domingo, 29 de julio de 2012

En un Sueño Superficial. Cap. 2. Amor y elegancia


Abrió sus ojos lentamente. Un dolor punzante y muy fuerte se apoderó de su zona baja, haciendo que se retorciera en su cama. Miró a todos lados en su habitación, no había nadie. Intentó sentarse pero el dolor que sintió se le impidió. Se quedó recostado unos segundos. Había amanecido, y la luz del sol se colaba por entre las cortinas.
Intentó recordar. Se había desmayado luego de gritar tanto contra la mano de Yunho. Le dolía el cuerpo entero. Miró su pecho y lo que alcanzaba a ver de sus hombros. Estaba lleno de marcas moradas y heridas causadas por los dientes de… su hermanastro. Quitó las blancas sábanas que cubrían su cuerpo desnudo, se sentó como pudo y al abrir sus piernas se encontró con más marcas moradas en su entrepierna, tal y como se lo imaginaba, además de encontrar una enorme mancha de sangre en las sábanas.
Su hermano. Su propio hermano lo había violado. 
De pronto tocaron a la puerta y Jaejoong saltó del susto. Se levantó rápidamente, tragándose el grito que quiso salir. Se puso el primer pijama que encontró y la peluca.
  —  Adelante. – dijo suavemente, cubriendo las sábanas ensangrentadas.
 —   Buenos días, Señorita. – era una de las criadas de la mansión.
 La criada caminó hasta su cama para ordenarla, pero Jaejoong se lo impidió.
  —   Yo lo haré. – dijo fingiendo una sonrisa.
 —  Pero Srta.…. Es mi deber hacerlo. – dijo confundida.
 —   En serio, no te preocupes. Yo la haré.
 Hizo salir a la criada de la habitación y suspiró pesadamente al volver a mirar sus sábanas ensangrentadas. Tendría que limpiarlo él mismo.
 Esa tarde casi no comió. No tenía apetito alguno, mucho menos al mirar el rostro relajado de Yunho. Como si nada hubiese pasado en verdad.
 ¿Podía alguien ser tan cínico?
 Un profundo odio comenzaba a crecer en el interior de Jaejoong. Más aún cuando su hermanastro lo miraba divertido, diciéndole con cada cruce de sus miradas “¿Lo disfrutaste? Jamás podrás decírselo a alguien”.
 Sintió profundas ganas de decírselo a Junsu. En serio quiso, pero quizás no le creería… Y le daba miedo la reacción que fuera a tener.
 Estaban Junsu y Jaejoong en el jardín conversando una tarde. El viento de otoño hacía danzar las hojas secas que caían de los árboles. Junsu insistía en que Jae le dijera que era lo que le pasaba, porque estaba más decaído que nunca.
 ¿Pero cómo diablos podía decírselo? Esa noche… Yunho había vuelto a acorralarlo y a… hacérselo. No le gustaba la palabra violación. Lo único que podía hacer era decirle que nada pasaba.
Jae se balanceaba suavemente en un viejo columpio de madera que colgaba de un árbol muy grande. Su cabello largo se movía suavemente al viento.
 Escucharon a lo lejos a un caballo relinchar, seguido de un suave galope. Las ruedas girando de un carruaje resonaban por el amplio jardín.
  —  ¿Quién viene? – preguntó Jaejoong, curioso.
 —   Debe ser el Sr. Shim. – respondió, cortando unas flores. – Será mejor que entre, Srta. Jejuko. La señora se molestará si no la ve ahí.
 — Tienes razón. Nos vemos después, Su. – le sonrió y corrió hacia la mansión.
 El eco de sus zapatos de charol golpeando contra el cerámico del suelo resonaba y se perdía entre los grandes pasillos repletos de antigüedades y cuadros extraños. Al llegar a la sala principal se encontró con su hermanastro y con su tía, quien recibía a un hombre alto y mayor, bastante serio.
  —  Llegas tarde. – rió Yunho en voz baja. Jaejoong sólo lo ignoró.
 Su vista se posó en un joven que acompañaba al hombre. Algo tenía que… que le impedía quitarle la vista de encima. ¿Sería su gran altura? ¿Su cuerpo delgado y elegante? ¿Sus ojos brillantes? ¿Esos labios secos que le hacían querer probarlos y lamerlos para humedecerlos? Algo así como una punzada le dio en el pecho cundo el joven la miró. Una sonrisa se dibujó en sus labios finos y secos, y volvió la vista al hombre.
 —  ¿Quién es él?... – le preguntó Jae a Yunho, totalmente embelesado. Yunho curvó sus labios y miró un instante hacia el techo, luego miró a los ojos a Jae, serio.
 — Es el hijo mayor de la familia Shim. ¿Dónde diablos estás metido siempre? No sabes nada. – Jaejoong iba a protestar, pero su tía apreció frente a ellos en un abrir y cerrar de ojos.
 —  Estos son los hijos del Sr. Jung. Los estoy cuidando yo por un tiempo. – dijo la anciana mujer.
 —  Jung Yunho, Sr. Es un honor tener su presencia ante la familia. – dijo Yunho haciendo una reverencia.
 Jaejoong sintió de pronto que las miradas de todos se posaban sobre él, cohibiéndolo de sobremanera. Tragó saliva. 
 —  Jung Jae… Jung Jejuko, Sr. – hizo una reverencia. Alguien tomó su mano suavemente, haciendo que su corazón diera un salto. Era el chico ese, el hijo mayor de la familia Shim.
 —   Es un honor estar ante la presencia de tan hermosa dama. – le besó la mano delicadamente, haciendo que su rostro se tiñera del rojo más fuerte que se pudiera ver.
En otra situación Jaejoong fácilmente le hubiese propinado una paliza en el rostro, pero la realidad era totalmente distinta. ¿Y por qué? Pues porque ahora Jaejoong era (o eso se suponía) una dama, y debía comportarse como tal. Además… ¿A quién engañaba? El chico era más que lindo. 
 —   Él gusto es m — mío…  —  respondió con suavidad.
 —   Él es mi hijo Changmin, es realmente un orgullo para la familia. – Habló el hombre mayor, totalmente orgulloso de su descendencia. Changmin rió despreocupado  y un leve rubor se acumuló en sus mejillas y en sus orejas… esas orejas tan grandes y lindas y mordibles y…
 —  Ah Dios Santo. ¡Aquí el orgullo es Yunnie! Porque esta otra es una vergüenza. – miró a Jaejoong con asco y desprecio. – Te dije claramente que no podías salir al jardín, pero parece que ser una mujerzuela barata es lo mejor para ti. Vete a tu habitación ahora, no te quiero ver.
 Jaejoong bajó la vista avergonzado y totalmente humillado. Miró por última a vez a Changmin y se fue a su cuarto. 
Al llegar a su habitación le pidió a una de las criadas que preparara la bañera. Una vez lista se encerró en el baño. Se suponía que las criadas debían bañarlo y vestirlo, pero él se negaba rotundamente a dicho servicio. Nadie en esa casa sabía de su verdadera apariencia, además de su tía y Yunho. 
Se quedó más o menos dos horas metido en el agua. Cuando esta ya estaba casi fría decidió salir, ya que tampoco quería enfermarse. Durante su largo baño se dedicó a pensar e invocar antiguos recuerdos de aquellos días en que era tan feliz junto a su madre. 
Añoraba las memorias pasadas. 
Miró por la ventana y notó que el sol se estaba poniendo. Un miedo horrible comenzó a recorrer su cuerpo en su totalidad, temiendo que volviera a repetirse aquello vivido durante las noches pasadas. Y aquel estúpido sentimiento era el más pútrido de todos los que había podido experimentar desde que su vida había dejado de ser fácil. 
Se sentó en un escritorio de madera bastante viejo que había en una esquina de la habitación. Encendió una vela y la dejó sobre la superficie, sentándose en la silla igual de vieja que el escritorio. Tomó una pluma y la hundió en el tintero, la llevó sobre el papel y comenzó a escribir las palabras que aquejaban su corazón y su mente. 
Acostumbraba escribirle a su madre, lo hacía desde el día en que lo había dejado. Patrick le había dicho ese fatídico día que su madre sólo estaba de viaje, un largo viaje. Era quizás la mejor manera de desahogarse y sacar todo lo que le hacía sentir mal, pues estaba seguro de que su madre podía leer aquellas cartas de alguna manera. 
Caída la noche Jaejoong estaba tan concentrado que no notó la presencia de alguien más en su habitación. Estaba por terminar la carta, cuando una mano le tapó la vista. Su corazón dio un fuerte salto y se giró rápidamente golpeando el escritorio, haciendo que la vela y el tintero se voltearan. 
 —  Oh, mira lo que has hecho. – dijo Yunho con lástima, mirando como la tinta negra cubría la hoja escrita en su totalidad. Gracias a Dios la vela no cayó también sobre el papel ya que de ser así habría causado un incendio. Pero lamentablemente, aunque la vela no quemó nada, algo de esperma caliente cayó sobre la blanca mano de Jae.
 Jaejoong intentó disimular la quemadura como pudo, ya que de seguro eso haría que Yunho pensara en algo que obviamente no sería bueno para Jae, pero por mucho que intentara disimular, Yunho logró percatarse del incidente.
  —   Mira, te quemaste por mi culpa…  —  dijo Yunho, tomando la suave mano del más bajo. Llevó la mano hasta sus labios y besó la zona afectada, luego de retirar los restos de la vela.
 — N…no…  —  dijo Jaejoong en un tono de voz apenas audible, negando fuertemente con la cabeza. El miedo se veía reflejado en sus ojos.
 —   Vamos, déjame compensártelo…  —  lamió la herida lentamente. Jaejoong siguió negando con la cabeza. Estaba totalmente mudo. Su corazón latía más fuerte que nunca, en estas situaciones el miedo le ganaba completamente, impidiéndole articular hasta el más pequeño movimiento.
 Cerró sus ojos con fuerza cuando Yunho comenzó a besar su cuello desesperado, mordisqueándolo. Algo tenía su hermano que le hacía temerle tanto, no sabía que era. Finalmente se rindió. Era un estúpido y un cobarde, pero se rendía. No había nada que pudiera hacer, más que esperar a que terminara todo este tormento.
—   ¡Mamá! ¡Mira lo que encontré! – gritó corriendo hacia la mujer de largos cabellos negros. Al llegar a ella extendió sus manos, mostrando un pequeño pajarito que intentaba volar, pero un ala rota se lo impedía. – No puede volar, mamá. Voy a curarlo para que pueda volar de nuevo e ir con sus amigos. – sonrió enormemente.
 —   ¿Quieres que te ayude con eso, Boo? – sonrió también la mujer.
 —  Ya soy grande, mamá. Puedo hacerlo yo solo.
 —   Tienes sólo ocho años, Jae.  —  Rió su madre, acariciándole la cabeza. Jaejoong negó enérgicamente.
 —  ¡Soy un adulto! – hizo un puchero.
 —    Está bien, eres un adulto. – rió para darle en el gusto. – Pero te ayudaré para que todo salga bien, ¿Si? ¿Puedo ser la enfermera?
 —    Bueno…  —  sonrió Jae y recibió el tierno beso que su madre depositaba en su frente.
Abrió sus ojos con rapidez y lo primero que vio fue el techo de su habitación, oscurecido por las sombras de la noche. Aún estaba lo bastante oscuro como para no ver mucho. Se removió en la cama y se sintió asquerosamente húmedo. Miró a sus lados, no había nadie. Encendió una lámpara de aceite y se levantó, sintiendo el dolor y como algo viscoso se escurría por entre sus piernas. Llevó su mano derecha a aquella zona de su cuerpo, notando al volver a mirarla aquel líquido blanco semi — traslúcido. Sintió unas nauseas enormes. Luego de ponerse una bata caminó por los pasillos, en la penumbra de la noche. Llegó a uno de los tantos baños de la mansión y luego de humedecer un paño comenzó a limpiarse, soportando el dolor que implicaba tocar e incluso sólo rozar la zona afectada.
 Al “caminar” de regreso (caminar entre comillas porque por poco y cojeaba) notó que los pasillos comenzaban a aclararse de a poco. Estaba amaneciendo, así que como pudo aceleró el paso hasta llegar a su habitación. 
Pasaron las horas y no pudo dormir absolutamente nada. La pregunta “¿Por qué lo dejé hacérmelo?” rondaba por su mente sin dejar que se relajara. Cuando por fin logró conciliar algo de sueño golpearon a la puerta. En seguida entró la tía de Jaejoong. 
 —   ¿Qué estás esperando? ¡Arriba, arriba! – dijo la mujer abriendo las cortinas, dejando entrar la luz al cuarto.
 —   Ya voy…  —  susurró sin ganas, sentándose en la cama. Su rostro se desfiguró por completo a causa del dolor.
 —   Por Dios te ves horrible. – dijo la mujer notando la cara de enfermo que traía Jae. – Ponte la maldita peluca, por Dios. ¿Quieres que todos te vean y descubran quien eres en verdad?
 —  Lo siento…  —  se levantó apenas y se puso la peluca, la cual estaba tirada en el suelo.
 —   Eres una vergüenza, pero claro… Eres igual a la zorra de tu madre. Eso lo explica todo. – Jaejoong se tragó el insulto que quiso gritarle. Quería evitar todos los problemas posibles.
 Esa tarde su tía le pidió (en realidad lo obligó) que la acompañara al pueblo. Yunho estaba ocupado haciendo cosas importantes ya que él si era importante y él si sería alguien en la vida. Mientras caminaban de tienda en tienda Jaejoong se aburría y pensaba, aprovechando de mirar cosas que si fueran de su agrado. Al pasar por entre un grupo de gente un hombre le dio un manotazo en el pecho, buscando algo que claramente no estaba ahí. Jaejoong gritó y le plantó una cachetada en el rostro al que lo había tocado. 
 —  ¿Qué te pasa, maldita ramera? – gritó el hombre, su mejilla totalmente roja e hinchada.
 —  ¿Qué te pasa a ti, desgraciado? – dijo Jaejoong totalmente enfurecido, importándole un pepino el hecho de tener que comportarse como una dama. – Vuelve a tocarme y te parto la cara a golpes.
 —  ¡Jejuko! – gritó furiosa la mujer.  —  ¡¿Cómo se te ocurre, estúpida?! – lo tomó con fuerza del brazo y lo tironeó, llevándoselo consigo.
 —  ¡Pero me tocó! – gritó Jaejoong. Toda la gente observaba en silencio el espectáculo.
 — ¿A quién le importa? Eres una mujerzuela barata y no mereces mejor trato que eso. – dijo sin dejar de tironearlo. – Siempre me haces pasar vergüenza. ¡Iremos a casa y no saldrás nunca más!
 Dicho esto volvieron enseguida al carruaje y emprendieron el camino de regreso. Durante todo el trayecto Jaejoong no pudo evitar llorar de rabia, sin mirar a la cara a la mujer anciana frente a él. Al llegar a la mansión la anciana mujer tiró del brazo a Jaejoong y lo empujó dentro de la casa. 
 —  No quiero volver a verte, no comerás ni hoy, ni mañana y en toda la semana. ¿Vete a tu cuarto! – le gritó y Jaejoong caminó a toda velocidad, totalmente enojado.
 —  ¡Como si me interesara! ¡Prefiero morirme de hambre! – dijo molesto y corrió al jardín. No le importó mucho chocar con el mismísimo Changmin, ni con algunas de las criadas, ni con su hermano ni mucho menos desobedecer a la bruja de su tía. 
Se escondió entre algunos rosales del jardín y abrazó sus rodillas. Pasaron minutos, horas y él seguía ahí. Pronto comenzó a sentir hambre, pero no quería ni podía volver adentro. 
 — Srta. Jejuko…  —  susurró alguien, demostrando la preocupación en su tono de voz.
 — Susu…  —  lo reconoció enseguida y enderezó su espalda, la cual se encontraba encorvada. Aquello le impedía un poco respirar, por culpa del corsé.
 —   No debería estar aquí, Señorita. Puede pescar un resfriado. – le dijo sentándose a su lado. Jaejoong ladeó la cabeza.
 —  ¿Debería estar allá adentro? – sonrió de lado. Se notaba la tristeza en su mirada.
 — Le traje esto…  —  le mostró algo envuelto en un pañuelo. Lo abrió y le entregó un plato con algo de sopa y pan. – Sé que no es mucho, pero lo necesitará.
 —  Muchas gracias, Susu. De verdad. – sonrió enternecido y totalmente agradecido, recibiendo el plato. 
Si bien su vida era un total asco, el tener a Junsu como su mejor y único amigo le daba fuerzas. Nunca antes había tenido amigos, ya que se consideraba feliz sólo con su madre, pero luego de quedarse solo se dio cuenta de que un amigo era algo que de verdad le hacía falta. 
Lamentablemente… pronto se dio cuenta de que la amistad no llenaba por completo aquel vacío en su pecho… Aquel que se hacía presente cada noche en que su hermano lo cogía. Y una de esas noches, luego de que su hermano se lo hiciera una vez más, se dio cuenta de que aquel vacío sólo era llenado por alguien… Todas esas tardes en que lo veía llegar en su carruaje, cuando le sonreía, cuando lo miraba por detrás de sus largas pestañas. 
Y esa misma mañana decidió comportarse mejor para pasar más tiempo con esa persona. Su tía siempre encontraba algo por lo cual regañarlo y enviarlo a su habitación, así que nunca podía hablar con él. 
 — ¿Sabes a qué hora llegará el Sr. Shim? – preguntó ansioso. Junsu puso su dedo índice sobre su mejilla y miró hacia arriba, pensando.
 —  Deben llegar en sólo unos minutos, siempre llegan para esta hora y son muy puntuales.
 — Entonces me voy ya. – se bajó del columpio en el cual pasaba casi todo el día, viendo como Junsu arreglaba con total dedicación el jardín.
 —  Suerte. – Sonrió. —  ¿Está interesada en su hijo? – Jaejoong se sonrojó y sonrió. Si algo bueno tenía aparentar ser una mujer era que parecería normal el haberse enamorado de otro hombre.
 —  Puede ser…  —  sonrió y corrió a la mansión.
 Llegó a la sala principal justo al mismo tiempo que su hermano. Cada vez que lo miraba a los ojos sentía un creciente odio y una repulsión enorme hacia su persona, pero mejor se quedaría callada y sólo lo ignoraría. 
Jaejoong estuvo sentado durante largo rato en un gran sillón, esperando. Yunho se sentó a su lado, pero tal y como había decidido Jaejoong, sólo lo ignoró. 
 —  Siento tu odio. – dijo Yunho, en un tono burlón. Jae volvió a ignorarlo. 
Pasado mucho rato Jaejoong comenzó a sentir sueño. Sus ojos se cerraban solos, y cuando menos se dio cuenta se quedó completamente dormido en el sillón. 
Abrió con lentitud sus ojos cansados, viendo que alguien lo miraba fijamente. No reconoció quien era así que volvió a cerrar los ojos. 
 — Señorita Jejuko…  —  susurró la persona frente a él, y Jae sintió que su corazón daba un gran salto. Cuando abrió bien sus ojos pudo notar quien era realmente. Era el hijo del señor Shim.
 —  ¡Oh!... Lo siento. – se enderezó avergonzado. – me quedé dormida y… eh…
 — Señorita…  —  lo interrumpió él, sonriendo y haciendo que Jaejoong se derritiera como hielo al sol.  —  ¿Le han dicho alguna vez que es… realmente hermosa? 
Creyó estar soñando. De verdad creía estar soñando, y es que esto era lo más homosexualmente hermoso que le podía pasar y lo mejor que estaba pasando desde que había llegado a esa mugrosa mansión en donde sólo lo trataban mal. 
 —   ¿T…Tú crees? – se sonrojó y se arrepintió por haberlo tuteado así.
 —  Claro que lo creo. No te mentiría de esa manera. – dijo tuteándolo de vuelta, al parecer sintiéndose más relajado.
 —  Pues muchas gracias entonces…  —  ¿Debía alegrarse? Otro hombre le estaba diciendo que era hermoso. ¡Y le gustaba oírlo! 
De la nada Changmin se le acercó, lentamente. Sus rostros estaban a escasos centímetros. ¡Dios Santo! ¡Se iban a besar! Estaban a punto cuando de pronto pareció recordar algo, y en su rostro se dibujó una mueca de arrepentimiento. Jaejoong, por un impulso que no pudo explicar ni mucho menos controlar, puso su mano en la nuca del otro y casi con desesperación lo acercó, uniendo sus labios en un beso suave y quizás hasta torpe. 
Las manos suaves de Changmin rodearon su rostro y Jaejoong sonrió entre sus labios… Sintiéndose al fin en el paraíso, como jamás creyó que lo haría…

1 comentario :

  1. Yunho es un.... con Jae, ojala Changmin se enamore de Jae pero que sepa que es hombre y no mujer como él cree.

    Gracias!!!

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