desesperada la mujer, mirando a los dos hijos que no hacían nada.
… fue en ese momento que supo que ese hombre ya no estaba… En el que supo que quien lo había hecho tanto sufrir y que había hecho sufrir tanto a su madre se había ido. Estaba muerto. Su padre estaba muerto… Su maldito padre estaba muerto…
 Vámonos de aquí…    le susurró Yunho al oído, arrastrándolo fuera de la sala, seguidos por Changmin que hasta ese momento había estado parado inmóvil y totalmente mudo. Dejaron atrás al fin a su tía, al cuerpo sin vida de su madre, y a las criadas que corrían hacia ellos.
Dejaron atrás entonces su pasado… Dejaron atrás el dolor, el sufrimiento… Y quizás, sólo quizás… Este podría ser el comienzo de una nueva vida. Podrían comenzar a vivir nuevamente.

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  Si hay alguien que te lastima, si hay alguien que te hace sentir inferior, ¿Qué importa? Eres maravilloso, Jae… único en el mundo, y nadie podría quitarte esa hermosa cualidad… Nadie.
Si, su madre siempre había tenido razón… Nadie podría hacerlo sentir inferior, nadie tenía el derecho…
 Esto es tan extraño…    susurró mirando a la nada, sintiendo la fría brisa revolviendo su cabello negro.
  ¿Qué cosa? – respondió el más alto, tomando su mano con cariño, entrelazando sus dedos. El pelinegro apoyó la cabeza en su hombro.
  Cuando mi mamá se fue, lloré tanto… Jamás lo superé, y ahora… no siento nada, absolutamente nada.
Miró a lo lejos a la gente que rodeaba el ataúd enorme de madera, el cual bajaba lentamente. El día era soleado, silencioso… No era el mismo ambiente de ese día. Recordaba cuando habían sepultado a su madre. Llovía a cántaros, durante todo el día había mirado a su padre… esperando un beso en la frente y un cálido abrazo, como solía hacer ella, pero lo único que veía era al hombre riendo mientras fumaba uno de sus cigarrillos, hablando con su tía y con otra gente que no le interesaba conocer.
 ¡Jaejoong, lindo! ¡Qué grande estás! – le decían mujeres gordas que jamás había visto, pero que ellas parecían conocerlo completamente. Apretaban sus mejillas y lo abrazaban, le hablaban largo rato cosas sin importancia que él realmente no quería escuchar.
Ninguna respetaba que quisiera estar a solas con su madre por última vez. Ninguna respetaba que quisiera memorizar su rostro, sentir sus manos y el olor de su vestido… Porque jamás podría verla otra vez, una vez que bajaran su ataúd ya no había vuelta atrás… Sólo quedarían recuerdos, vagos y hermosos recuerdos…
 Estás demasiado delgado querido, deberías comer más…   ¿Era en serio? ¿Querían que pensara en comer en ese momento?
  ¿Por qué no sonríes más? Te ves muy amargado, como un viejo en el cuerpo de un joven. – Quería huir de ahí, correr y no ver más a esas señoras, pero no podía o sólo recibiría más golpes de su padre.
  Con permiso…   les decía educadamente para escapar de sus garra, para escapar de sus comentarios totalmente estúpidos y sin sentido.
Así era toda su familia…

  Changmin…    susurró de pronto    ¿Soy muy mala persona?
  ¿Tú, mala persona? Claro que no – rió el más alto   ¿Qué te hace pensar eso?
  ¿Soy malo por no sentir pena?  Al fin y al cabo él era mi padre, por mucho que lo odiara…
  Jaejoong…    lo tomó por los hombros, mirándolo fijamente – Tú eres la persona con menos maldad que he conocido. Él era un hombre malo, Jae… Estás en todo tu derecho de no sentir tristeza con su muerte… Tómalo como un nuevo comienzo.
  Un nuevo comienzo… sí.
Cierto. Debía dejar de pensar esas cosas, debía de una vez dejar de dudar de sí mismo… Tenerse confianza y seguir adelante sin dudas, sin miedos.
Y entonces vio a su hermano a lo lejos, entre las personas que rodeaban el ataúd que ahora bajaba con lentitud, llevándose su pasado con él… Ahí estaba Yunho, dándole la espalda a Jaejoong, con la cabeza gacha. Quizás lo que Jaejoong había sentido al perder a su madre era lo que estaba sintiendo Yunho en ese momento, pero cuando este se giró mirando a Jae a lo lejos y comenzando a caminar hacia él, se dio cuenta de que al parecer no era así. Se veía serio, normal… no se le veía tristeza ni dolor en el rostro. O lo estaba escondiendo bien,
 Ya lo enterraron – fue lo único que dijo,  con una expresión extraña en su rostro.
La familia de su padre había insistido en querer sepultar a su padre junto a su madre, pero Jae se había negado repetidas veces, insistiendo también en que no era la mejor idea, y lo logró gracias a su hermano, quien lo ayudó en su opinión. Realmente sentía que su madre no hubiera querido eso, no hubiera querido que ese hombre estuviera a su lado hasta durante la muerte.
 Creo que era mejor – le dijo Yunho, apoyando su mano en su hombro.
  Gracias por ayudarme con eso – le respondió, y sin esperar respuesta lo abrazó con fuerza, asombrando a Yunho. Aún así correspondió el abrazo.   ¿Cómo está tu brazo?
  Ya no duele tanto, pero debo evitar moverlo mucho – lo acarició con cuidado, para no dañarse. Jaejoong se quedó en silencio   Esto se ha terminado aquí, Jae…    Le dijo en voz baja. El más bajo cerró sus ojos y asintió, con una pequeña sonrisa.
  Al fin… Al fin.
Y tal y como había dicho Yunho, su vida comenzó a cambiar positivamente desde ese entonces… Pasando así  5 meses, en los cuales no volvió a verlos…
Con el dinero que pudo al fin heredar de su madre compró unas tierras lejos de su antiguo hogar, ahí hizo una humilde cabaña, donde pronto se fue a vivir con Changmin, a quien realmente amaba con todo su ser.
No había sido fácil, el padre de Changmin se había negado rotundamente a permitirlo, pero terminó por ceder cuando Changmin le dijo que era lo suficientemente maduro como para vivir solo, y él ahora debería preocuparse por sus hermanas menores. Claro que el hombre no sabía de su relación con Jae (le había dicho que se iría a vivir solo), pero no le haría daño desconocerlo por un tiempo más.
 ¡Jae, adivina quiénes vinieron! – dijo Changmin asomándose a la cocina, donde se encontraba Jaejoong, quien preparaba algo para comer.
  ¿Quiénes? – dejó de amasar y siguió a Changmin, saliendo de la cocina. Una expresión de asombro seguida de una enorme sonrisa se apoderaron de su rostro.
  ¡Junsu, Yoochun! – gritó emocionado y corrió hacia ellos, abrazando a Junsu con fuerza   ¡Ha pasado tanto tiempo! – dejó a Junsu para abrazar con fuerza a Yoochun.
  Nosotros también estamos muy felices de verte, hyung – dijo Yoochun, correspondiendo el abrazo y dándole palmaditas en la espalda.
  ¿Pero cómo supieron que era aquí? Digo… es un viaje muy largo, muy alejado y… ¿Están cansados? ¿Quieren comer algo?
  Tranquilo, tranquilo… Estamos bien – dijo Yoochun riendo.
  Yo si tengo hambre – interrumpió Junsu, y Yoochun rió.
  Yo les dije… Hace días me dijiste que los extrañabas mucho, ¿No? Así que aquí están…
  Gracias, Minnie…   le dijo con cariño, Changmin sólo se sonrojó.
  Ustedes son unos cochinos – dijo de pronto Yoochun, con una mirada maliciosa. Las caras de confusión que recibió como respuesta (incluso de Junsu), le causaron bastante gracia – digo… se compraron una cabaña a mitad del bosque, alejados completamente del mundo… O sea que – sonrió más – nadie los escucharía, así que pueden hacer lo que quieran, cuando quieran, cómo quieran… y gritar lo que quieran.
  ¿EHHH? – respondió Jaejoong completamente rojo. Changmin no se encontraba más tranquilo, sus orejas resaltaban más aún con ese color rojo que se apoderó de ellas.
  ¡Los descubrí! – los apuntó con el dedo, riendo a carcajadas.
  ¡Yoochun, eres un pervertido! – alegó Junsu, también sonrojado por la deducción de Yoochun.
  ¿Pervertido, yo? No pensabas eso ayer, cuando me rogabas que no me detuviera~   movió sus cejas de manera seductora, y lo único que consiguió fue que Junsu chillara agudamente y tapara su rostro totalmente rojo con ambas manos.
Las carcajadas de Yoochun resonaron por la cabaña, y nuevamente las miradas confundidas de Changmin y Jae se posaron sobre él. Yoochun secó las lágrimas que habían salido por tanto reír y sonrió enormemente.
 ¿No lo sabían? Junsu y yo estamos saliendo.
  ¡¿En serio?! – dijeron ambos emocionados, Junsu sólo bajó la cabeza más sonrojado aún. Yoochun asintió.
  Sep, hace 2 meses. Al principio sólo era coqueteo, pero pronto cayó ante mí…   lo abrazó con fuerza y frotó su mejilla con la de Junsu, quien estaba completamente rojo.
  Ya basta, Yoochun…   se quejó y Yoochun rió enternecido.
Jaejoong rió también, pero pronto sintió una enorme nostalgia. Todo había cambiado tanto… Todo había mejorado tanto, ya no estaba rodeado de gente mala, era feliz viviendo con Changmin, pero no pudo evitarlo…
Extrañaba a Yunho, y quería verlo.
Era extraño, tomando en cuenta todo el daño que le hizo. Tomando en cuenta cuántas veces lo hizo llorar. Tomando en cuenta… cuántas veces dijo odiarlo…
Así que fue simple y no necesitó pensarlo demasiado… Una tarde simplemente salió de la cabaña y viajó hacia el pueblo, luego de contarle a Changmin, diciéndole lo que quería hacer y  que quería ir solo. Changmin aceptó, no tenía ningún problema… Pero le pidió que no regresara muy tarde porque era peligroso y era un viaje bastante largo.
Y finalmente, ya siendo bastante tarde, llegó nuevamente a la cabaña, encontrándose con la sorpresa de que Changmin había intentado cocinarle algo, había puesto la mesa y ahora se encontraba durmiendo apoyado en la misma, ambos platos con la comida ya completamente fría.
 Min, ya llegué – le susurró al oído.
  Menos mal…   se movió – Tengo mucha hambre.
  Perdón, tardé un poco…   le dio un beso en la mejilla.
Se sentía más tranquilo… Ahora que lo había visto, ahora que sabía que todos (Todos, incluyendo a Yunho) estaban bien. Su medio hermano vivía  solo con su madre, tranquilos. Junsu se había quedado con la tía de Jae, ya que no tenía dónde ir, pero había conseguido que le diera una habitación a Yoochun a cambio de que este le diera lecciones de piano a la mujer para que pudiera relajarse.
La vida estaba mejorando. Ya no existían problemas, vivía con alguien a quien amaba, tenía excelentes y hermosos amigos y estaba reconciliado con su hermano.
Era difícil creer, que un día igual a ese… hacía cerca de un año y medio, él era Jejuko. La dama refinada, hija mayor de la familia Jung, la chica a la que su hermano y su padre odiaban y que no tenía madre.  
Y en ese entonces, no hubiera creído que dentro de un año y medio aproximadamente, en un día igual a ese, estaría viviendo completamente feliz, sin preocupaciones, en una linda cabaña con un lindo chico y hermosos amigos.
La vida daba, sin duda, giros extraordinarios.

~Fin~


4 comentarios :

  1. hola como siempre no comente ninguno de los capitulos anteriores pero es que cuando empiezo a leer no paro te felicito es un fic muy bueno hermoso al final e interesante me gusto mucho aunque no haya sido el yunjae pero igual me gusto xq quedaron en una buena relacion amo esa pareja o mejor dicho todo el grupo felicitaciones de nuevo

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    1. ^^ Gracias a ti por comentar... es cierto que hay ocasiones en la que me da la sensación de que no les interesa el blog... pero tus palabras me han dado aliento ^_^

      Besos y te me cuidas...

      PDT: Cabe aclarar que el fic no es mio, lo único que he hecho es hacer la revisión de ortografía y esas cosas...

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  2. Hermoso final y aunque solo hayas corregido ortograficamente agradesco que lo hayas publicado.

    Gracias!!!

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  3. Me gusto mucho el fic, aunque me dio algo de tristeza qu. Yunho terminará salo pero muy lindo

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