martes, 14 de agosto de 2012

I can see with my heart. Prólogo


Tal vez muchos crean que el hecho de no ver me ha resultado de impedimento, que debo hacer mi vida con todas las limitaciones que la sociedad me impone y acoplarme a, sencillamente, ser un mediocre ciego el resto de mis días.
Pues decididamente no. Principalmente la sociedad puede decir muchas cosas… Cosas que por lo general no consigo entender y no comparto.
 Cuando era pequeño, tuve una enfermedad que me forzó a perder progresivamente la vista, dejando conmigo vagos recuerdos de lo que tan siquiera era el color verde.
 Pero acá estoy, diecinueve años más tarde, estudiando mi último año en Ingeniería en Sistema, con el mejor promedio académico. Esto se lo dedico a la gente que se conforma y se limita. Tengo una bonita familia, unos buenos amigos… Pero lamentablemente me he enamorado de una voz.
Cada vez que lo digo me siento estúpido, cada vez que lo pienso se me hace tremendamente absurdo. ¿Cómo se enamora un ciego? ¿Cómo puedo estar tan enganchado a una voz al punto de ansiar estar en casa sólo para escuchar sus reconfortantes palabras a su audiencia? Jung Yunho era ese adorable chico que cada tarde dedicaba hermosas palabras de ánimo y cariño a las personas, les instaba a no dejarse caer jamás…
Una a una, las palabras que salían de sus labios llegaban melodiosas a mi cerebro y allí se quedaban, haciéndome esbozar sonrisas cuando me sentía identificado.
Mi mamá y yo nos quedábamos en la cocina mientras mi hermana estaba en clases escuchando a Yunho todos los días y ambos comprendíamos que ese chico veía la vida con el corazón… De la única manera que yo también puedo ver la vida.
Pero ese jueves por la tarde mientras esperaba a que comenzara su espacio, algo pasó. Se le escuchaba algo triste…
 “Personalmente no creo en el amor de parejas. Es algo tonto, no tiene algún sentido amarrar tu vida a alguien más sólo para que la gente diga que se ven demasiado tiernos y se conmuevan ante los besos. Y ustedes oyentes, ¿realmente pueden decirme que el amor de pareja existe? Si es así, ¿por qué son infieles? ¿Por qué contaminan las relaciones con mentiras cobardes?”
Escuché a mi madre atravesar la puerta y ladeé mi cabeza a donde se sentía.
– Creo que Yunho tuvo una decepción amorosa. – Dijo ella dejándome un pedazo de pastel en mi mano.
– Me gustaría contestar sus preguntas… – Mi madre acarició el dorso de mi mano. – Se le escucha tan triste.
Mi madre soltó una pequeña risa mientras se alejaba diciéndome que iría a su turno de la tarde a trabajar. Asentí y seguí comiendo mi pedazo de pastel mientras escuchaba a un deprimido Yunho.
 “Si quieren dar alguna opinión sobre el tema, los números son…”
Y una idea cruzó mi mente. Tal vez podría por primera vez intercambiar algunas palabras con Yunho. Mi corazón latió muy rápido al rozar la posibilidad pero enseguida la desilusión hizo presencia: seguro habrían unas mil personas intentando comunicarse con Jung Yunho.
No pierdes nada con probarlo…
Lentamente con mis manos, fui tocando hasta donde estaba el teléfono y marqué el número que se encontraba repitiendo por segunda vez Yunho en la radio.
Suena una, dos, tres… Hasta seis veces. No cayó. Volví a intentar…
– Estación Seúl Hits…
– Buenas tardes señorita, quisiera ser partícipe del programa de Yunho. Me gustaría dar mi opinión…
Le comunico…
Los tiempos se me fueron. Estaría hablando con ese chico por fin, directamente estaría conversando conmigo. Sonreí mientras esperaba la llamada.
Acá tenemos otra opinión en línea. Dinos por favor tu nombre y edad…
– Soy Jaejoong y tengo veintidós años. Yo… No sé exactamente si creer en el enamoramiento. Yo sólo puedo conocer a las personas como realmente son, y no es precisamente por su físico.
Si no te fijas en el físico, ¿podrías afirmar que alguien te gustó en un primer momento?
– La belleza no debería entrar por los ojos…  – Los nervios de hablar exactamente con el factor que me permitía establecer mi teoría, no me permitía formularla en voz alta de manera fluida. – Lo esencial es invisible a los ojos.
Yunho no respondió por unos segundos para luego agradecerme por mi opinión. Coloqué una mano en mi agitado corazón.
Si alguna remota posibilidad existiera de conocer a Yunho, ¿la aprovecharía?
Seguramente nadie querría estar con un ciego que se la pasa descifrando código Braille y caminando por las calles con un bastón guía.
Quizás las personas pensaban que el no poder ver me hacía pensar que todas las personas eran buenas, pero no. De hecho, muchos habían querido aprovecharse de mí, utilizado para salir bien en sus materias o tan sólo burlarse... Cosas a las que estaba acostumbrado pero aún así no perdía la fe en la humanidad.
Y en los momentos que escuchaba a Yunho estaba seguro de que aún existía gente buena, que realmente habían personas que pensaban como yo... 
Pero ese día sus palabras habían sido un tanto frías. Como dirigidas especialmente a alguien...
¿Acaso le habían roto el corazón? 
Estaba poniendo más música de lo natural, supongo que así evitaba demostrar demasiado sus emociones. 
El espacio de Jung Yunho había terminado ya dejándome con una especie de hueco en el pecho. 
Hoy no había estado muy llena de toda esa calidez que suele transmitir a sus oyentes, sino de dolor y decepción. 
Una alarma sonó y me dio a entender que debía ya salir a buscar unos trabajos de la universidad. Busqué mi bastón y esta vez un poco más bajo de ánimos salí de casa. 
La dulce voz de la chica del cyber-café me dijo que aún faltaba imprimir unas doce hojas. Le dediqué una sonrisa y me senté en una de las mesas a esperar. 
Sentía cómo el sitio estaba completamente abarrotado. Las voces de las personas retumbaban en mi cabeza. Me pregunto si acaso sabrían lo afortunadas que son al poder mirar... 
— ¿Puedo sentarme aquí? Están todas las mesas ocupadas. — Ya había escuchado a esa persona...
—S… sí. 
—Te lo agradezco. — Él era... — ¿Por qué me huyes la mirada? 
—Soy ciego... — Aclaré con vergüenza. Era Jung Yunho... Era el chico poeta de la radio... Era la persona que con sus palabras me había enamorado.
—Oh. — Percibí cómo su voz sonaba lastimera. Lógicamente, es la reacción normal de las personas que no me conocían y se enteraban de mi discapacidad. 
—Lo lamento, creo que olvidé mis lentes oscuros y al perro guía en casa. Tal vez con ellos sería un poco más obvio. — Reí para aligerar su notoria incomodidad. Y surtió efecto, pues también soltó una risita.
—Eres simpático... ¿Cómo te llamas? 
—Soy Kim Jaejoong... ¿Jung Yunho, no es cierto? Esta tarde llamé y conversamos. 
Hubo un silencio incomprensible.
—Te recuerdo... ¿Cómo es que tienes esa percepción de la vida si no ves? 
—El no tener visión óptica no quiere decir no sea capaz de mirar la vida y vivirla.
—Eres muy extraño. No creo que te hayas enamorado nunca de verdad entonces...
—Eso dices. Pues, de hecho, lo estoy de alguien en este momento. 
—Sabes, tienes suerte de no ver. El mundo es cruel; se aprovecha de ti en cuanto puede, te toca ver cosas que te rompen el corazón en mil pedazos... — Su voz sonaba quebrada, rencorosa incluso. 
—Puede que sea bueno no ver en ciertas ocasiones... Pero, siempre he querido tener la dicha de poder contemplar los días lluviosos. Amo los días lluviosos. También he querido ver los colores, a mi mamá, a mi hermana pequeña, quisiera ver la cara de la persona que amo... La tristeza no tiene que ver con la vista sino con el alma... ¿Querías mucho a esa persona? 
Su titubeo me aclaró la respuesta.
— ¿Has considerado la opción de escribir un libro de autoayuda? 
—No... — Sonreí. — Hasta ahora nadie me patenta. — Sus carcajadas aliviaban mi alma y a la vez me hacían sentir casi inconscientemente mariposas en el estómago.
—Creo que por eso no debes preocuparte… Te puedo promocionar en la radio.
—Me parece que estoy bien sin que me sigan para que firme libros.
—Tú sí que eres bueno para alegrar a la gente…
Le sonreí con timidez.
—Creo que es algo que me gusta.
Su mano se apoyó en la mía fugazmente.
—Me debo ir… Se me ha hecho muy tarde. Gracias por este rato, de verdad has logrado sacarme de una horrible sensación de tristeza. Espero volver a verte, Jaejoong. — Su voz sonaba como si hubiese olvidado algo.
—Hasta luego, Yunho ssi…
Luchaba por no mojar mi trabajo recién impreso en la lluvia que caía fuertemente en la capital, aún con la voz y la sensación de tener al mismísimo Jung Yunho hablando conmigo esa misma tarde.
A él no le importó que no lo pudiese ver…
Sonaba tan angelical y masculino como cada vez que lo escuchaba… Pero a la vez se le percibía tan vacío. Como si algo le faltara, como si algo en su vida no tuviera presencia…

3 comentarios :

  1. qu bonita manera de pensar de jae, en verdad hay que tener mucho valor y fuerza de voluntad, si yo estuviera en su lugar yo no creo poder superar una experiencia así,mas bien creo que viviría encerrada en mi habitación sin querer saber de nadie.

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  2. ok. esta historia ya desde ahorita me atrapoo..

    dios mio jae es ciego y tiene un pensamiento tan bonito y real, porque los sentimientos o el amor no debe de entrar por los ojos, eso se siente o no, seas bonito o no..

    ojala y jae siga encontrándose a yunho, siento que antes de poder ser algo mas, primero serán grandes amigos

    ay dios me encanta...

    gracias por compartir tan bonito fic

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  3. el primer encuentro...... seguiré leyendo

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