domingo, 29 de julio de 2012

En un Sueño Superficial. Cap. 1. Vestido Negro




Un fino piano en una habitación oscura. Era todo lo que había en el lugar, además de las dos personas que ahí hablaban. Ninguna ventana, ningún cuadro que adornara las oscuras paredes. Deseaba que el lugar no fuese tan oscuro, pero así era desde que tenía memoria.
 —  ¿Cuál es tu nombre?
La joven sentada junto al piano mordió su labio. Suspiró y miró al hombre por unos segundos, pero alejó la vista en seguida.
 —  Jejuko.
Había sido una decisión bastante extraña, pero más que nada molesta. Nadie le había preguntado, a nadie le había importado su opinión, pero de todos modos eso siempre pasaba.
 —  ¿Quién eres?
Buscó algo en qué concentrarse, para no mirar el rostro arrugado del hombre que le hablaba. Odiaba ese rostro. Odiaba a ese hombre. Fijó su mirada en una muñequita de porcelana, cuya fría mejilla tenía dibujada una grieta.
 —  La hija menor de la familia Jung.
Hasta hacía no más de 2 horas, la hermosa joven de cabello largo y negro que estaba ahí sentada era ni más ni menos que un chico. Jaejoong, el hijo mayor de la adinerada y totalmente envidiada familia Jung. Él jamás consideró que ese fuese su apellido. Prefería hacerse llamar Kim Jaejoong, usando el apellido de su difunta madre.
 —  ¿Conoces a Jaejoong?
Cuando su madre murió, hacía sólo tres meses, su padre se casó de inmediato, importándole muy poco la reciente pérdida. Él único afectado era el mismo Jaejoong. Más tarde se enteró de que la mujer que era ahora la esposa de su padre era la amante que había mantenido en secreto durante años. Y no sólo eso, también le dieron la sorpresa que tenía un medio hermano, menor que él, llamado Yunho.
 —  No, señor. Jamás he oído hablar de esa persona.
Odiaba todo lo que había pasado, y quizás lo que estaba por pasar. Había ciertas personas las cuales odiaban a la familia Jung. ¿La razón, además de que su padre fuera un desgraciado? Eran dueños de numerosas tierras, y poseían más dinero que cualquier otra familia.
La razón principal era la envidia.
Y Jaejoong, al ser el hijo único de la adinerada familia y estar por cumplir los 18 años, recibiría toda esa fortuna. Como su padre tenía demasiado poder, no tenían las agallas para acabar con él, pero claro... Estaba el hijo no querido. Todos sabían que el hombre odiaba a su único hijo. Que lo golpeaba y lo insultaba, aprovechándose de la ausencia eterna de su madre. Su querida madre. Luego de oír del pueblo varios rumores de los deseos de acabar con el hijo del Señor Jung, el hombre decidió enviarlo lejos para "mantenerlo a salvo".
Que mentiras. Sólo aprovechó la oportunidad de librarse de él.
Claro que cualquiera reconocería al hijo de la adinerada familia. Tenía fama por ser el joven más hermoso del pueblo. Piel blanca como la nieve y labios gruesos y rosados. Sus ojos eran grandes y expresivos, y su cabello negro caía en finos mechones sobre sus mejillas pálidas. Era la viva imagen de su madre. Es por eso que decidieron cambiar la identidad de dichoso personaje.
Y desde ese instante, Jaejoong dejó de ser quien era, para convertirse en Jejuko.
Su cabello negro era ahora tres veces más largo. Un hermoso vestido cubría su cuerpo. Sus labios eran más rojos ahora. Apretó sus puños y mordió su labio con fuerza.
Miró por última vez la mansión que fue su hogar durante sus 17 años de edad. Tantos recuerdos, tantas memorias que debía dejar partir.
 —  Suba al carruaje... Señorita.  —  dijo el anciano hombre de traje negro, abriendo la puerta.  —  El Sr. Yunho ya está adentro.
 —  Gracias, Patrick.  —  le sonrió suavemente. El anciano le devolvió el gesto.
 —  Lo voy a extrañar, Joven Jae.  —  susurró, acariciándole la mejilla.  —  Pero al menos estará a salvo.
 —  Gracias por todo. Vendré a verte cuando me sea posible.  —  le dio un abrazo y entró al carruaje. La puerta se cerró y los caballos blancos comenzaron a andar.
De verdad extrañaría a ese hombre. Aunque fuese sólo el mayordomo para la familia, para él era mucho más que eso. Desde pequeño había estado siempre con él, y fue el único que le dio ánimos y cariño luego de la pérdida de su madre.
Ahora no le quedaba nada. Sólo una apariencia que no era la suya, un medio hermano que lo miraba con odio y un padre que lo odiaba.
 —  ¿Qué se siente ser un travesti?  —  dijo de pronto el joven de piel morena y cabello negro, riendo. Jaejoong ni siquiera lo miró.
 —  ¿Qué se siente ser hijo de un engaño?  —  dijo fríamente.
 —  No te pases de listo. Yo soy el hijo querido de mi padre, tú eres sólo un estorbo.

Era cruel. Su "hermano" Yunho era como su padre. Frío, sarcástico y cruel. Pero si quería sobrevivir tendría que soportarlo. Lo haría por su madre, por la única persona que lo amó de verdad.
Pasada más o menos una hora el carruaje se detuvo. Durante todo el camino sólo había mirado sus pies. Se sentía extraño mirarlos. Ya no tenía los zapatos que normalmente usaba, ahora los remplazaban un par de zapatos de charol negros. Miró sus manos, las cuales estaban aferradas al vestido. Se veían tan blancas en contraste con el vestido negro con tonos violeta.
La puerta se abrió y se bajó del carruaje. Miró hacia el frente, sin ganas. Una mansión enorme y muy antigua era todo lo que se veía. El jardín era bastante tétrico, y el cielo gris no ayudaba mucho a la triste imagen.
 —  Bienvenidos Sr. Yunho, Srta. Jejuko.
Jaejoong se mordió el labio, y sólo respondió con una reverencia.
Una vez dentro de esa mansión, no pudo salir en mucho tiempo. La tía con la que habían ido a vivir era familiar de su padre, y por ende, odiaba a Jaejoong. No tenía el permiso de salir, pero aún así se escapaba de vez en cuando y daba vueltas por el gran jardín.
Se sentó en un viejo columpio de madera colgado de un árbol, cuando sintió una mano posarse sobre su hombro. Saltó del susto y casi se cayó de él.
 —  Perdón por asustarla.  —  se disculpó alguien, sujetándolo. Jaejoong se dio vuelta para mirar a quien le hablaba, encontrándose con un chico de cara muy alegre.  —  Soy Junsu.
 —  Soy...  —  aclaró su garganta, debía hablar como chica.  —  Jejuko...
 —  ¡Oh! Eres la hija del Sr. Jung. De verdad lo siento, soy un maleducado.  —  iba a arrodillarse pero Jaejoong lo detuvo.
 —  No es necesario que hagas eso.
 —  Pero...
 —  No lo hagas.  —  le sonrió y Junsu le devolvió el gesto.
Al ver esa alegre y despreocupada sonrisa, Jaejoong pudo comprobar que él era distinto al resto de las personas de la mansión. Y no tardó mucho para que un fuerte lazo de amistad comenzara a forjarse entre ellos.
Cierto era sí, que debían mantener su amistad en total secreto. Una de las razones, y quizás la más importante, era que su tía le tenía prohibido salir. "Una señorita no debe andar como mujerzuela fuera de la casa" solía decirle, haciendo esa cara que tanta gracia le causaba a Jae y a Junsu. La otra razón era que, como Jaejoong era de clase alta, no podía mantener relaciones amistosas ni mucho menos amorosas con alguien como Junsu, un jardinero de clase baja. Era algo totalmente aberrante y muy mal visto por las familias adineradas, pero allá la sociedad y sus reglas absurdas, Jaejoong era amigo de Junsu y nada lo podría impedir. Aunque tuviera que mentirle con su verdadero género, era el único que lo entendía a la perfección.
Los padres de Junsu lo habían abandonado a su suerte a la corta edad de ocho años, al no tener dinero para mantenerlo. Vagó solo por las calles hasta los diez años, alimentándose de rastrojos de comida y trozos de pan que debía robar. La tía de Jaejoong lo había encontrado un día llorando en un callejón húmedo. Lloraba desconsolado porque un grupo de chicos lo golpeó para quitarle la comida que con tanto esfuerzo había conseguido, y de paso aprovecharon de destruir lo único que le daba fuerzas para seguir luchando: una pequeña rosa roja en una maseta. La cuidaba como a su vida, desde un día que la encontró naciendo entre las rocas de una muralla. No podía explicarse como había salido ahí, pero decidió quedársela y cuidarla. Si ella podía sobrevivir en un lugar así, él también podía.
La tía de Jaejoong, al verlo tan desconsolado y sucio en ese callejón oscuro, tuvo compasión de él y lo llevó a su hogar. Al cumplir los 14 años lo hizo su jardinero, notando el amor que tenía por las plantas, y le dio todo lo necesario para sobrevivir: Alimento, ropa limpia y un techo para resguardarlo del frío de las calles del pueblo frío y egoísta en el que le tocó vivir.
Ahora, Junsu vivía feliz y tranquilo en la mansión de la tía de Jae.
Pasados casi tres meses de la estancia de Jae en la dichosa mansión, comenzó a notar ciertas actitudes bastante extrañas en su hermano Yunho. Este lo miraba de vez a cabeza durante largos ratos, intimidándolo de sobremanera. Durante las comidas le lanzaba miradas que Jaejoong simplemente no podía considerar con buenas intenciones.
Caída la noche y llegada la hora de dormir, cada cual se fue a su respectiva habitación. Al llegar Jae a la suya, sintió la puerta abrirse y cerrarse a sus espaldas. Al girarse se encontró con Yunho.
 —  Debes tocar antes de entrar. – se giró dándole la espalda. Llevó sus manos a su cabeza y quitó la molesta peluca que debía usar, dejando al descubierto su blanco cuello en contraste con las prendas oscuras que llevaba.
Unas frías manos rozaron la tersa piel de su nuca, haciéndole estremecer. Se giró en seguida para mirarlo.
 —  ¿Q…Qué quieres? Sale de mi habitación, quiero cambiarme.
 —  Jae, Jae, Jae. – dijo sonriendo de lado.  —  ¿Te crees muy superior por ser el hermano mayor? No te engañes, que son sólo días de diferencia. – lo hizo retroceder, hasta que sus pies chocaron con la cama. Las grandes y varoniles manos de Yunho rodearon el rostro del más bajo, haciéndole estremecer de pies a cabeza. – Habrás notado quizás… que últimamente me ha sido bastante difícil quitarte la vista de encima.
Jaejoong frunció el ceño, desconfiando totalmente de las intenciones de su hermanastro. Iba a alejarlo de su cuerpo, cuando Yunho se le acercó más y comenzó a lamer su cuello con parsimonia. Jaejoong gritó y lo empujó.
 —  ¿Qué crees que haces? ¡Aléjate! – se limpió el cuello totalmente sonrojado. Yunho lo atrajo hacia él y de un movimiento comenzó a besarlo con gula. Jaejoong intentó separarse pero la fuerza del más alto era mucho mayor.
Sin darse cuenta las manos de Yunho comenzaron a desatar los nudos de su corsé, por su espalda. Luego de un instante terminó por quitarle el vestido. Jaejoong intentaba resistirse. Quería golpearlo, lanzarlo lejos y escapar. Correr lejos y esconderse.
 —  ¡Ahhh! ¡Déjame!  —  gritó moviéndose bajo su cuerpo, como teniendo convulsiones.
 —  Si te quedas tranquilo me lo harás más fácil...  —  dijo besando su cuello, lamiéndolo y succionando su piel virgen.
 —  Eres mi hermano... ¡Eres un enfermo!  —  intentó empujarlo. Yunho se quitó el cinturón y la delgada camisa. En seguida se quitó los pantalones y en un pestañeo ya estaban ambos totalmente desnudos.  —  ¡Déjame! ¡Déjame!
—  Es en serio. Ahh...  —  susurró frotando sus caderas contra las del mayor, sintiendo sus miembros rozarse.  —  Si lo haces tan difícil sufrirás más.  —  tomó ambos miembros con una mano y comenzó a masturbarlos a la par, con fuerza y rapidez. Jaejoong se movía cada vez con más violencia, intentando soltarse.
 —  ¡Por favor, déjame!  —  se quejó haciendo caso omiso a las sugerencias de su hermano. Este suspiró y abrió con fuerza sus piernas, ubicándose entre ellas.
 —  Te lo dije...  —  sin decir más ubicó su miembro frente a la entrada de su hermanastro y lo penetró de una estocada. Los ojos del pálido se abrieron de par en par y antes de que pudiera gritar las manos de Yunho le taparon la boca.
Jaejoong parecía convulsionar bajo el cuerpo de Yunho, pataleando, moviendo su cabeza y arañando al moreno. De sus ojos negros brotaban lágrimas sin parar
Yunho movió sus caderas con dificultad. Jaejoong soltó un gemido de dolor y más lágrimas. La velocidad de sus embestidas fue incrementando de a poco. Finalmente moverse fue más fácil, sus estocadas se hicieron más y más fuerte.
 —  P…por favor... Te lo ruego...  —  susurró, sin dejar de llorar.  —... Para... D…Duele...
 —  Shhh...  —  lo besó con fuerza.  —  Ahh Dios...
Las embestidas siguieron, ignorando completamente los ruegos de Jaejoong. Pasado ya un rato Jaejoong se había quedado completamente quieto, su cabeza ladeada hacia la izquierda. Sus ojos, los cuales se encontraban entreabiertos, derramaban lágrimas sin parar. Casi no pestañeaba, casi no respiraba… Era como un muñeco de trapo bajo el cuerpo excitado de su hermanastro.
Yunho, al notar que Jaejoong ya no gritaba, salió lo más que pudo de su interior y entró con rapidez nuevamente. Jaejoong gritó con todas sus fuerzas, se aferró a la espalda de Yunho y clavó sus uñas en esta, rasgando toda la piel a su paso.
Los gemidos de Yunho se hicieron más sonoros. Por alguna extraña razón que no podía explicar, el sentir a su hermano gritando y llorando de esa manera, rogándole que se detuviera, le hacía sentir un placer increíble.
Su mano se mantenía cubriendo la boca de Jaejoong, impidiéndole la salida a sus gritos desgarradores. Por un instante sus miradas se cruzaron. Yunho no pudo descifrar el sentimiento que había en su mirada.
¿Odio? ¿Sufrimiento? Quizás eran esas dos y más, no lo sabía. Sólo sabía que ya era demasiado tarde y que no podía detenerse… y es que era tan hermoso ver a su hermano sufrir a cambio del placer que sentía. Ver sus mejillas sonrojadas al igual que sus ojos los cuales no dejaban de derramar lágrimas, su boca siendo cubierta por su mano… era tan hermoso.
Jaejoong comenzó a sentir nauseas horribles. El dolor que viajaba por todo su cuerpo era horrible, jamás había sentido algo así antes. Miró a los ojos a Yunho, viendo esa lujuria y el placer reflejados en ellos.
Sus gritos fueron haciéndose más y más bajos, hasta que soltó un último gemido y quedó inconsciente, vulnerable a lo que su hermanastro quisiera hacerle…

2 comentarios :

  1. Para empezar, que maldito es su padre al hacerle eso a Jae y Yunho es igual que su padre. Yunho es un desgraciado, haber violado a su hermano y sentir placer al lastimarlo y hacerlo sufrir, aishhh, que coraje. Que Jae encuentre consuelo y no se deje caer.

    Gracias!!!

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  2. Yucky, que asco. YH es un depravado y es su hermano, eso es aun mas enfermizo.

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