domingo, 29 de julio de 2012

Cap. 4. Declaraciones


Ya no quería salir de su cuarto. Ya no quería dormir, ni comer ni mucho menos hablar. Había caído en una profunda, profunda depresión, de la cual nadie lograría sacarlo. El pensar en volver a ver a su hermanastro le atemorizaba, y no se atrevía a volver a mirar a los ojos a Changmin. 
Le gustaba tanto que dolía... Pero una relación entre ambos no sería honesta, y en cualquier momento descubriría su secreto.
¿Por qué la vida había decidido jugarle tan mal?  
Por otro lado Yunho estaba más enrabiado que nunca. Recordaba lo que había visto esa vez y un odio inmenso lo devoraba por dentro. Su hermano y el hijo del Sr. Shim besándose en el sofá de la sala y luego caminando de la mano para hacer travesuras a quien sabe dónde. 
De sólo recordarlo le daban nauseas. Jaejoong no podía pertenecerle a nadie más. Él era su dueño y le pertenecía. Los celos lo estaban matando, realmente. Debía pensar en algo para hacerle entender, pero ¿Qué? Tener sexo con él no sería nuevo, ya lo habían hecho muchas veces, así que... Claro, debería actuar sobre lo más importante para él. Y eso era fácil... 
... Shim Changmin.  
Una sonrisa se dibujó en su rostro. Era fácil, ya sabría que hacer. Esa tarde (como muchas) llegaron el Sr. Shim y su hijo. Su presa. Jaejoong había sido obligado a salir de su cuarto por un momento, así que ese era el momento preciso para actuar. Sabía que Jaejoong volvería a su habitación en cuanto terminara lo que haría. 
 — Shim Changmin...  —  pronuncio con suavidad fingida cuando al fin estuvieron solos. El susodicho levanto la vista del libro que leía y acomodó sus lentes.
 — ¿Si?
 — Hmm, últimamente me he estado fijando en algunas cosas.
 — ¿Qué cosas serían?
 — En ti, por ejemplo.  —  se sentó en el brazo del sofá, junto a él.
 — En mi...  —  dijo algo extrañado.
 — Si, en ti. Verás...  —  movió su mano y acarició el rostro del otro.  —  Creo que... Hay cierta atracción que siento, y aquello me confunde de sobremanera, ¿Sabes?  —  Changmin comenzaba a sentirse incómodo, se notaba en su cara.  —  Es por eso que...  —  comenzó a bajar su mano con lentitud.  —  Quiero aclarar aquellas dudas.  —  terminó por bajar la mano hasta posarla en su entrepierna. Changmin se sobresaltó y alejó su mano.
 — Espera, detente.
 — ¿Qué pasa?  —  preguntó haciéndose el inocente.
 — No puedes hacer eso.
 — ¿Por qué no?  —  sonrió y volvió a bajar su mano, esta vez moviéndola sobre la entrepierna de Changmin, frotándola suavemente. Yunho notó como las mejillas y las orejas de Changmin se volvían completamente rojas.
 — Basta, en serio.  —  fue a alejar la mano de Yunho nuevamente, pero este fue más rápido y de un solo movimiento lo atrajo hacia si mismo, besándolo con fuerza. 
Y el resto fue bastante fácil, más de lo que había especulado. Bastaron unos cuantos besos y caricias y en un abrir y cerrar de ojos ambos estaban sobre una cama, uno sobre el otro (Yunho arriba, obviamente). Estaban desnudos y excitados, tocándose y besándose. No sabía que Changmin resultaría tan fácil de amaestrar. 
 — ¡Ahh!  —  gimió Changmin con fuerza cuando sintió dos dedos entrar en él, los cuales se movían rápidamente en su interior.  —  Y…Yunho...  —  tapó su boca con ambas manos y abrió más sus piernas.
 — Hermoso, hermoso.  —  pronunció con parsimonia, observando el rostro sonrojado y sudado de Changmin. Metió otro dedo y se deleitó con la expresión de placer que se dibujaba en el rostro del menor (¿Jaejoong sabría que era dos años menor que él?).
 — ¿D…De quién es esta habitación?  —  preguntó de pronto, cayendo en que no sabía en qué habitación estaban. Entraron en la primera que encontraron y ya (supuestamente).
 — Eso no importa, nadie vendrá.  —  dejó de dilatarlo y sin siquiera preguntarle qué tan preparado se sentía lo penetró con fuerza. El rostro de Changmin se volvió una mueca de dolor y placer (más que nada dolor), expresión que al gusto de Yunho, era una de las más hermosas que haya visto, luego de las de su hermano claro.
 — ¿S…Se...Seguro? Ahh...  —  Yunho comenzó a mover sus caderas contra las del menor, fascinado por la estrechez de este. Quizás debió haber intentado hacerlo con él mucho antes, pero estarlo haciendo por venganza era mucho más placentero aún.
 — Claro...  —  besó su cuello, lo mordió y chupó su piel, dejando marcas rojas por doquier. La cama crujía con fuerza a causa de las fuertes embestidas de Yunho, Changmin estaba aferrado a su espalda, gimiendo como si no hubiera un mañana.
 Yunho sonrió, sin dejar de embestir contra las caderas de Changmin. En cualquier momento aparecería, en cualquier momento... ¡Ahí estaba! 
La puerta se abrió lentamente, mostrando a un Jaejoong ojeroso y cansado quien, al ver a los dos hombres que estaban sobre su cama, casi sintió como su estómago se salía por su boca. Eran Yunho y... Yunho y Changmin. 
 — Jejuko...  —  dijo impresionado Changmin, intentando detener a Yunho.  —  Detente... Detente.
 — ¿Por qué?  —  siguió embistiéndolo y comenzó también a masturbarlo. Changmin mordió su labio con fuerza, haciéndolo sangrar.
 Jaejoong no decía nada. Estaba totalmente inmóvil, aunque en realidad quería salir corriendo de ahí, escapar de esa casa y quien sabe... quizás colgarse por ahí o incluso dispararse, no sería una mala idea después de todo, y no le haría mal a nadie. Todo lo  contrario.
 Yunho no parecía estar afectado ni avergonzado, claro que no, ese hombre no tenía vergüenza. De hecho, parecía disfrutarlo. Disfrutaba de la situación, disfrutaba ver el rostro pálido de su hermano mientras seguía penetrando a su amor. Changmin comenzó a moverse bajo su cuerpo, gritándole que se detuviera, intentando escapar o algo, pero sólo logró que Yunho aumentara su velocidad y la de su mano, logrando que con un apretón sobre su erección se corriera al instante, haciéndole llegar al orgasmo. 
Lamió su mano cubierta del semen de Changmin, mirando divertido a Jaejoong, al mismo tiempo que llegaba él mismo a su orgasmo y se corría al interior del otro. Un gruñido salió de su garganta y dejó de moverse.
 Se salió del interior de Changmin y se levantó. No esperó mucho y comenzó a vestirse, y una vez listo caminó hacia Jaejoong, tomándolo de la muñeca y arrastrándolo hacia dentro de la habitación. Lo dejó frente a Changmin, haciendo que se mirasen.
  — Ah, Changmin.  —  sonrió Yunho, abrazando a Jaejoong de la cintura. Este intentó alejarlo y frunció el ceño.  —  Creo que elegiste mal para enamorarte.  —  dijo sin soltar a Jaejoong.  —  Lamento informarte dos cosas.  —  su sonrisa creció más, causándole miedo a Jaejoong.  —  La primera: Jejuko me pertenece.  —  lamió su cuello y Jaejoong se quejó.  —  Soy su dueño y le hago lo que se me antoje, así que si vuelvo a verte con él no será placer lo que sientas.  —  frunció el ceño.
 — Pero es tu hermana...
 — ¿Hermana?  —  rió  —  veo que hay cosas que no se han dicho aún, digo... si tanto se gustan, ¿No deberían conocerse bien? Esa es la segunda cosa que te informo.
 Jaejoong intentó alejarse, pero Yunho sonrió de oreja a oreja y le quitó la peluca, mostrando su verdadero cabello y como era en realidad.
  — Jejuko no es... la "señorita" que parece ser. Sino que en realidad es Jaejoong.  —  sonrió.
 — ¿J…Jaejoong?
 — Ahá, Jaejoong. Un chico. Como tú, como yo, tú sabes.  —  rió nuevamente. —  bueno, creo que tienen cosas de que hablar, los dejaré solos.  —  se dio media vuelta y salió de la habitación, dejando a Jae y a Changmin solos. Solos.
 — ¿Es una broma?  —  dijo Changmin. Se notaba el asombro en su voz.
 — Debería decir lo mismo.
 — Eres un chico, un hombre. No me lo dijiste. ¿Por qué?  —  se sentó en la cama y tomó sus pantalones que estaban tirados en el suelo. Comenzó a vestirse, sin mirar a Jaejoong a la cara.
 — ¿Hubiese servido de algo?  —  apretó sus puños y suspiró.  —  Da igual... Me voy.  —  dijo notablemente molesto, girándose para salir de la habitación tal y como lo había hecho su hermano hace un rato. Changmin lo tomó del brazo.
 — No te vayas.
 — ¿Por qué no? Esto no sirve, Changmin. No funcionará. Déjame tranquilo.
 — No me hagas esto.  —  Jaejoong se dio media vuelta y lo miró a los ojos. Una sonrisa irónica se dibujó en su rostro y rió con sarcasmo.
 — "No me hagas esto"...  —  imitó su voz  —  ¿Con qué maldito derecho m pides eso?  —  alejó la mano de Changmin con rabia, golpeándola con más fuerza de la necesaria.  —  Me pides que no me vaya, ¿Eh? ¿Y tú te acuestas con mi hermanastro? No creas que seré un estúpido que aguanta todo, de verdad que con el sufrimiento que el desgraciado de Yunho me ha dado me basta.  —  no dijo nada más y se fue de la habitación, cerrando la puerta con fuerza.
 Habrá pasado mucho rato, demasiado según él, antes de que se levantara y decidiera irse de ahí. ¿Qué más podía hacer? Quedarse ahí ni pensarlo, su corazón estaba doliendo demasiado ya, estaba roto.
  — Padre, ya es tarde. Deberíamos irnos.  —  le habló a su progenitor, interrumpiendo la conversación que mantenía con la mujer anciana de la mansión.
 — Cuida tus modales, hijo. No interrumpas cuando estoy hablando.
 — Entonces esperaré en el carruaje.  —  sin siquiera esperar respuesta se fue a dicho transporte, el cual esperaba afuera de la mansión.
 Se sentó pesadamente y miró por la ventanilla, al cielo. Su padre no tardó en aparecer y en sentarse frente a él, indicándole al hombre que anteriormente les había abierto la puerta que podía partir. Los caballos blancos comenzaron a caminar, empujando el carruaje. Este, de vez en cuando, daba saltos a causa de las piedras en el camino.
  — ¿Qué diablos te pasa?  —  preguntó el hombre mayor, luego de medio viaje sin hablar. No era muy común que ambos hablaran durante sus viajes, en realidad no se llevaban muy bien.
 — ¿Por qué?  —  se hizo el desentendido.
 — Estás actuando idiotamente, te he dicho siempre que frente a otras personas debes mantener sus modales.
 — No pasa nada, estoy bien.  —  dijo sin mirarlo a la cara.
 — He estado pensando en arreglar un matrimonio entre tú y la hija del Sr. Jung. Su hermana se niega, pero lograré convencerla, creo que...
 — ¡Claro que no!  —  se negó sin siquiera dejarlo terminar de hablar.
 — ¿De qué hablas? Claro que si, yo decido las cosas aquí, no tú.  —  frunció el ceño, molesto.
 — No. Tú sabes que...  —  se mordió el labio.  —  Sabes que no me gustan las mujeres.
 — ¿Vas a seguir con esa mierda? No seas estúpido, esa ridiculez de que estás enamorado de Yoochun no es cierto, ni permitiré que lo sea.
 Changmin se quedó callado y bufó, molesto. Aquello era verdad, de verdad lo era. Desde que conocía a Park Yoochun, desde que él era su instructor de piano que estaba enamorado de él. Era dos años mayor, pero según su padre sólo servía para tocar piano, ya que era de clase baja. No estaba a su nivel.
 Y justamente hoy tenía clases de piano con él.
 Al llegar a su casa escuchó a lo lejos una bella melodía, suave y dulce. No pudo evitar caminar en seguida hacia el origen de la música, como hipnotizado. Sabía que era Yoochun, y sus melodías siempre tenían ese efecto en él. Lo hipnotizaban y lo enamoraban, lo guiaban hacia él en contra de su propia voluntad
 Entró a la habitación y ahí estaba. Tocando el piano como si nada más existiera, como si nada más importara. Y así era, cuando él tocaba no existía nada más. Se quedó apreciándolo largo rato, hasta que terminó de tocar.
  — No me canso de oírte...  —  sonrió Changmin, haciendo que Yoochun se girara.
 — Oh, Min.  —  sonrió.  —  No te oí, lo siento.
 — No importa, ¿Comenzamos?  —  sonrió y Yoochun se levantó, ofreciéndole el lugar.
 El sol ya se estaba escondiendo, y Changmin había vuelto a equivocarse en la misma nota. Golpeó todas las teclas que pudo con sus puños, totalmente frustrado. 
 — ¿Estás bien, Changmin?  —  le preguntó Yoochun, poniendo su mano sobre el hombre del susodicho. En seguida lo miró a los ojos, haciendo que Changmin sintiera ese sentimiento de ser incapaz de mentirle.
 — Estoy bien, de maravillas.  —  esbozó una sonrisa falsa, Yoochun entrecerró sus ojos, incrédulo.
 — No te creo.
 — Es en serio, no necesitas preocuparte.
 — Estás mal por alguien, ¿No?  —  se sentó a su lado. Changmin iba a negar, pero el rostro de Jejuko... no, de Jaejoong apareció en su mente al instante.  —  Lo sabía.  —  sonrió Yoochun al recibir el silencio como respuesta. Pasó su brazo por el cuello del menor, lentamente  —  Yo... no sé que te habrá pasado, pero...  —  acercó su rostro al del menor, quedando a escasos centímetros el uno del otro. Changmin se sonrojó con fuerza  —  pero... podría ayudarte a olvidarlo.  —  posó sus labios sobre los del otro, suavemente, dando un cortito beso. Se separó en seguida y volvió a depositar otro beso, moviendo sus labios, luego otro más, y uno tras otro.
 Changmin no podía creerlo. Era algo que había estado esperando desde hace años, y ahora que al fin tenía la oportunidad de probar sus labios no lo estaba disfrutando totalmente. Recordaba a Jaejoong y se sentía mal. 
Siempre, siempre había estado enamorado de Yoochun. Desde que lo vio por primera vez aquella tarde en que su padre lo había contratado como su tutor de piano. Se había enamorado de su piel blanca, de esos labios rojos y de esa hermosa sonrisa. De su sentido del humor y tan sólo su presencia; luego de su ausencia, amándolo más ya que lo volvería a ver y tendría más amor para juntar. 
Claro que habían sido días difíciles. El darse cuenta de lo que sentía, siendo sólo un chico de 16 años. Era pequeño, sin experiencia alguna en eso del amor. Y mucho menos si la primera persona de la que te enamoras es de tu mismo sexo. Lo siguiente fue aceptarlo, por muy confundido que estuviera. Finalmente, un día, decidió decirle a su padre. Necesitaba saber si era algo muy malo, pero al recibir una cachetada de parte de su padre se dio cuenta de la realidad. 
Era un enfermo. 
Ahora ya había aprendido a controlar sus sentimientos y a esconderlos. Pero había llegado "ella". La hermosa chica de largo cabello negro y labios rojos. Había caído en su red de inmediato, haciéndole incluso dudar del fuerte sentimiento que aseguraba sentir hacia Park Yoochun. 
 — Changmin-ah... Puedo parar si quieres.  —  susurró Yoochun besando su cuello con suavidad, al notar que estaba ahora en otro mundo. Changmin rodeó la cintura del mayor con un brazo.
 — Sigue, por favor sigue.  —  le rogó acariciando su cabeza con la otra mano, sintiendo sus labios húmedos y cálidos rozando la ahora sensible piel de su cuello. 
Yoochun abrió su camisa y comenzó a besar su pecho, casi con desesperación. Changmin acariciaba la cabeza y la espalda de Yoochun, su cabeza estaba inclinada hacia atrás, sintiendo el placer que los toques del mayor le proporcionaban. 
Un largo suspiro salió de su garganta. Las manos ansiosas del mayor recorrían su piel, la tocaban con rapidez. Yoochun lo estaba haciendo suyo, y no podía disfrutarlo como debería ser. 
Changmin no quiso quedarse atrás, así que comenzó a desnudar la parte superior del cuerpo de Yoochun. Comenzó a besar su pecho una vez descubierto, repartiendo besos por toda la piel que sus labios alcanzaban. Besó sus pezones y los lamió, dejándolos rojos como sus labios, en seguida los mordió y Yoochun gimió. 
Una mano de Yoochun lo atrajo más a su cuerpo y le hizo quedar sentado sobre su regazo, las largas y bien formadas piernas de Changmin rodeaban sus caderas. Se besaron nuevamente, sus lenguas jugueteando entre ellas e internándose en la boca del otro. 
Changmin se sentía pecador y sucio. Sería la segunda vez en el día que lo haría, con otro hombre, y ni siquiera era la misma persona. Aunque no sabía exactamente por qué lo había hecho con Yunho. ¿De caliente que estaba en ese momento? Puede ser, pero definitivamente Changmin no sentía nada por el hermano de Jaejoong. Estaba enamorado de Yoochun, pero también sentía algo hacia Jaejoong. 
 — Hmm...  —  gimió Yoochun cuando Changmin comenzó a mover sus caderas contra las suyas, sintiendo como sus miembros se iban endureciendo de a poco. Changmin sentía la erección de Yoochun contra su muslo  —  Quítate eso, estorba...  —  comenzó a tironear sus pantalones.
 El menor se levantó y los quitó con rapidez. Yoochun también se quitó los suyos y le indicó que volviera a su posición. Changmin miró la erección de Yoochun y antes de hacer lo que el mayor le había indicado se agachó y tomó su miembro con una mano. 
Comenzó lamiendo la punta, jugando con su lengua en forma de círculos. Pudo oír como la respiración de Yoochun se aceleraba y unos cuantos gruñidos de su parte. Metió su pene entero en su boca y comenzó a mover su cabeza de arriba hacia abajo, dando pequeñas y largas succiones al llegar a la punta. Su lengua jugueteaba también sobre su piel hipersensible. 
Una mano del mayor lo acercó más a su entrepierna, jalando suavemente de su cabello, dando una velocidad que lo complaciera completamente. Changmin comenzó también a gemir, estaba excitado. Cuando un sabor salino llenaba su boca Yoochun lo hizo levantarse. Besó sus labios y los lamió. Acarició su espalda y fue bajando sus manos hasta posarlas sobre su trasero. Llevó dos dedos a su entrada y los metió al mismo tiempo que lo besaba. Changmin gimió con fuerza contra sus labios. Los dedos del mayor comenzaron a moverse, ganándose más gemidos con su nombre. En seguida comenzó también a masturbarlo, para que no dejara de sentir placer. 
La expresión de Changmin demostraba que sentía algo de dolor. Sus ojos estaban cerrados con fuerza y sus cejas levemente fruncidas. Pronto Yoochun sintió que el menor estaba listo y entró en él de una estocada. Sin siquiera esperar comenzó a moverse dentro de él, haciendo que Changmin saltara sobre él.
 El menor intentaba acallar sus gemidos lo más que pudiera, porque si los descubrían les cortarían la cabeza a ambos (Y quizás no sólo las cabezas de arriba). 
 — ¿P…Pasa algo?  —  preguntó Yoochun notando que Changmin estaba en otro mundo. Su mano no bajaba la velocidad de sus movimientos en ningún momento.
 — N…No...  —  cerró sus ojos con fuerza.  —  Es s…sólo que... No pensé que llegaríamos a es…esto.
 Yoochun rió y le dio un beso en los labios. Dando otra estocada, y otra más. Changmin ya no podía más, ni física ni mentalmente. Lo estaba matando el hecho de estar haciéndolo con alguien a quien siempre había deseado, pero no estarlo disfrutando al cien por ciento por estar pensando en una segunda persona. 
De pronto todo aquello que parecía tan fácil estaba saliéndosele de las manos. 
 — Ah, Changmin...  —  besó su cuello y lo mordió, dejando varias marcas. Notó que además de las que había hecho había una en su clavícula derecha.  —  ¿Q..Qué es eso?
 — ¿Eh? Ahh...  —  abrió sus ojos, pero le costó bastante poder ver. Se veía borroso. Intentó mirarse pero no lo logró.  —  ¿Q…Qué teng…go?
 — Un chupón...  —  lo embistió con más fuerza y Changmin curvó su espalda hacia atrás.
 — Q…Quizás lo hiciste tú...  —  mintió. No se le ocurrió algo mejor que decir. No se le ocurría nada.
 — Creo que ya estaba...
 — N…no sé, no lo sé...  —  respondió cortante. Maldición, ¿estaba a punto de tener un orgasmo y Yoochun le preguntaba por una marca en su cuerpo?
 — Da igual...  —  apretó su erección y logró que el menor llegara al clímax, corriéndose en su mano. Sonrió y lo besó, corriéndose él  su interior, gimiendo contra su boca. 
Se quedaron quietos durante largo lato, uno sobre el otro. Sus respiraciones estaban agitadas peligrosamente, sus rostros estaban más rojos que un mismísimo tomate. ¿Y ahora qué debían hacer? Quizás después del sexo las palabras estaban demás, así que sólo se quedaron callados y se volvieron a besar.

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Ahora si esto había sido la gota que rebasó el vaso. Podía soportar que su tía y su padre lo trataran mal, podía soportar incluso que su hermanastro lo violara cuando quisiera, ¿Pero llegar a su habitación y ver como su hermano y la persona de la que se estaba enamorando tenían sexo? ¡Y en su cama! ¿Cómo iba a dormir ahora sin recordarlo todo? 
El odio le comenzaba a carcomer el alma. ¿Era mala persona si deseaba de vez en cuando que ocurriera algo y todos a su alrededor murieran, dejándolo sólo? 
Sería algo lindo... 
 — Jejuko... Jejuko, estás pálida.  —  dijo Junsu sacando a Jaejoong de su mundo de pensamientos de odio. Puso su mano sobre su frente suave y luego donde la suya.  —  No tienes fiebre, ¿Te sientes bien?
 — Estoy bien.
 — No sé qué es lo que te pasa últimamente, Jejuko, estás más callada que nunca y casi no nos vemos.
 — Me disculpo.
 Junsu frunció el ceño. Jaejoong le estaba contestando muy cortante, aquello no le agradaba. ¿Le preocupaba que estuviera tan mal y le pagaba con malos modales? 
 — Quiero que me digas que te pasa.
 — No me pasa nada, Susu.
 — ¡No estás así por nada! ¿Qué diablos te pasa?
 — Junsu, reitero, no me pasa nada.
 — Por Dios, podré parecerlo pero no soy tonto.
 — Junsu, escúchame...  —  le habló algo irritado, pero Junsu lo interrumpió.
 — ¡No! ¡Escúchame tú a mí! Sé que algo te pasa y de verdad me ofende que no confíes en mí. Se supone que somos, ¿Y? ¡No confías en mí! ¿Esa es tu visión de la amistad?
 — ¡Ya basta!  —  le gritó, olvidándose por completo el tener que fingir hablar como chica y todas esas idioteces. Junsu se quedó callado, sus ojos bien abiertos.  —  Dudo que entiendas lo que me pasa. Dudo que seas capaz de hacerlo. Desde que llegué a esta mugrosa casa no he parado de sufrir, sólo la he pasado mal y me siento más miserable que nunca. ¿Sabes por qué?
 — ¿Por...por qué?  —  preguntó temeroso. Jaejoong llevó su mano a su cabeza.
 — Porque...  —  mordió su labio y se quitó la peluca  —  Porque no soy una chica, Junsu. Soy hombre.

1 comentario :

  1. Pobre Jae, fingir que es mujer, su familia lo odia, su hermano lo viola, y Min de quién se estaba enamorando tiene relaciones sexuales con Yunho y Yoochun, lógico que tenía que estallar y Junsu ha sido el receptor de eso.

    Gracias!!!

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