domingo, 29 de julio de 2012

Cap. 5. Un poco de venganza


Durante toda su vida siendo hospedado (hospedado, porque adoptado nunca) en esa mansión había vivido muchas cosas. Emociones variadas, accidentes, bromas, incluso muertes (la trágica muerte del esposo, de la mujer. Pobre hombre)
 Y con sólo 17 años, Kim Junsu (ni siquiera estaba seguro de que ese fuese su apellido de verdad) había vivido mucho más que un joven de su edad. Con el sólo hecho de haber vivido en la calle la mayor parte de su niñez podía decir que su vida no había sido la de un ganador, mucho menos la de alguien con suerte, pero él estaba feliz de ser quien era. Y había sido en esa época en que había vivido tantas cosas. 
 — Soy un hombre, Junsu.
 ¿Pero por qué hasta ahora nada le había causado tanta impresión como esto? Durante su niñez había vivido entre ladrones, estafadores, prostitutas y perros callejeros. Había visto de todo, DE TODO, y el simple hecho de que su mejor “amiga” fuese en realidad un hombre lo descolocaba totalmente, más que cualquier otra cosa. 
“Más que ese ladrón gay o esa prostituta sin una pierna” recordó
 — ¿Es…Es en serio?
 — ¿Tú qué crees?
 ¿Que qué creía? Que esto era algo muy loco. Que esto no estaba pasando. 
 — Es difícil de creerlo…
 — Pues es lo que querías saber. ¿Estás feliz? Adelante, ódiame y tenme asco, deberías hacerlo luego de haberte mentido.
 — ¿Por qué debería hacer eso? Admito que estoy algo molesto porque no me lo dijiste antes, pero sigo siendo tu amigo.
 — ¿En serio?...
 — Claro que si. De hecho, me alegra que me lo hayas dicho… Ahora será más fácil y cómodo estar contigo. – rió.
 — ¿Por qué?
 — ¿No es obvio? Cansa ser educado y respetuoso todo el día.
 — Oye, yo te dije que no era necesario el respeto.
 — Lo sé, pero sigue siendo más cómodo. 
Se quedaron callados un largo rato. Junsu le sonrió y se abrazaron con fuerza, sintiendo al fin que los secretos y mentiras desaparecían completamente, y eso se sentía bastante bien luego de todo lo que había pasado.
  — Junsu… ¿Por qué te enamoraste de Yunho? – le preguntó Jaejoong de pronto, despeinando su propio cabello con una mano. La sensación de estar sin esa asquerosa peluca era refrescante.
 — ¿Eh? – se sonrojó, abriendo sus ojos de manera graciosa.
 — Por qué te enamoraste de él – repitió – algo debiste haber visto en él, quiero saberlo.
 — Bueno…  —  se quedó callado un rato, jugando algo nervioso con sus dedos. – Verás. Yunho no siempre fue tan malo…
 — ¿Cómo que no? —  interrumpió.
 — Déjame terminar. – lo regañó – A Yunho lo conozco desde hace mucho. Tenía 14 años cuando lo conocí. Tú no sabías aún que tenías un hermano, supongo. – Jaejoong negó con la cabeza – Él era un chico realmente tierno, me ayudaba siempre y me acompañaba siempre que podía. Su padre venía mucho porque estaba planeando esto de… esconderte.
 — ¿Tú lo sabías?
 — Si, pero no que eras hombre. Como sea, él era… muy tierno conmigo. Pronto me di cuenta de que el cariño que le tenía iba más allá de una simple amistad, y me asusté mucho. Luego dejó de venir, y me sentí muy mal creyendo que se había enterado de lo que sentía y me tenía asco. Tiempo después regresó contigo. Cuando lo vi me alegré demasiado, pero él me ignoró y fue muy frío cuando le hablé.
 — Oh… entiendo. – bajó la mirada. – Junsu… él no  es bueno. Es una mala persona, te lo digo por experiencia. Olvídalo…
 — Ya no puedo.
 — Él sólo te hará daño.
 — Lo sé, y agradezco tu preocupación, pero ya es tarde. Necesité de estos consejos mucho antes, pero no tenía a nadie en ese entonces… Tú sabes, soy sólo un jardinero recogido de la calle.
 — Y yo te quiero. – le sonrió. – Bueno… Lo intenté – suspiró resignado.
 — Gracias de todos modos…  —  volvió a abrazarlo con fuerza.
 Escucharon un llamado desde la casa. Al parecer llamaban a Jae. Rompieron el abrazo y sonrieron.
  — Será mejor que vayas, no quiero que te regañen de nuevo. – dijo Junsu limpiando la peluca que estaba sobre el césped.
 — Si, volveré en un rato – tomó la peluca y se la puso. Le regaló una última sonrisa y corrió hacia la mansión.
 — Vaya… Con que Jaejoong. – murmuró cuando ya estaba demasiado lejos como para que lo escuchara. 
Seguía sin creerlo completamente, de la noche a la mañana muchas cosas habían cambiado. Muchas cosas se habían revelado, y quizás todo sería mejor. Ojala así fuera. Lamentablemente la felicidad no duraría mucho, para nadie. 
Al notar que el sol se estaba escondiendo y daba paso a la noche Junsu recogió sus herramientas (sus tijeras, la regadera y esas cosas) y decidió entrar a la mansión. Iría a su pequeña habitación, no tenía nada más que hacer y de todos modos no tenía mucha hambre que digamos. 
“¿Dónde estará Jaejoong?” se preguntó al recordar que le había prometido volver en un rato. Pero ya iba a anochecer y no había aparecido en ningún momento. Decidió ir a buscarlo, quizás su tía lo había regañado y enviado a su habitación, o quién sabe. Claramente no lo dejarían ir a buscarlo a su habitación, donde de seguro estaría, así que debía disimular. 
Dejó sus cosas de jardinería en su habitación, menos la regadera y luego de llenarla de agua fue regando las plantas que adornaban los pasillos, como cada vez que debía hacerlo. Llegó al fin a la habitación de Jae y cuando iba a tocar la puerta algo le dijo que no debía hacerlo. Acercó su cabeza a la puerta e intentó escuchar algo. Estaba muy silencioso, pero era un silencio extraño. 
Tragó aire y abrió la puerta de a poco. Miró hacia adentro y por poco se desmaya. Sin querer soltó la regadera de metal, logrando un sonido fuerte que llamó la atención de los dos individuos. 
 — Yo... yo... 
Eran Jaejoong y Yunho. Por Dios, Jaejoong estaba desnudo, Yunho tras él. Jaejoong estaba en una posición algo rara, la parte superior de su cuerpo echada sobre la cama, mientras que la parte inferior estaba más levantada, siendo sujetada por Yunho quien embestía contra él como si no hubiese un mañana. 
Estaban... Estaban... ¡Pero Jaejoong sabía lo que Junsu sentía por Yunho! Y aún así...
 Junsu sintió ganas de llorar, de gritar, pero notó de pronto que Jaejoong no gemía. No emitía ni un sólo sonido, ni una mueca de placer en lo poco que se veía de su rostro, ni una mueca de dolor. Nada, al contrario de Yunho. Jaejoong parecía no estar ahí. Sólo se notaba un poco de asco en la expresión neutra de Jaejoong. No estaba disfrutando eso... 
 — J…Jun...su...  —  susurró apenas Jaejoong al ver al chico parado en la puerta, la cual seguía entre abierta. Yunho se detuvo y lo miró.  —  Junsu, vete... Vete.  —  le advirtió. 
Junsu quiso irse, de verdad quiso, pero sus piernas pronto de dejaron de responderle. Yunho salió del interior de Jaejoong con rapidez. El menor recibió una mirada profunda, llena de odio. Sintió un miedo enorme, y eso le impidió aún más huir de ahí. 
Yunho se levantó con intensión de ir hacia Junsu, pero Jae lo detuvo sujetándolo de un brazo. Yunho volvió la mirada a su hermano. 
 — No  —  le rogó, aumentando la fuerza de su agarre. Yunho lo miró molesto  —  No le hagas nada...
 — Cállate  —  lo golpeó con fuerza haciendo que se cayera de la cama y azotara su cabeza contra el suelo. Yunho caminó a paso rápido hacia Junsu. Este estaba inmóvil.  —  ¿Qué haces aquí?  —  lo tomó del cuello de la camisa.
 — Yo... Yo sólo...  —  tragó saliva. ¿Qué podía decirle para que no le hiciera nada? Bajó la mirada y notó que... Yunho aún estaba erecto. Este notó la mirada avergonzada de Junsu y sonrió.
 — ¿Buscas algo?  —  bajó la mano y la posó sobre la entrepierna del menor. Este sintió como su corazón daba un gran salto. Negó con la cabeza varias veces.  —  Yo creo que si...  —  lo tomó por los hombros y lo empujó contra la pared con fuerza. Junsu se quejó por lo bajo.
 Comenzó a besar su cuello y a morderlo, importándole muy poco el estar haciéndole daño. ¿Qué le importaba a él? El dolor ajeno le producía placer. Quitó los pantalones de Junsu con más fuerza de la necesaria. 
 — ¡Yunho! ¡Déjalo!  —  gritó Jae, aún mareado por el golpe que su hermano le había dado. 
Junsu no decía nada, no se defendía, ni mucho menos se movía. Yunho le abrió las piernas e hizo que rodeara su cintura con ellas, y al igual que con Jaejoong, lo penetró de una estocada, sin prepararlo siquiera. Yunho tapó la boca de Junsu antes de que el desgarrador grito saliera, a cambio sólo se escuchó un sonido ahogado y rasgado. Sin esperar comenzó a embestirlo con dificultad contra la pared. 
 — ¡Déjalo, déjalo!  —  se enderezó sujetando su cabeza. Todo le daba vueltas, así que sólo logró volver a caer al suelo. ¿Por qué tenía que ser débil ahora? ¿Por qué ahora?
 Como era de esperarse hizo caso omiso de los gritos de Jaejoong y siguió embistiendo contra el cuerpo de Junsu. Cuando logró levantarse y no perder el equilibrio Yunho dio una última estocada y terminó en el interior de Junsu, soltando un suave gruñido. Junsu también gimió por lo bajo. Yunho salió de su interior y sin cuidado lo dejó caer bruscamente, se subió los pantalones y luego de darle una sonrisa a Jaejoong se fue de la habitación. 
Jaejoong se enderezó y miró a Junsu, totalmente  molesto. Sentía una rabia enorme. Su ceño fruncido, sus puños cerrados con fuerza y su rostro tenso eran señal de ello. 
 — ¿Por qué lo hiciste? ¡¿Por qué lo hiciste?!  —  le gritó. Junsu no le contestó, su mirada estaba perdida en algún punto de la habitación. Cerró sus piernas lentamente y se quedó donde estaba.
 — ¿Cómo dejaste que te lo hiciera? ¡Eres un tonto!  —  Junsu al fin lo miró.
 — ¿Con qué cara me dices eso, Jaejoong, sabiendo  la situación en la que los encontré? No soy estúpido, y sé por la cara que tenías que no era la primera vez que lo hacían.
 — Eso... Eso no tiene nada que ver. Junsu, eres tú…
 — Claro que tiene que ver. Me críticas a mí, sabiendo lo que hacías. ¿Cómo puedes ser tan descarado? Y bueno… me apena también haber creído que ya no había mentiras entre nosotros…
 — ¿Cómo querías que te dijera algo como esto? Por favor, explícamelo. ¿Cómo mierda te iba a decir que mi hermano hace lo que quiere conmigo? ¿Qué me usa de juguete sexual? Claro, primero me convierten en un travesti y luego abusan de mi como se les de la gana. ¿Crees que es fácil de decir?
 — Acabas de hacerlo.
 — Junsu, por favor, yo no quiero que hagan lo mismo contigo…
 Junsu rió suavemente, con algo de ironía. Sus labios formaron una sonrisa dolorosa que no pegaba nada con la ternura de sus ojos, la cual casi desaparecía. Jaejoong sintió que el pecho se le oprimía.
  — Ya es tarde.
 — ¿A qué te…?
 — No es la primera vez. – bajó la cabeza. 
Jaejoong abrió sus ojos de par en par sin creerlo. ¿Que no era la primera vez? O sea que… mierda. 
Se levantó y caminó hacia su armario, a paso firme. Junsu no dejó de mirarlo ni un segundo. Jaejoong sacó algo de ropa, pero no era un vestido como siempre… no era lo que usaba cada día. Lo miró vistiéndose. Un pantalón negro, una camisa… Era ropa de hombre. 
 — Jeju… ¿Jaejoong? ¿Qué haces?
 — Lo mataré, de verdad lo haré.
 — Tu ropa…
 — Estoy cansado. Esto ya fue demasiado lejos. – se puso unos zapatos negros y fue hacia la puerta. Junsu lo sujetó del pantalón, sin levantarse.
 — No lo mates…  —  le rogó con la mirada, recién asimilando lo que Jae había dicho. Este lo miró desde arriba y suspiró.
 — No lo haré…  —  Junsu pareció sentirse más tranquilo  —…Casi – salió de la habitación sin esperar una respuesta. 
Junsu se levantó y se terminó de vestir, ignorando totalmente el dolor que quedaba cada vez que Yunho lo poseía con esa violencia. Y ese dolor insoportable no era sólo físico… También dolía su corazón, sabiendo que lo hacía sólo por placer y no porque no quisiera de verdad. Finalmente salió de la habitación y corrió tras Jae. 
“Por favor, que no lo mate” rogaba ilusamente en su cabeza mientras corría. ¿Por qué era tan idiota y lo defendía? Sabía el daño que le estaba haciendo. ¿Y cómo podía Jaejoong caminar tan rápido? 
Jaejoong caminaba más rápido de lo que sus delgadas piernas le permitían, y con cada paso que daba la figura de su madre aparecía en su mente. 
Si ella estuviera aquí lo ayudaría, lo abrazaría y le diría que hacer, necesitaba de su apoyo como nunca antes lo había necesitado, pero ahora que le hacía tanta falta ella no estaba. Pensó también que su madre no hubiese optado por la violencia, pero… 
“Pero ella no está aquí…” se repitió mentalmente. 
Entró a la sala principal. Ahí estaban Yunho, su tía, el padre de Changmin y un chico al que no pudo reconocer. De todos modos eso no era lo más importante, claro que no. Se dirigió de inmediato hacia Yunho (que estaba parado junto al sofá más grande) y antes de que este pudiera reaccionar o decir algo lo golpeó en el rostro con fuerza. 
 — ¡J…Jejuko! – gritó la mujer totalmente aterrada.
 — ¡Jaejoong, me llamo Jaejoong! – le gritó y volvió a golpear a Yunho.
 Yunho le dio un golpe también a Jaejoong para defenderse, pero este se lanzó sobre él, cayendo ambos al suelo y comenzó a golpearlo una y otra vez. Yunho trataba de alejarlo pero Jaejoong estaba totalmente cegado. Ya no pensaba, no controlaba lo que hacía. Sólo estaba soltando toda la rabia y todo el odio que había acumulado todo este tiempo. 
 — ¡Suéltalo, por Dios! – le dijo la mujer y sintió como lo sujetaban de los brazos para alejarlo, pero él siguió golpeando el rostro de Yunho con fuerza.
 Alguien más lo sujetó y lo levantó, alejándolo de su hermano. Jaejoong siguió forcejeando para que lo soltaran, pero no funcionaba. La mujer ayudó a Yunho a levantarse. Este se puso en pie, se soltó del agarre de la mujer y golpeó a Jae en el estómago, dejándolo sin aire. Intentó golpearlo de nuevo, pero el agarre del alguien que lo sujetaba se hizo más fuerte. Al mirar por sobre su hombro notó que era el Sr. Shim quien lo sujetaba. 
Yunho se limpió con el brazo algo de sangre de su rostro. Cuando el padre de Changmin se distrajo Jaejoong se volvió a lanzar sobre Yunho y lo rasguñó la mejilla izquierda, dejando tres largas marcas desde su ojo hasta el cuello. Fue a golpearlo de nuevo pero Yunho movió su cabeza hacia un lado, logrando que su puño impactara contra el suelo. 
El Sr. Shim volvió a sujetarlo, esta vez con más fuerza. No se imaginaba que Jaejoong con ese cuerpo tan delgado y débil tuviese tanta fuerza. Recién en ese instante, al sentir el punzante dolor en su mano, entró en razón. Sus nudillos estaban sangrando, y no podía mover los dedos. De seguro se los había quebrado al impactar con el suelo. 
La mujer mayor se paró en frente y le dio una fuerte cachetada, la cual logró partirle el labio inferior. Luego le sujetó el rostro por el mentón e hizo que lo mirase. 
 — Te doy alimento, te doy ropa, te doy refugio y protección. ¿Y así me pagas? Me tienes cansada, ya no sé qué hacer contigo. Eres una vergüenza, digna de la zorra de tu madre.
 — ¡Deja de tratar así a mi madre! – le gritó al instante, el rostro impresionado de la mujer fue su única respuesta.  —  ¡Si de verdad yo fuera mujer, si de verdad fuera Jejuko te hubiese hecho lo mismo que le hice a ese desgraciado! – apuntó a Yunho con su mano no lastimada. La mujer volvió a darle una cachetada.
 — No me interesa, no eres mujer así que no lo harás. – le dijo fríamente. Mierda, si de verdad si su tía no fuera mujer ya la habría golpeado. – Ahora vete, no te lo pido, te lo ordeno. Vete de mi vista antes de que me arrepienta. 
Jaejoong se soltó del agarre del Sr. Shim y le dio una última mirada a su hermano. Este lo miró con un sentimiento raro, pero no era odio. Parecía ser lo contrario, luego rió suavemente y se giró para recibir las atenciones de su tía. 
Al pasar por el lado de Junsu, quien estaba en el pasillo, recibió una mirada de lástima. Junsu miró a la gente que estaba en la sala, y de paso miró al chico extraño que seguía sentado en un sofá. Se le veía algo… No, totalmente descolocado. El chico miró a  Junsu, dándose cuenta de que lo observaban, y Junsu le hizo un gesto pidiéndole disculpas. En seguida corrió tras Jaejoong. 
Una vez que logró alcanzarlo caminar a una velocidad normal, en total silencio, hasta que Junsu decidió romper la molesta ausencia de habla.
  — Deberíamos curar las heridas.
 — Estoy bien. – respondió.
 — Te quebraste la mano y tu labio inferior está abierto y sangrando.  —  Jaejoong iba a negarse, pero ¿Qué le iba a decir? Él tenía razón, y vaya que dolía su mano.
 Una vez en la habitación Junsu le pidió a una de las criadas que curaran la herida de su labio. Mientras tanto él curó las de sus nudillos y le vendó la mano para que no doliera demasiado.
  — No sabes lo bien que me siento – rió cuando se habían quedado solos.
 — ¿Si?
 — Claro, ¡Me siento de maravilla! Tan liviano…  —  suspiró sonriendo con ganas, como no lo hacía hace mucho.
 — Me alegro…
 Esa noche logró dormir muy bien. Hacía mucho que no dormía tanto, y así de bien. Con lo que había hecho había logrado descargarse totalmente. Pero ahora había dos opciones. La primera: Yunho dejaría de abusar de él y lo dejaría al fin en paz; y la segunda: Lo que le haría de ahora en adelante sería mucho peor. 
Optaba más por la primera opción. 
Pasó cerca de una semana y ya podía mover mejor su mano. Aún dolía un poquito, pero era totalmente insignificante. Estaba escribiéndole una carta a su madre (había perdido la costumbre de hacerlo) cuando su tía lo llamó a la sala. Al llegar se encontró con ella y con ese chico que había visto ese día.
  — ¿Dónde está tu vestido? – le dijo en voz baja al verlo vestido con ropa de hombre. Jaejoong curvó los labios.
 — No lo usaré.
 — Van a matarte, ¿No pensaste en eso? No es algo que me importe mucho, pero tu padre se molestará,
 — Si, claro. Lo que usted diga. Sólo no volveré a usarlo. – habló con tono de “aquí termina el tema”. Su tía lo miró con odio y prosiguió.
 — Bueno, a lo que iba. Luego de pensarlo bastante decidí que era una buena excusa para deshacerme de ti durante unas horas. Desde hoy mismo comenzarás a tener clases de piano.
 — ¿De piano? Pero…
 — No te pedí tu opinión. Como ya sabes, en esta vieja casa ya no hay piano, me deshice de él, así que tu maestro te llevará.
 — Mucho gusto – se levantó cuando la mujer terminó de hablar y le dio la mano. – Park Yoochun, tu maestro de piano.
 — Un gusto. – devolvió el saludo.
 — Bueno, ya váyanse. Las clases serán tres veces a la semana.
 Jaejoong siguió al chico hasta llegar a un carruaje. Este lo llevó a otra mansión un poco más grande que la de su tía. En el trayecto habló un poco con el chico que sería su maestro, era muy simpático.
  — Creí que iba a enseñarle a una chica. – dijo de pronto, mirándolo de pies a cabeza. – Al menos eso me dijeron.
 — Es una larga historia. 
Cuando llegaron caminaron hacia la puerta y un mayordomo los hizo pasar. Caminaron hasta llegar a la sala y al pasar por ahí los ojos de Jaejoong se abrieron de par en par, el verlo ahí sentado ahí, leyendo un libro.
  — ¿C…Changmin?...
 — Tú…  —  susurró, dejando el libro a un lado.
 — ¿Se conocen? – preguntó Yoochun, confundido.
Jaejoong y Changmin se miraron fijamente, dejando a Yoochun más confundido que nunca.

1 comentario :

  1. Al fin Jae reaccionó y sacando un poco de coraje por haberlo tratado asi tantos años. Yoochun, Jae y Min?, que pasará ahora?.

    Gracias!!!

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