domingo, 4 de marzo de 2012

Porque Amar no es Imposible



Autor: MiyuChan
Elicer, ese era su nombre. Un experimento de un laboratorio manejado por científicos sin licencia, nada más que un “ser humano” sin sentimiento alguno. Fue diseñado solo para experimentar odio. Ni el cariño, ni el amor, ni la felicidad existían en él.
Hacía un tiempo, el laboratorio en el cual él era estudiado fue descubierto por la policía, los científicos fueron arrestados y por ende… él fue encerrado y estudiado por nuevos científicos, esa era su vida.
Nunca tuvo familia. Bueno, quizás si… La verdad es que nunca fue capaz de recordar su niñez. Solo recordaba el día en que lo encerraron. Recuerdos vagos. Tenía solo 5 años y lloraba… sin una madre que lo consolara, sin un padre que lo alentara… nadie estuvo con él. A sus cortos 5 años de vida comenzaron los experimentos a su persona. Un infierno.
Ah, ahora tiene 21.
Desde los 5 años hasta los 18 fue experimentado. Otra persona hubiese muerto, pero no él.
Y oh, como deseaba hacerlo.
A sus 21 años y con esa apariencia de muerto viviente jamás tuvo amistades. Era de esperarse con ese cabello negro, largo hasta el cuello, flequillado hasta las mejillas, tapando sus apagados ojos grises, y esa piel extremadamente blanca.
Aunque era muy atractivo a decir verdad.
El fin, cuando sus “nuevos dueños” se distrajeron, él escapó. Prefería cualquier cosa a vivir en completa esclavitud con aquellos hombres quienes se hacían llamar sus dueños.
Jamás tuvo sueño, metas en la vida. Nada. Solo se dedicaba a vagar y a mirar a las personas. La vida era aburrida.
Pero dejó de serlo… Gracias a él.
Luego de escapar vagó por distintas ciudades, llegando a Londres. Ahí fue donde lo vio por primera vez.
Luego de haber conseguido un pequeño departamento fue a conocer el lugar.
Se sentó en una pequeña banca muy poco cuidada y contemplo el paisaje con calma, incapaz de sentir algún afecto por aquel. De pronto escuchó un suave sonido.
Miró en todas direcciones, buscando su origen y ahí lo vio. En una fuente frente a él estaba un chico, demostraba más o menos su misma edad, con un rostro totalmente angelical disfrutaba tocando su pequeño y delicado instrumento. Un violín.
Luego de una melodía muy relajante se sintieron aplausos, la gente a su alrededor comenzó a dispersarse hasta que él quedó solo.
Elicer se le quedó mirando un largo rato. De pronto, él pelirrojo levanto la vista de su instrumento ya guardado en su maleta, lo miró y le sonrió.
Como era evidente, el pelinegro no tuvo reacción alguna así que el joven violinista tomó sus cosas y se fue.
Elicer se quedó largo rato mirando a la nada, pensativo. Cuando ya comenzó a oscurecer se levantó y se fue.
Al día siguiente pasó lo mismo, el pelinegro se sentó en la banca y contemplo al extraño chico del violín. Y así, sin darse cuenta, lo repitió varios días… Días en el que iba a verlo tocar excelentes melodías. Melodías lejanas de dolores y amores perdidos… Tan místico y mágicamente maravilloso.
Uno de esos días (Luego de su agradable rutina diaria) guardó sus cosas como siempre, pero en vez de marcharse se dirigió a su extraño espectador, al cual no había podido dejar de mirar los últimos días.
Le sonrió y se sentó a su lado.
- Te he visto últimamente… - dijo con una voz muy suave, pero a la vez muy masculina
- Te he visto y… me llamó la atención verte todos los días ¿Eres nuevo por aquí?
El pelinegro lo miró serio, haciendo que el violinista se pusiera algo nervioso. Aún así no borró esa cálida sonrisa así que Elicer accedió a responder.
- Si… me llamo Elicer – su voz se escuchó casi inaudible comparada con la del chico que le sonreía.
- Oh. Mi nombre es Louis, mucho gusto – dijo sonriéndole nuevamente, dándole la mano.
- Tocas muy bien... - le dijo el pelinegro con suavidad.
- Muchas gracias, no mucha gente me lo dice… Solo escuchan – rió
Elicer se le quedó mirando un rato, observando sus facciones. Su cabello era de un extraño color rojizo muy llamativo, su piel era casi tan blanca como la propia (Solo que se vía más viva… y suave) Sus ojos eran violeta. También era alto y tenía una expresión muy pasiva. Realmente era atractivo.
- Oh – Miró su reloj, interrumpiendo los pensamientos del pelinegro – Es algo tarde. Creo que… debería irme – Elicer lo miró sin expresión alguna y respondió
- Claro…
- Fue un gusto. Adiós – se despidió y se fue.
Se quedó ahí nuevamente, mirando el paisaje hasta que oscureció. El cielo estaba cubierto por un manto de brillantes estrellas, pero ¿Qué importaba? No podía sentir nada hacia aquello. Era realmente frustrante.
Se quedó hasta muy tarde, observando simplemente a su alrededor.
Al otro día vio nuevamente a Louis.
- Buenos días – dijo - ¿De nuevo aquí? – le miró dándole una sonrisa juguetona. Aquella sonrisa le causo una extraña sensación en su pecho. No respondió y Louis se instaló en su lugar habitual… comenzando su espectáculo diario.
El pelinegro se quedo viendo fijamente y a medida avanzaba aquella melodía esa extraña sensación en su pecho aumentaba.
Comenzaba a doler.
Quemaba.
Pasó un rato. Una canción. Más dolor. Otra canción. El dolor aumentaba. Una canción más y ya no lo soportaba. Sofocaba.
Se levantó y corrió lo más rápido que pudo. Se alejó de él. No quería verlo, no podía, le dolía.
Corrió y corrió, llegando a un café de nombre “Bolero”, entró, se sentó y pidió un café y un pastelillo. Es cierto que no podía sentir nada, pero desde que tiene memoria ha tenido una extraña debilidad por las cosas dulces.
Comió un trozo de pastel y se relajó, borrando todo el dolor que sentía en su pecho. Pasó un rato, comió su pastel completamente y casi terminaba su café. Comenzaba a llover. La puerta del lugar de abrió de pronto, haciendo sonar la campanilla que esta tenía.
- ¿Elicer?
Se giró. Esa voz le parecía familiar. Era él. Apenas lo vio lo ignoró y terminó su café, luego pidió la cuenta y pagó.
- Elicer, ¿Estás bien? – susurró, poniendo una mano sobre el hombro del susodicho, quien al sentirla se levantó de inmediato y lo empujó.
- ¡No me toques! –gritó y salió del lugar.
El pelirrojo se quedó callado, preocupado y confundido. Salió del lugar, metió una mano a su bolsillo, suspiró y sacó un cigarro.
Por otro lado, Elicer volvió a su departamento. Al entrar se miró en un espejo antiguo que colgaba de la pared y gritó de rabia, y le dio un golpe rompiéndolo en mil pedazos. Los vidrios cayeron, cubiertos de sangre, su sangre. Miró su mano y el rojo brotaba de su herida, mas no le importó.
Tomó unas toallas y se dio un baño. Luego de eso dormiría. Solo eso haría… solo eso quería hacer. Irse a dormir y no despertar jamás, pero pensaba en Louis y el sueño se iba. Desaparecía trayendo a cambio el dolor.
Pensó y pensó. Ahora quería verlo. Quería correr y pedirle perdón.
"Esto es a lo que llaman remordimiento supongo…"
Pensó, mirando el techo, hasta que el mítico Morfeo se cansó de él, haciendo que cayera en un profundo sueño.
Al otro día, luego de haber seguido pensando, decidió finalmente ir a buscarlo y disculparse, así que se vistió lo más rápido que pudo y salió en su búsqueda, esperando encontrarse con él en el lugar de siempre.
Pero no estaba.
Al no verlo la desesperación comenzó a apoderarse de él, tenía que verlo o no lo soportaría. Dio vueltas por toda la plaza pero no estaba, no lo vio a él ni escuchó sus relajantes y hermosas melodías.
Debía de estar enojado, pero no se conocían bien, solo habían hablado una vez hasta ahora. Pero, aún así… su música… …l… quería verlo.
- Elicer…
Era su nombre, y esa voz… Era él. Si, era Louis
No pudo explicar ni entender lo que sintió en ese momento, puesto que jamás ha tenido sentimientos que no sean rabia u odio… Pero esta vez no era nada de eso… se sentía raro. Se sentía… bien.
- Louis, yo… - dijo al fin, no sabía que decir.
- Lo siento – dijo él de pronto, el pelinegro quedó impresionado, lo miró intentando recibir alguna explicación – Yo… no debí intrometerme en tu vida. No te conozco mucho así que… - Dijo lenta y suavemente pero el más bajo lo interrumpió.
- ¡No! – Dijo – no tienes la culpa, yo te golpeé.
El pelirrojo lo miró y soltó una risita coqueta, enternecido. Tenía una sonrisa… hermosa. Elicer debía de haberse sonrojado o algo así, porque sintió un fuerte ardor en sus mejillas. ¡Había sentido vergüenza por primera vez!
- Duele… - susurró el pelinegro, con una mano en su pecho. El dolor se hacía cada vez más fuerte.
- ¿Perdón? – Louis miró algo confundido a Elicer quien solo negó con la cabeza.
- Hmm… Nada – y forzó una sonrisa falsa.
Pasaron 4 meses y ambos se hicieron muy amigos, aunque mientras más tiempo pasaba con él, el dolor indudablemente aumentaba. Y Louis era la razón. Verlo y oírlo tocar el violín, verlo sonreír, oírlo hablar, oírlo cantar (Oh si, también cantaba, y que bien lo hacía… Una vez lo oyó cantando, pero según él mismo lo hace mal).
Elicer también conoció a Alice, una chica muy linda y la mejor amiga de Louis desde hacía un buen tiempo. Se conocieron cuando Louis comenzaba a convertirse en músico callejero, ella lo ayudo a tocar en lugares donde podría hacerse reconocido. En el teatro.
- Al fin terminé – suspiró el pelirrojo dejando unas partituras de lado y sacando un cigarro de su bolsillo.
- ¡Louis! Te he dicho mil veces que no fumes aquí adentro, ve a fumar afuera – lo regañó Alice, que de los tres (Elicer, Louis y ella) era la única que mantenía el orden en el lugar donde vivían. Ah, si, a petición de Louis los tres estaban viviendo juntos en una pequeña casa, según él sería más divertido y así les saldría más barato pagar la renta entre los tres que pagar cada uno por separado.
- Como diga, señora mandona – bufó Louis, levantándose y dirigiéndose a la puerta. – En todo caso, ¿Sabes dónde está Elicer? No lo veo desde hace un buen rato.
- Creo que está afuera. Ve a ver tú – le tiró una almohada y Louis rió, para luego devolvérsela.
Salió del departamento y cuando llegó a la escalera se encontró con Elicer, quien tenía la mirada perdida.
- ¿Qué haces aquí tan solo? – le preguntó el pelirrojo sentándose a su lado, comenzando a fumar.
- Solo pensaba…
- Impresionante.
- Tonto… - Elicer le dio un golpe en el brazo y Louis rió
- Como sea… ¿En que pensabas?
- Cosas… el pasado – suspiró, sin cambiar aquella expresión neutra que tenía desde que se conocieron.
- Entiendo… ¿Por qué nunca me hablas de tu pasado? Sólo se cosas limitadas sobre tu vida… Eso no está bien, Somos amigos ¿No?
- Si, pero… - El pelinegro calló, y Louis suspiró, sabía que cuando hacía eso era porque quería dejar el tema hasta ahí, así que pasó su brazo por el hombro del más bajo y le sonrió.
- ¿Qué te parecería tomar una taza de café?
- ¿Con pastelillos?
- Obviamente, no puedes vivir sin ellos.
El tiempo pasaba rápido, pero el tiempo es cruel, solo quería hacer sufrir más al pelinegro.

- ¿Louis? – susurró Elicer, buscando al nombrado. Hacía un largo rato que no lo veía.
Cuando se acercó a una de las habitaciones (La de Alice) cuya puerta se encontraba abierta, escuchó sollozos. Era Alice, y seguido de eso escuchó la voz de Louis.
- … Por favor… Perdóname.
Se acercó para ver que pasaba, y justo cuando se asomó por la puerta pudo ver como Alice se abalanzaba a los brazos de Louis y lo besaba. Sintió que algo en su interior se rompía, comenzaba a doler, y así sin más las lágrimas comenzaron a correr de sus mejillas… Por primera vez. Y dolía, le quemaba, Pero ese dolor no era nada comparado con el que sentía su corazón.
- No… - susurró de pronto, sin pensar. Louis se separó rápidamente de Alice y cuando miró a la puerta sus ojos se abrieron de par en par.
- Elicer…
- … No… no… - las lágrimas brotaban de sus ojos, quemando sus mejillas, se dio media vuelta y corrió.
- ¡Elicer! ¡Espera!

Louis se levantó y corrió tras él, dejando a Alice.
- ¡Elicer!
Elicer lo ignoró y siguió corriendo, llegando sin darse cuenta a la fuente… La fuente donde lo vio por primera vez.
- Elicer, ¿Qué pasa?
- Déjame solo…
- Elicer…
- Solo quiero estar solo…
- ¡Elicer!
- ¡Dije que me dejaras solo! – gritó y cuando se iba a girar sintió dos brazos cálidos por sobre sus hombros, que rodearon su cuello, el suave aliento de Louis chocó en su cuello y Elicer pudo sentir como sus mejillas comenzaban a arder con intensidad. – L… Louis…
- Solo tranquilízate ¿Si? – susurró suavemente en su oído y el pelinegro sintió que se derretiría. Entrecerró sus ojos y se dejó envolver por el exquisito aroma que despedía el cabello del pelirrojo.
- ¿Por qué lloras?
- No… yo no…
- Si lloras no te ves lindo – sonrió el pelirrojo secando aquellas gotas salinas que brotaban de los ojos grises del pelinegro.
- Ella… ella te besó… - Dijo de manera infantil y Louis rió enternecido
- ¿Celoso?
- ¡N… no! Yo no…
- Tranquilízate, tonto… Ella no me gusta.
- ¿No? – Preguntó suspirando aliviado
- ¡Ja! ¡Lo sabia! Si estabas celoso – rió el pelirrojo y las mejillas de Elicer se encendieron.
- ¡Eres un tonto!
Se quedaron un largo rato en la misma posición, el pecho de Louis que subía y bajaba al ritmo de su respiración acariciaba la espalda del pelinegro, causando estragos en su cuerpo. De pronto comenzó a sentirse mareado. Mareado y adolorido. Todo su cuerpo comenzaba a doler y ya estaba viendo borroso.
- Duele… - susurró cerrando sus ojos con fuerza.
- ¿Qué te duele?
Elicer solo respondió con un quejido de dolor, Louis se separó preocupado y noto que la camiseta blanca de Elicer estaba manchada… rojo. Era…
- ¡Sangre!
No recibió respuesta y el cuerpo frío del pelinegro cayó. Louis lo tomó entre sus brazos y corrió con él hasta el departamento. Cuando llegaron lo recostó en su cama (Que fue la que le quedaba más cerca), le quitó la camiseta, curo las heridas sangrantes que parecían quemaduras y lo dejó descansar. Mientras durmió no se alejó en ningún momento de su lado, y no soltó su mano jamás.
Una hora pasó, dos horas… y el sueño envolvió al pelirrojo, durmiéndolo junto a Elicer. Pasó otra hora más y los ojos grises del pelinegro se abrieron lentamente, para terminar sintiendo como su corazón casi se salía al ver a Louis durmiendo tan cerca de su rostro. Sus mejillas ardieron con intensidad y su corazón comenzó a latir (Y a doler) cada vez más.
- ¿L-Louis?
- Hmm… - el nombrado se estiró suavemente y frotó sus ojos – Oh, me quedé dormido… ¡Elicer! ¿Estás bien?
El pelinegro asintió y se sentó en la cama, con ayuda de Louis.
- Elicer, ¿Hay algo que no has querido decirme?
- No… Louis, estoy bien, traqui-
- ¡Por dios, Elicer! ¡Te desmayaste! ¡Estabas sangrando! ¡¿Crees que no me asuste al verte así?!
- Perdón…
- No vuelvas a asustarme así… por un momento creí que… podría perderte.
- …
- Me importas, Elicer. Mucho.
- ¿Te…importo?
Las mejillas de Elicer se encendieron, haciendo que su rostro y su corazón dolieran con gran intensidad. Mordió su labio para reprimir el quejido de dolor que quiso salir de su boca cuando el rostro del pelirrojo se acercó lentamente al suyo.
- No lo entiendes ¿Cierto? – susurró
- Louis…
- Elicer… Yo… te…
- Shh… - lo interrumpió posando uno de sus pálidos dedos sobre los rosados y suaves labios de Louis – No lo digas…
- Pero…
- No… - se acercó lentamente y rozó sus labios con los del más alto, quien abrió sus ojos impresionado. Finalmente Elicer terminó por unir suavemente sus labios con los del otro, en un tímido beso que creía ser medianamente bien dado, puesto que jamás, en toda su vida, había besado a alguien. Y nunca había sentido aquello que sentía en este instante.
Sabía perfectamente que era lo que Louis quería decirle, pero no quería escucharlo. No quería porque le dolería demasiado. Quizás era egoísta, solo estaba pesando en él. Aún así…
"Esto… ¿Es amor? "
Cerró sus ojos luego de pensar aquello. Luego de un rato se separó del pelirrojo y lo miró fijamente a los ojos.
- Elicer… - susurró Louis y antes de que este pudiera responderle, lo besó nuevamente, atrapando sus labios en un profundo beso. Los brazos del pelinegro se movieron por inercia hasta rodear el cuello de Louis.
Lentamente fueron profundizando el beso; Louis, sin pensarlo dos veces, recostó a Elicer sobre la cama y se posicionó sobre él. Siguió besándolo, hasta que lamió los labios del pelinegro. Este soltó un quejido, abriendo su boca y dándole paso a la lengua de Louis, que comenzó a recorrer toda esa exquisita cavidad.
- L… Louis… -
- No sabes cuánto… deseé esto…- susurró en su oído, lamiéndolo sensualmente, haciendo que el pelinegro se estremeciera.
Lentamente Louis retiró la camiseta color crema de Elicer, pudiendo así ver su delicado y delgado cuerpo, blanco como la porcelana… Acercó su rostro suavemente al pecho del más bajo y lamió con suavidad una de sus heridas. Recibiendo un suave y casi inaudible gemido por su parte.
Elicer tapaba su boca con una mano, totalmente sonrojado. Un extraño calor comenzó a acumularse bajo su vientre… Era extraño, nunca había sentido nada así… Pero se sentía bien, quería más.
- Louis… - susurró acariciando los hombros del pelirrojo, para luego dirigir sus manos casi por inercia a la camisa del mayor, desabrochándola lentamente, retirándola finalmente de su cuerpo, pudiendo sentir más directamente su piel.
Louis no respondió, siguió besando el delicado torso desnudo de su amigo, disfrutando del particular sabor de su piel al lamerlo delicadamente. Luego su boca se dirigió a uno de sus rosados pezones para lamerlo y morderlo con suavidad, mientras que con uno de sus dedos acariciaba el otro. Su propia entrepierna comenzaba a despertar, haciendo que el resto de ropa que les quedaba se hiciera incomodo. Llevó sus manos a los delgados pantalones blancos de Elicer y los retiró con suavidad, observando su erección por debajo de la ropa interior.
Las mejillas del pelinegro se encendieron con mayor intensidad… Le avergonzaba, no sabía porque ni como, pero le avergonzaba que su amigo lo viera en ese estado… Sentía demasiadas cosas en este instante, una de ellas eran esas extrañas mariposas en su estomago y el rápido latir de su corazón… Estaba seguro de que Louis era capaz de escucharlo desde ahí.
- Ahh… - se quejó cuando la mano del pelirrojo descendió hasta posarse sobre su miembro, comenzando a frotarlo por sobre la ropa interior… ¿Qué era eso que sentía? ¿Placer? Nunca había experimentado nada igual… Había leído alguna vez sobre temas relacionados… Pero por lo que tenía entendido… Todo ocurría entre un hombre y una mujer… Entonces… ¿Por qué sentía aquello hacia su amigo? Era un chico, al igual que él… Estaba confundido…
- ¿Puedo?... – preguntó de pronto el pelirrojo, pidiendo permiso para retirar la última prenda que quedaba en Elicer, este asintió… Quería sentir más de aquello que estaba experimentando…
Antes de que Louis retirara la ropa interior del pelinegro, se quitó sus pantalones y su propia ropa interior… Elicer pudo notar como las mejillas de su amigo se encendían con intensidad y como sus manos tiritaban al acercarse a él… Finalmente retiró la prenda, quedando ambos totalmente desnudos… Louis se posicionó entre las piernas del pelinegro quien, sin estar completamente seguro, se dejó. La mano derecha de Louis tomó ambos miembros, soltando un jadeo, y comenzó a masajearlos a la par.
- Hmm… L… Louis… - gimió Elicer, sentía la necesidad de gemir…de gritar, de pedir más… Todo aquello que Louis le proporcionaba le hacía sentir demasiado bien, y al mismo tiempo dolía. Cada roce, cada beso, todo dolía y lastimaba su piel y su corazón… Pero no le importaba. Claro que no…
Luego de un rato esa manera de darse placer se había hecho poca, así que Louis lamió dos de sus dedos y los llevó hacia la entrada de Elicer. Este no alcanzó a preguntar cuando sintió como ambos dedos entraban en él con rapidez. Soltó un quejido de dolor.
- Perdón… ¿T-te lastimé? – preguntó preocupado, deteniendo todos sus movimientos.
- N… No, tranquilo… - respondió Elicer acomodándose en la cama, abriendo más sus piernas. – Sigue…
Louis hizo caso a su petición y comenzó a mover ambos dedos dentro de él, hacia dentro y hacia fuera. Se sentía raro, levemente doloroso pero al mismo tiempo comenzaba a ser placentero… Otro gemido salió de su boca cuando sintió otro dedo entrar en él, y como estos eran movidos de adentro hacia fuera con más rapidez, en forma de círculos.
- Creo que… ya estás listo… - susurró cuando sintió que estaba lo suficientemente relajado como para el siguiente paso.
- ¿Qué vas a… hacer? – preguntó Elicer, de manera inocente. Aún no cabía en su cabeza como dos hombres podían hacer lo que supuestamente se debía hacer entre un hombre y una mujer.
- Entrar… En ti… ¿Puedo? – dijo Louis, mirándolo a los ojos, Elicer asintió aún con algunas dudas – Te dolerá…
- No importa…
El pelirrojo respiró profundamente y soltó el aire guardado en sus pulmones, tomó su miembro con una mano y lentamente entró en Elicer, quien se quejó por lo bajo, tapando su rostro con ambas manos. Cuando llegó a cierto punto que le impidió moverse se quedó quieto un rato.
- Elicer, ¿Estás bien? – le preguntó alejando sus manos de su rostro, notando como las lágrimas brotaban de sus ojos.
- S… Si, adelante… Sigue
- Solo relájate ¿Si? Respira profundo…
Elicer asintió y respiró profundo, Louis hizo lo mismo y se movió en su interior. Adentro… afuera… Era bastante difícil moverse pero se acostumbraría… Adentro, afuera… Elicer gimió suavemente, su respiración se agitaba… Adentro, afuera, adentro, afuera… Ya le era más fácil moverse y… ¡Dios mío! ¡Se sentía demasiado bien!...
Siguió moviéndose en el interior de su amigo, recibiendo gemidos cada vez más fuertes como respuesta. Finalmente sus embestidas se hicieron rápidas y con cada vez más fuerza. Elicer, por su parte, solo podía gemir y jadear… No sabía que decir ni que más hacer… Aunque le dolía como mil demonios el placer lo sobrepasaba, jamás en toda su vida se había sentido así… Jamás en su vida había sentido algo parecido… Quería más… Necesitaba más…
Sus piernas rodearon la delgada cintura del pelirrojo, acercándolo más a él. Sus propias caderas comenzaban a moverse por inercia en busca de más contacto, hasta que la mano derecha de Louis se posó en su erección, comenzando a masajearla con rapidez, sacándole varios gemidos con su nombre en él. Era la gloria, el paraíso definitivamente si existía, y ahora mismo lo estaba alcanzando junto a su, hasta esta mañana, amigo…
- M… Más rápido… - susurró acercando su rostro al cuello del pelirrojo, lamiéndolo y comenzando a morderlo con gula. Las embestidas de Louis se hicieron más fuertes, al igual que sus respiraciones.
- Hmm… Elicer… - El pelinegro lo interrumpió con un feroz beso que le robó el aliento.

Las embestidas de Louis se hacían más fuertes, al igual que los movimientos de su mano en el miembro de Elicer. El dolor en el pecho del pelinegro se hacía cada vez más intenso pero lo ignoró, se sentía feliz, se sentía completo… Louis y él eran uno.
Un extraño calor se acumuló bajo el vientre del pelinegro, corrientes eléctricas recorrían su espalda, la cual mantenía encorvada hacia atrás. Su temperatura corporal se hacía cada vez más intensa… Se sentía en el cielo, hasta que llegó al orgasmo, derramando su esencia en la mano del pelirrojo, quien dio una última estocada y se corrió en el interior de Elicer… Ambos se quedaron quietos, hasta que Louis cayó rendido sobre el delicado cuerpo del pelinegro… Jadeando con fuerza, movió su mano hasta su cabeza y se quitó el cabello de la frente, echándolo hacia atrás… Elicer no sabía que decir, jamás había experimentado algo parecido… Había sido lo más… hermoso que había sentido en toda su vida…
- Elicer… - suspiró el pelirrojo en su oído, y rodeo su frágil cintura con ambos brazos… El Pelinegro se sonrojó ante la acción y sonrió, importándole muy poco el hecho de haber sido capaz de hacerlo…
- Estoy feliz… - susurró de pronto, haciendo que Louis abriera sus ojos, impresionado. Nunca, desde que conoció a Elicer, lo había oído decir que estaba feliz, o triste… Jamás hablaba de lo que sentía y mucho menos de su vida.
- ¿En serio? - preguntó con ilusión y Elicer asintió, haciendo que Louis riera enternecido, y lo besara nuevamente en los labios.
Pasaron horas. Louis, luego de ponerle un pijama a Elicer y vestirse él, se quedó profundamente dormido abrazado al pelinegro, el cual no podía conciliar el sueño… El dolor en su pecho era demasiado intenso, y de a poco comenzaba a sentir unas fuertes nauseas y un dolor punzante en el corazón… Le estaba costando respirar y comenzaba a sudar frío… No aguantó más, se levantó y corrió al baño.
" ¿Estas son las consecuencias de… haberme enamorado?"
Louis se despertó al segundo después, al sentir los pasos acelerados de Elicer, se sentó en la cama preocupado y corrió al baño cuando escuchó un extraño sonido proveniente de él… Cuando entró se encontró con Elicer en el suelo, de su boca salía sangre.
- ¡Elicer!
Cuando lo rodeó con sus brazos se dio cuenta de que estaba ardiendo en fiebre, su respiración estaba muy agitada y sus ojos se mantenían cerrados fuertemente.
- Elicer, por favor…
Lo llevó nuevamente a la habitación y lo vistió, se vistió él y corrió con el pelinegro en sus brazos para llevarlo a un hospital. Debía hacerlo, estaba ardiendo en fiebre la cual aumentaba con el paso del tiempo… Elicer comenzaba a sollozar y a quejarse…
- Me duele… - se quejó
- Tranquilo, ya llegaremos al hospital… ¿Qué te duele?
- Duele mucho… - se quejó, apretando su pecho con su mano, Louis entendió enseguida la zona de su fuerte dolor y se sintió culpable.
"Quizás no debí habérselo hecho… No dejarme llevar por la situación"
Pensó, sintiendo como las lágrimas se acumulaban en sus ojos, los cuales apretó fuertemente para evitar llorar.
"No es momento para eso"
Siguió corriendo con Elicer en sus brazos, quien ya no se quejaba, solo jadeaba con fuerza y sudaba frío, ya no tenía fiebre… La temperatura había bajado, el problema ahora era que estaba congelándose.
- Esto no es normal… - se dijo a sí mismo hasta que llegó al hospital más cercano… Todo lo siguiente ocurrió rápidamente. Unas enfermeras acostaron a Elicer en una camilla y se lo llevaron, no dejando a Louis ir con él.
Pasaron horas, Louis no había dormido en todo el rato que estuvo en la sala de esperas… Grandes ojeras se habían formado bajo sus ojos color violeta y estaba comenzando a desesperarse… Necesitaba fumar, pero no podía hacerlo en la sala de esperas.
- No fumar – leyó el letrero que colgaba de la blanca pared – Son unos tontos… - bufó para sí mismo, hasta que vio como un hombre de delantal blanco se le acercaba, cerrando la gran puerta de la que había salido a sus espaldas. El pelirrojo corrió a su encuentro.
- ¿Cómo está Elicer? ¿Está bien? – preguntó agitado, el doctor acomodó sus gafas.
- No sabemos con exactitud qué es lo que tiene, pero podemos decirle que su corazón está muy mal. Cualquier emoción o sentimiento fuerte podría matarlo.
"Lo sabía, es mi culpa…"
- ¿N… no hay nada que pueda hacer?
- Tendremos que operar.
- Se salvará, ¿Cierto?
- No puedo asegurarlo, es una operación muy riesgosa. Hay un 15% de probabilidades de que no lo soporte. ¿Estará de acuerdo con la intervención?
- Si es posible que con eso se salve… Sí, estoy de acuerdo… - respondió dudoso, temiendo que ese 15% pudiese cobrar gran importancia luego de esto…
"Elicer…"

La luz blanca y cegadora le iluminó el rostro, haciendo que sus ojos se cerraran fuertemente.
- ¿Qué me van a hacer? – preguntó un nervioso y confundido pelinegro, observando a los muchos doctores y enfermeras que lo rodeaban. Una de ellas le tomó el brazo y otra le puso una extraña mascarilla. Comenzó a ver borroso y a sentir sueño… Hasta que se desvaneció.
- Está anestesiado, póngale la inyección ahora. – dijo el doctor poniéndose un par de blancos guantes, haciendo ver sus huesudas manos como las de un muerto.
Apenas la filosa aguja tocó el brazo del pelinegro, este abrió sus ojos de par en par y comenzó a moverse.
- ¡Aléjate de mí! – le gritó a la enfermera.
- ¡Señor! ¡La anestesia no está haciendo efecto!
Elicer comenzó a gritar y a moverse, intentando soltarse del agarre de las enfermeras.
- ¡Déjenme! ¡Déjenme! – gritaba, siendo sujetado aún por las enfermeras.
- ¡Tranquilícese, por favor! – gritó una de ellas la cual comenzaba a ponerse nerviosa.
Imágenes aparecieron ante los ojos de Elicer, esos hijos de puta que lo convirtieron en lo que es ahora. Todo era exactamente igual. Aquellos hombres de blanco que lo rodeaban, esa luz blanca y cegadora... Todo…
- ¡Déjenme! – seguía moviendo de un lado a otro su cuerpo, los nervios de la enfermera que sostenía la jeringa aumentaban.
- Por favor, cálmese intentaba tranquilizarlo, pero cuando Elicer vio la aguja que sostenía se desesperó más. Todo le recordaba a los experimentos que hicieron con él. Toda esa tortura… Lo que le hicieron en esa habitación… No solo los experimentos… Todo lo que le hicieron a su cuerpo, como jugaron con él… Como lo usaron…
- ¡Aleja eso de mí!
- ¡CALMESE!
Silencio. Los doctores y enfermeras quedaron mudos un segundo para luego alejar a la enferma de Elicer. Este miró su brazo…
Sangraba. Sangraba mucho y toda la sangre brotaba desde donde ahora estaba clavada completamente la aguja de la jeringa… Elicer soltó un grito ensordecedor y en un arranque de dolor y rabia se soltó del agarre de los médicos, se levantó y corrió rápidamente.
Corrió y corrió por los blancos y grandes pasillos, sujetando su brazo, dejando un camino de gotas de roja sangre tras él y mancando con la misma su ropa.
¿Dónde estaba Louis? No lo veía. Continuó corriendo, una enfermera in tentó detenerlo, dobló en un pasillo, luego en otro.
Un chico pelirrojo, era Louis… Ahí estaba…
- ¡¡Louis!! – gritó desesperado, haciendo que el violinista se diera vuelta, abriendo sus ojos impresionado.
- ¡Elicer! ¡Pero qué…!
No pudo terminar lo que diría porque Elicer se lanzó a sus brazos, abrazándolo fuertemente como nunca antes lo había hecho, comenzando a llorar desesperado.

- Elicer, bebé ¿Qué pasó? – preguntó el pelirrojo enormemente preocupado, acariciando la sedosa cabellera negra del más bajo.
- Vayámonos de aquí… Por favor, no quiero estar aquí… No me gusta este lugar…
- ¡¿Qué te pasó en el brazo?! – preguntó tomando dicho miembro con delicadeza, quitando la jeringa que se encontraba clavada, un leve quejido de dolor por parte del menor le dio a entender el gran dolor que sentía, lo tomó en sus brazos y acariciando su espalda para darle tranquilidad se lo llevó de ese lugar.
Llegaron al fin a la casa que compartían los tres. Louis entró con cuidado de no despertar a Elicer, quien se había dormido en los brazos del pelirrojo.
" ¿Dónde estará Alice? No la he visto desde que…"
- ¡Louis!, ¡entiende de una vez por todas que me gustas! Siempre me has gustado… - dijo la castaña de cabello rizado… llorando desconsolada
- Por favor… perdóname… - respondió el pelirrojo, y antes de que pudiera decir algo más Alice se lanzó a sus brazos atrapando sus labios en un beso que obviamente no correspondió…
Miró hacia la puerta, estaba Elicer ahí parado… En sus ojos veía dolor, lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y salió corriendo. Él lo siguió y dejó sola a Alice…
- Soy un tonto… - susurró acostando a Elicer en su cama y quitó los mechones de cabello que caían sobre su frente. Se le quedó mirando largo rato y sonrió para sí mismo.
"Eres hermoso…"
Nuevamente la imagen de Alice llorando volvió a su mente y la sonrisa que adornaba su rostro se torció en una dolorosa mueca.
- Debe odiarme… - dijo para sí mismo, temiendo el haber perdido para siempre la linda amistad de Alice.
- ¿Quién debe odiarte? – susurró una suave voz tras él, Louis se giró rápidamente encontrándose con una sonriente Alice.
- ¡Alice! Pero creí que estabas… enojada… Tu sabes, por lo de…
- Oh, eso… De verdad lo siento, ¿Sabes?… me precipité, solo no pude controlarme… Pero de verdad lo siento.
- ¿No estás enojada? – preguntó el pelirrojo con ilusión.
- No podría enojarme contigo, no pienso perder una amistad de años en solo un día. – le sonrió y le dio un golpecito en la cabeza, para luego fijarse en el pelinegro que yacía acostado en la cama. - ¿Qué le pasó?
- Es una larga historia… Está mal…- dijo entristecido, Alice notó esto y sonrió melancólica.
- De verdad te gusta… Qué envidia…
- ¿Qué? ¿Gustarme?... – se sonrojó completamente – Alice, yo no…
- ¿Qué no te gusta? ¡Si hasta los escuche “haciéndolo”! – dijo falsamente escandalizada, aguantando la risa por su supuesta “broma”.
- ¡¿Nos escuchaste?! – Louis se sonrojó más que nunca, haciendo juego su rostro con su cabello, abrió sus ojos de par en par y su boca se abría y cerraba rápidamente como queriendo decir algo y no saber que.
- Espera… Yo solo bromeaba – dijo seria, con un dejo de trauma en su voz – ¿De verdad lo…? – hizo unas señas raras con las manos, pero Louis entendió al instante.
- ¡Ehhh! – Gritó agudamente, totalmente nervioso -... N…No… Yo no… Alice… En serio no… - Para colmo, cada vez que se ponía nervioso comenzaba a tartamudear sin remedio y le daba hipo. Alice comenzó a reír a carcajadas y el pelirrojo bajó su rostro totalmente avergonzado.
- Dios mío, Louis… jamás creí que serías capaz de hacer eso… - rió tapando su boca.
- ¡N-no! ¡Alice! –
- Como sea… debo admitir que es triste que el chico que te guste desde que lo conoces resulte ser… Bueno, tú sabes… del… del otro lado.
- Alice, por favor… - le rogó el pelirrojo. Estaba seguro que jamás, en toda su vida, se había sentido tan nervioso y avergonzado.
- Hmm… - Ambos miraron al pelinegro quien se movía y se quejaba.
- ¡Su brazo! ¡¿Cómo pude olvidarlo?! ¡Dios mío, soy un estúpido!
- Tranquilo, yo me encargo… - dijo Alice levantándose y yendo a buscar unas toallas y un botiquín de primeros auxilios.
- Gracias… - susurró Louis. Estaba feliz… No había perdido a su amiga y al parecer no estaba tan mal como creyó que estaría.
Alice volvió en un segundo y comenzó a curar el brazo de Elicer, quien a ratos se quejaba cuando ella le echaba alcohol o presionaba suavemente. Al rato después de haber sido curado, abrió sus ojos lentamente encontrándose primero con Louis quien le miraba preocupado.
- L-Louis…
- ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes? ¿Te sientes mareado?
- Estoy bien… - respondió para quedarse luego callado y muy sorprendido, Louis estaba llorando, sin dejar de mirarlo - ¿Por qué estás…?
- ¡¿Sabes lo mucho que me preocupaste?! ¡Por favor, Elicer! ¡Entiéndelo de una vez! ¡Me preocupas demasiado y si algo te pasara yo… yo no…! – gritó de pronto tapando su rostro con ambas manos, sintiéndose avergonzado por llorar de esa manera tan infantil frente a él. Pero le era imposible no hacerlo, lo quería demasiado…
"Elicer, Te amo… Entiéndelo…"
- Louis… Perdón… Yo no… - alejó su vista del rostro del pelirrojo.
- Elicer, por favor… - tomó su rostro y lo giró para que lo mirase a los ojos - ¿Por qué no me dices que te pasa?... No sabes cómo me preocupas… Quiero saber si hay algo que me has estado ocultando…
- No lo entenderías… - susurró cabizbajo y sumamente triste.
- ¿Cómo lo sabes? Quizás puedo ayudarte.
- Porque nadie puede entenderme… ¡A Nadie le importo y nadie me importa! – soltó sin pensar.
- ¿Ni siquiera yo?... – susurró triste…
- …
- ¿Por qué no lo entiendes?
- No…
- Elicer, por favor… Es en serio
- No…
- Entiéndeme… Por favor… Yo te…
- ¡No lo digas!
- ¡Maldición Elicer! ¡Escúchame!
- ¡No! ¡Cállate!
- ¡Te amo!
- ¡¡No!! – Gritó a todo pulmón, empujó a Louis pero este lo abrazó con fuerza - ¡Suéltame! – comenzó a sollozar y a rasguñar la espalda del pelirrojo pero este no lo soltaba, Elicer en un arranque de desesperación lo empujó y lo golpeó… Notando como de su labio comenzaba a brotar un fino hilo de sangre. En ese instante entró Alice a la habitación y Elicer salió.
- Elicer…
- ¿Qué le pasó a Elicer? ¡Te golpeo!… - dijo Alice corriendo rápidamente hacia él. Louis no le contestó, solo se levantó lentamente
- Me daré un baño…
El pelinegro corrió sin mirar atrás largo camino, estaba cansado… Casi no podía respirar, pero aún así siguió corriendo. Llegó luego a una pequeña laguna rodeada de verde césped. Al caminar sobre él sintió un gran alivio en sus pies, recordando que había salido corriendo descalzo. Se sentó lentamente y vio sus pies ensangrentados.
- No lo entiendo…
Miró su reflejo en el agua, pero lo golpeó con su mano derecha, derramando varias lágrimas cristalinas.
- Soy patético…
Tomó una piedra y la tiró, dejando las lágrimas correr libremente por sus mejillas… Ya no le importaba el dolor que sentía. No, no le importaba… Porque ahora sentía algo mucho peor, algo que lo marcaba y lo torturaba… Amor…
“¿El amor hace feliz a las personas?… Tonterías…"
Nuevamente miró su reflejo en el agua, comenzando a recordar tristes cosas sobre su pasado…
*- N… No me gusta… - susurró el pequeño pelinegro de blanca piel como la leche, el hombre a sus espaldas solo sonreía lamiendo su cuello y tocando su pecho desnudo, mientras su compañero grababa la escena.
- Vamos, tranquilo. Solo relájate, ¿Si? – Su mano se escabulló entre la ropa interior del pequeño, tocando su intimidad con descaro.
- ¡Déjame! – gritó comenzando a sollozar, sus brazos temblaban y sus rodillas dolían. Tenía frío. Solo estaba en ropa interior, de rodillas y con los brazos contra la pared. El hombre de delantal blanco que grababa se acercó con algo parecido a un látigo en su mano, y golpeó repetidas veces la espalda del menor, quien mordió su labio para acallar sus quejidos. El otro hombre continuó tocándolo con una mano, mientras que con la otra deslizaba lentamente la tela de su ropa interior, retirándola de su cuerpo y dejándolo completamente desnudo. Luego lo giró para que quedara frente a él y le abrió las piernas. – N… No… No… - intentó cerrarlas pero el hombre le dio un golpe en el rostro. Veía borroso a causa de las lágrimas pero pudo distinguir como el hombre frente a él comenzaba a bajar sus pantalones, sonriendo de oreja a oreja.
- Vamos a divertirnos… -*
Lanzó una nueva piedra, intentando alejar esos malos recuerdos de su memoria. Sus lágrimas habían dejado de correr por sus mejillas, dejando delgadas marcas que delataban su estado. Se inclinó suavemente pudiendo observar mejor su cuerpo sobre el agua.
“Si me ahogara… ¿A quién le importará?..."
¿Cuántas veces había pensado eso a lo largo de su vida? No lo sabía, eran incontables… pero sin duda ahora la respuesta era distinta.
- Louis… - susurró lanzando otra piedrita al lago, suspirando con pesadez – Odio esto…
Una nueva lágrima corrió por su mejilla pero la secó al instante, sentándose a orillas del lago.
- ¿Por qué?...
Abrazó sus rodillas escondiendo su rostro con ellas. Su espalda temblaba suavemente a causa de los sollozos.
*Hacía mucho frío esa noche. Le dolía todo el cuerpo, más aún su entrepierna. No podía sentarse… Pero eso no era lo peor, le dolía el corazón… Se sentía sucio, se sentía totalmente abusado y usado.
- Tengo miedo… - se quejó moviéndose entre las sabanas de su cama. Era una noche oscura y bastante terrorífica para un niño de solo 8 años de edades cual había sido abusado hace unas horas por esos dos hombres quienes se hacían llamar sus “padres”, “”progenitores” … hasta “Dueños” se hacían llamar de vez en cuando. ¿Pero qué más podía hacer? No sabía defenderse, y era muy pequeño para hacerlo.
Un ardor comenzó a hacerse presente en su zona baja, bajo su espalda. Se sintió algo incomodo y prendió la pequeña lámpara que descansaba sobre la mesita junto a la cama. Se bajó lentamente los pantalones costándole mucho sentarse y al mirarlos sus ojos se humedecieron rápidamente. Era sangre, roja sangre que salía de él.
No tenía otro pijama, así que se puso su ropa interior y se encerró en el baño toda la noche, lavando sus pantalones, llorando desconsolado sin nadie que le diera tranquilidad…*
¿Por qué de pronto todos esos recuerdos afloraban en su memoria? Todos estos años había logrado bloquearlos completamente de su mente, incluso había logrado olvidar todo ese dolor, pero ahora todo regresaba y cada recuerdo se sentía como una puñalada en el pecho.
- ¿Por qué yo…? ¿Por qué?...
Si, ¿Por qué él? ¿Había hecho algo malo? ¿Dios lo odiaba? De toda la gente existente, de toda la gente mala en el mundo ¿Por qué él tenía que sufrir todo esto?
- ¿Por qué… por qué…? - se repetía una y otra vez, llorando desconsolado mientras abrazaba con fuerza sus rodillas… Se sentía débil, se sentía cansado y sin ganas de vivir…
Se levantó luego de un rato, frotando sus ojos para detener las lágrimas que quedaban aún en ellos. Se sacudió el pantalón para quitarse los restos de césped que quedaron en el y comenzó a caminar sin rumbo. Sus pies le dolían pero lo ignoraba, no ganaba nada con quejarse ¿O si?
A lo lejos vio a alguien que le parecía familiar. Cabello rizado y castaño hasta la mitad de la espalda… Era Alice. Sin duda era ella. Intentó cambiar de rumbo para no toparse con ella pero por desgracia lo vio y comenzó a caminar hacia él, hasta quedar frente a frente.
- Alice… - susurró algo temeroso y con un dejo de arrepentimiento en su voz. La castaña frunció el ceño notablemente molesta.
- Quiero que entiendas algo, Elicer… - dijo con voz firme e intimidante, muy distinta a su voz normal la cual era tímida y melodiosamente dulce. – Permití que vivieras con Louis y yo. Permití que ambos se volvieran muy unidos. Incluso permití y soporté el hecho de que Louis se enamorara de ti dejándome a mí con el corazón roto en mil pedazos. Pero jamás… ¡Jamás permitiré que vuelvas a golpearlo! ¿Entendido? – una cachetada impactó su rostro, haciendo que la gente a su alrededor se girara para ver el espectáculo.
Elicer no dijo nada, solo llevó su mano derecha a su rostro y bajó la mirada. ¿Para que quejarse? Tenía razón, había golpeado a Louis y se merecía esa cachetada.
- No puedo creer que seas tan egoísta. Solo piensas en ti. No dije nada al enterarme de que ustedes tenían… Algo más... Me guardé mis sentimientos solo por ver la sonrisa de felicidad de Louis al estar contigo. – una lágrima corrió por su mejilla y Elicer sintió como su corazón se detenía - ¿Y como le pagas? Golpeándolo, haciéndolo llorar y haciéndolo sufrir… Si solo vas a causar problemas será mejor que te alejes…
Dicho esto Alice se dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria, dejando a Elicer solo nuevamente. Llevó su mano a su pecho lentamente y suspiró con pesadez.
- Soy un… desgraciado…
Caminó lentamente y sin rumbo recordando cosas. Cosas dolorosas y tristes que hacían que su corazón se rompiera aún más…
*Los dos hombres frente a él escribían unas cosas en sus libretas mientras lo observaban por detrás del vidrio. Frente al pequeño pelinegro aparecieron dos imágenes, la primera mostraba una madre abrazando a su hijo y la segunda el cadáver de un niño el cual había sido torturado. Elicer debía elegir la imagen que lo hiciera feliz, la que más le gustara y eso hizo. En seguida caminó hacia la imagen de la madre y su hijo pero la soltó al sentir una fuerte descarga eléctrica recorrer todo su cuerpo seguido de un ruido chillón proveniente de algún lado de la habitación.
Las pequeñas manos del pelinegro se dirigieron a su cabeza, tapando sus oídos y comenzó a llorar.
- ¡Deténganlo! ¡Duele! – gritó en un vano intento de que los hombres detuvieran la tortura. Pero no lo hicieron, lo repitieron durante horas. “Así aprenderá a odiar ciertas cosas” decían ellos… Pero solo aprendía a odiarlos a ellos.*
Definitivamente el amor era un sentimiento pútrido y repulsivo. No era como la gente hablaba de él. Nada de lo que estaba escrito era cierto.
“¿Qué mierda saben ellos de amor? "
*~

Louis no habló en el resto del día. Su mirada se mantenía perdida, fija en algún punto fuera de la ventana. Alice se mantenía tras él, sin atreverse a decir algo. Sin saber que decir.
- Louis… - susurró de pronto, no sabiendo como terminar la frase. Solo suspiró.
- ¿Qué hice mal?...
- ¿Eh?
- ¿Qué fue lo que hice mal para que… pasara todo esto?
- No, Louis… No fue tu culpa, es solo que… Dale tiempo... Está confundido.
Louis no dijo nada, miró a Alice y le sonrió. Tenía razón… él mismo estaba más confundido que nunca, así que no podía culparlo.
- Ve a buscarlo… - susurró la castaña.
- Pero…
- Lo necesita, te lo aseguro…
- Gracias… - se levantó y la abrazó.

~*

Miró las grandes puertas de ese lugar que ni siquiera pensó alguna vez en visitar y suspiró con pesadez. Llevó sus manos a su rostro, tapándolo, y respiró profundamente, para entrar a paso lento a la iglesia de piedra que mantenía sus puertas abiertas a la gente pecadora y arrepentida.
“¿Soy un pecador?... ¿O solo estoy arrepentido de vivir? "
Rió para sus adentros por aquel pensamiento y terminó por llevar su cuerpo hasta una banca de madera oscura, dejándose caer suavemente (casi como una pluma) sobre esta.
Miró hacia el frente, apreciando la cantidad de pinturas e imágenes de yeso a las cuales la gente adoraba y rendía culto como si sus vidas dependieran de ello… Pero bueno, ahí estaba…
Volvió a suspirar (¿Cuántas veces lo había hecho a lo largo del día? No sabía) y cerró sus ojos.
- No sé si de verdad estás ahí… - susurró lentamente, intentando mantenerse tranquilo – Ya no se qué hacer… De verdad ya no se… - su voz comenzaba a quebrarse con cada palabra que pronunciaba - ¿Acaso me odias?... – abrió sus ojos para mirar hacia delante - ¿Acaso hice algo malo?... Ellos me hicieron cosas malas, pero nada les pasó… - recordó a los hombres de hace años… - pero yo… yo no… No es justo… - no lo soportó y de sus ojos grises, totalmente sin brillo, comenzaron a brotar cristalinas lágrimas de desesperación, empapando sus pálidas mejillas. – Dios… Si voy a vivir así… por favor, mátame de una vez…- dijo apoyando su frente en el respaldo de la banca que estaba frente a él.
- No pidas esas cosas… No quiero perderte…
Su rostro se giró rápidamente, encontrándose con el de un pelirrojo que lo miraba preocupado, con su piel blanca como la nieve y sus ojos violetas.
- Louis…
- Vamos… - susurró sonriéndole mientras tomaba su mano, entrelazando sus dedos. El pelinegro obedeció, y con su otra mano secó sus lágrimas.
Caminaron juntos, sin soltarse de la mano durante un largo rato, en silencio, llegando luego a una plaza… La plaza en la que se habían visto por primera vez. El corazón del pelinegro latía con fuerza, y se sentía cansado y adolorido… Pero no le importaba, ya no.
- Tsk…- se quejó de pronto Elicer, al dar un nuevo paso.
- ¿Qué pasa, bebé? – preguntó Louis tiernamente, haciendo que Elicer se sonrojara.
- N…no, nada…
- ¡Elicer! ¡Estás descalzo! – lo detuvo.
- Estoy bien, en serio…
- ¡No es cierto! – Dijo, mientras lo sentaba en una de las bancas de la plaza – Mírate, tus pies están todos lastimados… - susurró y se giró mostrándole su espalda. – Ven, súbete…
- ¿Q-qué? Pero…
- Solo súbete – repitió y Elicer obedeció.
El pelirrojo comenzó a caminar con el más bajo a cuestas, el cual estaba totalmente sonrojado y avergonzado. Sus ojos estaban suavemente cerrados y su cabeza estaba apoyada en la espalda del otro.
Al llegar al departamento Louis llevó a Elicer a su habitación, y lo recostó sobre su cama. En el trayecto se encontraron con Alice, quien les dio una cálida sonrisa.
- Espera aquí, no te levantes – dijo Louis y salió de la habitación. Al segundo después volvió y le sonrió – Ven, necesitas un baño – lo tomó suavemente en brazos y lo llevó a dicha habitación. Una vez adentro se paró frente al pelinegro y comenzó a sacarle la camiseta.
- ¿Q…qué haces? – preguntó sonrojándose completamente.
- Te ayudo ¿No es obvio? – rió
- No es… necesario…
- Claro que si, además, quiero hacerlo – terminó de sacarle la camiseta y llevó sus manos a los pantalones del más bajo, comenzando a bajarlos lentamente.
Elicer tragó saliva. Si bien no era la primera vez que el pelirrojo lo vería desnudo, le daba mucha vergüenza que lo hiciera de nuevo. Finalmente quedó solo en ropa interior así que detuvo al mayor.
- Y…yo me la saco, no mires… - tartamudeó y Louis rió, girándose para no verlo. Enseguida escuchó el sonido del agua moviéndose, la cual ya había dejado puerta con anterioridad. – Listo… - dijo finalmente y Louis se le acercó.
- Bien – se subió las mangas de la camisa y rió – Relájate, tonto… no te haré nada – metió sus manos al agua y luego tomó un paño para humedecerlo – Muéstrame tus pies ¿Si? – Elicer obedeció y levantó la pierna derecha, mostrándole uno de sus lastimados pies.
Louis volvió a mojar el paño de su mano y lo pasó suavemente por sobre su lastimada piel, haciendo que este se quejara en voz baja.
- ¿Duele mucho? – preguntó mientras limpiaba su pie.
- Un poco…
- No debiste haber salido así, descalzo. Ahora estás muy lastimado – dijo con voz suave y solemne, mientras sumergía el pie en el agua y sacaba el otro.
- Lo siento… - se disculpó el pelinegro y Louis sonrió.
- Tranquilo, bebé – le acarició el cabello y le dio un suave beso en la frente.
- No te preocupes por el resto, yo lo haré – dijo Elicer, empujando suavemente a Louis.
- ¿Seguro? – Preguntó y el menor asintió – Ok, llámame si necesitas algo.
Salió del baño cerrando la puerta tras él y su sonrisa se torció… tenía un mal presentimiento de todo esto…
- Louis, ¿Ya arreglaron todo?
El pelirrojo miró en dirección a esa suave voz, encontrándose con Alice, quien le sonreía con algo de preocupación.
- Si, ya está mejor… - respondió – Gracias. Tenías razón.
- ¿Sobre qué?
- Sobre ir a buscarlo, ir tras él…
- Oh, no te preocupes… …l te necesita.
El pálido de negros cabellos movió el agua tibia con sus manos y suspiró. Desde hacia ya un largo rato que se sentía raro… Normalmente sentía dolor, un dolor punzante al cual estaba acostumbrado, pero ahora sentía algo distinto, completamente distinto… Algo que no podía explicar.
Se deslizó lentamente hacia abajo hasta meter su cabeza en el agua. Se quedó un rato ahí, se sentía bien… Cuando salió notó algo extraño en el agua. Algo rojo…
“Sangre… "
Llevó su mano a su boca. No tenía nada… Su nariz tampoco… Pero sus oídos sí. Sus oídos sangraban, pero no dolía…
Se sumergió nuevamente en el agua y se quedó ahí hasta que dejó de sangrar. Luego de un largo rato en el agua decidió salir, se secó lentamente con las toallas que había dejado Louis, y cuando fue a vestirse una sonrisa de dibujó en su rostro, luego de tomar las prendas que el pelirrojo le había dejado.
“Su pijama… "
Pensó, sonriendo aún. Tomó aquella camisa con ambas manos, aspirando con lentitud aquel aroma que tanto le embriagaba… Que tanto le enloquecía…
Se puso lentamente ese suave pijama, sintiendo el aroma de Louis nuevamente y salió del baño.
- ¿Louis?
Llamó, pero no respondieron. Caminó con dificultad a causa de las heridas en sus pies, llegó a su habitación y se encontró con Alice, quien miraba por la ventana.
- Alice, ¿Dónde está Louis? – preguntó.
- Salió a comprar algo para comer – le sonrió – Déjame ayudarte – se le acercó y le ayudó a caminar hasta sentarlo en la cama. Elicer bostezó - ¿estás cansado?
- Algo… - susurró frotando sus ojos.
- ¿Por qué no duermes un poco? Luego le diré a Louis que te despierte para que comas algo…
- Está bien… - respondió y se recostó en la cama, Alice lo cubrió con las blancas sábanas de esta.
- Descansa – le dijo y salió de la habitación.
Pasaron horas. Elicer se había quedado profundamente dormido, Louis había llegado hace un poco y se había quedado mirándolo fijamente durante largo rato. Aún no se podía explicar que era aquello que sentía… Estaba preocupado y sentía miedo… Finalmente se levantó y suspiró, le dio una última mirada y salió de la habitación.
~*~

El sol entró por la ventana iluminando el rostro del chico que yacía dormido, haciendo brillar sus negros cabellos.
- Hmmm…
Se removió en la cama y llevó su antebrazo a su rostro, cubriendo sus ojos de la brillante luz que se colaba por entre las cortinas, para luego abrirlos con suavidad.
“¿Qué hora es? "
Se preguntó, sentándose en la cama. Al mirar a su lado se percató de que sobre la mesita de noche había un plato con galletas dulces, y junto a ellas una carta. Elicer la tomó y la leyó.
- Cómelas cuando despiertes. Necesitas alimentarte, bebé… Te amo - leyó.
En su rostro se dibujó una sonrisa y sus mejillas se sonrojaron, pero esa sonrisa se desvaneció cuando una fuerte punzada le dio en el pecho, como una puñalada.
Soltó el papel y dejó las galletas donde estaba, se levantó y caminó dificultosamente hasta la ventana.
Algo le pasaba a sus piernas, no respondían como él quería… Y se sentía más cansado que antes de dormir. Sus ojos pesaban al igual que todo su cuerpo.
“¿Dónde estará Louis? "
Se preguntó y miró hacia fuera. Ahí en la entrada pudo ver al pelirrojo, estaba sentado mirando a algún punto indefinido, con un cigarro entre sus labios.
Pensó en llamarlo, pero prefirió no hacerlo. Caminó hasta la puerta de la habitación, salió… Hasta la puerta del departamento, estaba sintiendo mucho frío y sentía como sus piernas se iban entumeciendo y acalambrando de a poco. Comenzó a bajar las escaleras, pero algo no andaba bien… Le faltaba poco, estaba solo en el segundo piso… Bajó un escalón, bajó otro… Pero no pudo seguir sosteniéndose en pie…
El pelirrojo tiró la colilla del cigarro al suelo, para luego pisarla. En el rato que llevaba ahí afuera ya se había fumado media cajetilla, y sus ganas no se iban… Había algo que le tenía intranquilo…
De pronto escuchó un golpe seco tras él, miró hacia atrás y sus ojos se abrieron de par en par.
- ¡Elicer!
Corrió hacia el pelinegro quien se encontraba tirado en el suelo, intentando levantarse. Louis lo ayudó a levantarse con suavidad.
- ¿Estás bien? ¿Te hiciste daño?
- Estoy bien… susurró de manera extraña. Su voz casi no se oía.
Louis lo tomó en brazos y lo llevó a su habitación, pero cuando intentó dejarlo sobre la cama los brazos del pelinegro se aferraron con fuerza a su cuello.
- Elicer, ¿Qué pasa?
- No me dejes… - susurró escondiendo su rostro en el hueco entre su cuello y su hombro.
- ¿Estás bien? – preguntó preocupado, acariciando suavemente la espalda del menor.
- Tengo miedo… - susurró nuevamente, comenzando a temblar. Louis logró alejarlo de sí mismo para notar que Elicer estaba llorando.
- ¿Qué pasa, bebé?... ¿Miedo de qué?
Elicer no contestó, solo cerró sus ojos con fuerza y comenzó a frotar sus hombros. Suspiró con pesadez.
- Hace frío…
Louis lo miró extrañado. El sol afuera golpeaba con fuerza y la temperatura el día de hoy era increíblemente alta. …l mismo estaba solo con una camiseta sin mangas y los pantalones más delgados que encontró ¿Cómo iba entonces a tener frío?
- ¿Te sientes bien? – puso su mano sobre su frente para comprobar que no tuviera fiebre.
- Tengo mucho sueño…
- ¡Elicer! ¡Dormiste un día y medio! ¿Cómo vas a tener sueño? – preguntó escandalizado. Aquel mal presentimiento que tenía desde el día de ayer se hacía más y más fuerte.
- ¿Un día… y medio? – preguntó con lentitud, sintiendo ahora dificultad hasta para hablar.
- Si, y no despertaste ni un instante… - miró a la mesita de noche y notó que el plato de galletas seguía ahí… - ¿No has comido nada? – Elicer no contestó, pero seguía mirándolo fijamente a los ojos. - ¡Debes comer algo! ¡Quizás por eso te sientes tan débil!...
Elicer no dejó ni un momento de mirarlo. Louis, al notar esto, se sonrojó como tomate y sintió como su corazón daba un fuerte salto. Era como un tigre asechando a su presa… Abrió su boca para hablar, pero Elicer se abalanzó sobre él al instante, atrapando sus labios en un profundo beso que le robó el aliento y que le hizo gemir.
Se separaron cuando sintieron que se quedaban sin oxígeno. Louis miró expectante a Elicer, quien tenía una mirada aún extraña. La cual alejó lentamente para dejar escapar nuevamente lágrimas.
- No quiero… - susurró y Louis intentó hacer que lo mirara.
- ¿Qué cosa?
- Voy a morir… ¿Verdad?...
Silencio. El silencio envolvió la habitación. La boca del pelirrojo se mantenía abierta sin saber aún que decir. Luego frunció el ceño y miró molesto a Elicer.
- No digas tonterías. ¡Eso no pasará! ¿De dónde sacaste semejante idiotez?... – solo recibió como respuesta más sollozos de parte del menor, quien escondía su rostro entre sus delicadas y pálidas manos.
Enseguida tomó la mano derecha de Louis y la posó sobre su pecho. Los ojos del mayor se abrieron de par en par. Podía sentir los acelerados y extremadamente fuertes latidos de su corazón.
- Esto… Tú eres el que causa esto… Porque me enamoré de ti… Porque nunca había amado a nadie y tú me enseñaste a hacerlo… Pero por eso mismo… Por eso mismo ya no puedo seguir, no puedo continuar… De verdad me rindo… Ya no lo soporto… - sollozó. Louis mantenía su vista alejada. – Louis… Hay algo que jamás de dije… porque tenía miedo… Miedo al rechazo. A tu rechazo…
El pelirrojo lo miró, respondiéndole con la mirada. Pidiéndole que por favor le dijera aquello que siempre le escondió… Pidiendo que tuviera confianza en él… Y así lo hizo, Elicer le contó todo… Todo aquello que vivió desde su niñez… Todo aquello por lo que sufrió…
Habló con lentitud… Su voz cada vez se hacía más cansada, y a ratos de detenía y no decía nada, para volver a retomarlo a los segundos después… Lloró repetidas veces… Louis no mencionó, ni interrumpió… Ni dijo absolutamente nada… Su mirada se encontraba perdida en algún punto de la habitación, lo cual era ignorado por el menor…
- Debiste habérmelo dicho… - dijo el mayor, sin quitar esa mirada de tristeza impregnada en sus ojos.
- ¿Hubiese servido de algo que lo supieras?... ¿Hubiese acaso evitado que todo esto pasara?... ¿¿Hubiese sido todo distinto si te lo hubiese dicho??
- Elicer…
La voz se Louis se quebró finalmente, para dar paso a amargas lágrimas de dolor y sufrimiento, un dolor que se estaba formando de a poco en lo más profundo de su corazón… Para luego aflorar y oxidarlo por completo…
- No llores… Por favor – rogó con casi nada de fuerzas… Le dolía verlo así…
- ¡Maldición! ¡Te amo!… ¡No sabes cuánto, te amo demasiado!… ¡Más que a mi vida…! ¡Más que a todo lo que he conocido! - gritó llorando con fuerza… Elicer lo abrazó y unió sus labios con los propios en un profundo… profundo beso, dándole todo el amor que tenía para darle, y más…
El resto del día fue solo silencio… Alice llegó nuevamente y los acompañó un rato. Intentó que Elicer comiera pero no lo logró… Finalmente daban las 8 pm… La cabeza de Louis se mantenía recostada junto a la del pelinegro… Quien respiraba calmadamente… Sus ojos se cerraron lentamente y sonrió.
- Louis…
- ¿S… si?...
- ¿Puedes… tocarme una canción?... – le pidió, abriendo de nuevo sus ojos. Louis lo miró con tristeza y forzó una sonrisa. Al segundo entró a la habitación Alice con el violín del mayor. Este lo tomó y luego de dar un largo suspiro comenzó a tocar… Aquella canción… Aquella con la que lo conoció…
Todo había pasado tan rápido… Realmente no podía creerlo… Simplemente no podía… Terminó de tocar la canción… Elicer lloraba… Louis lo acompañó, llorando también… Alice suspiró son pesadez y salió de la habitación, dejándolos solos… Necesitaban estar juntos…
El silencio nuevamente envolvió la habitación… Y Elicer sonrió. Por primera vez aquel vació en él se había ido… Por primera vez no sentía ese dolor punzante en su pecho que lo torturaba… Por primera vez se sentía humano…
- Gracias… - susurró Elicer, sin dejar de sonreír… Y cerró sus ojos. Louis apretó sus puños y se recostó a su lado, cubriéndose ambos con las sábanas
- Buenas noches, bebé… - lo abrazó con fuerza.
Le besó la frente con cariño y dolor… Derramando sus lágrimas sobre el pálido rostro del menor, sus mejillas habían tomado un suave color rosado y sus labios dibujaban una hermosa sonrisa…
Louis le sonrió por última vez… Pasaron horas… Louis jugaba con su negro cabello… Observaba sus facciones… Memorizaba cada detalle… Para pequeño detalle… Cada perfecto detalle… Resignándose a que sería la última vez que podría hacerlo…
El tiempo siguió pasando… La habitación ya estaba totalmente oscura… Ni un pequeño rayo de sol entraba por esa pequeña ventana…
- Elicer… - susurró, pero no recibió respuesta… - Elicer, bebé… - lo mismo. Silencio… Nada más que silencio… - Buen viaje… - sonrió con pesadez y lloró. Lloró en silencio… lloró toda la noche...
No había nada más que hacer… Solo esperar. Esperar a que el tiempo pase y decida que ya será su hora... La hora de reencontrarse con esa persona a la que tanto amó…
Solo quedaba esperar…

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