lunes, 22 de octubre de 2012

Farewell. Cap. 4. Living the day








Completar un encargo. Así era como veía Yunho aquel absurdo viaje al medio de la nada. La idea no le removía en absoluto algún mínimo de sentimientos, era más bien una obligación y qué decir de haber dejado en Seúl a Jaejoong y a Sung Ki desprotegidos.

Porque así era. Esas dos personas se habían convertido en una especie de causa por la que luchar y por la cual se estaba llevando a cabo esa especie de metamorfosis en él. No sólo algo especial despertaba en Yunho gracias a Jaejoong, sino a ese pequeño que supo ablandarlo con su actitud fresca y desenfadada.
Y, ¿por qué no decirlo? Le dolía como si fuese a sí mismo, el hecho de que se encontrara enfermo a gravedad. No se merecía eso.


¿Cuántos asesinos, personas malas e incluso pedantes y egoístas, como en mi familia, existen y resultan tan longevas?
Tal vez porque, precisamente, son eso que llaman “hierba mala”. Nada como un niño; pero Sung Ki en especial porque es mi mejor amigo.

— ¿Jung? — Fue lo que escuchó de una mujer de mediana edad que le llamaba eufóricamente desde una de las miles de casas en extremo humildes del lugar. — Cuánto has crecido. Ya no eres el mismo niño que correteaba por las calles con su abuelo y su padre. 

—Desde luego que no. —
Respondió con una cortés sonrisa.

Siempre le ha parecido que decir esa frase de "cuánto has crecido" o similares era algo muy banal. Desde luego, superando los veinte no iba a conservar el cuerpo de un niño de seis, pero al parecer a las personas les costaba mucho comprender aquello.

“A veces cuando cambiamos mucho, tanto interna como externamente, a las personas les impresiona tanto que no hallan otra forma de decírnoslo”.
Recordó que en una ocasión cuando tuvo la oportunidad de viajar con su abuelo a uno de esos países, que parecían más bien y para su infantil percepción otro mundo, él le había hecho ese comentario. Sonrió casi inconsciente por el recuerdo.

—Estábamos esperando a que llegara. Le aseguro que nos esforzamos para que su estadía aquí sea lo más cómoda posible.

—En verdad lo dudo. — Murmuró por lo bajo. — Mi abuelo dijo que debía cumplir una misión, ya sabe por mi regalo. 

La mujer abrió los ojos desmesuradamente como si se hubiese recordado de algo sumamente importante. Y es que efectivamente lo había hecho. 

Haló a Yunho por todo el camino de tierra hasta que se detuvieron frente a lo que parecía ser una biblioteca por demás de diminuta; apenas si cabían un par de personas dentro y, al menos a juzgar por el exterior, parecía algo abandonada.

— ¡Vino a traer los libros nuevos! —
Gritó a varios niños.


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Sung Ki había estado tratando de analizar el comportamiento de Jung Yunho –como si de un psicólogo con amplia experiencia se tratase–.
En verdad consideraba que el “sofisticado” Yunho era su mejor amigo. Apenas lo vio, él mismo se había encargado de catalogarlo como un alma necesitada de ayuda, porque lo tenía todo, pero no tenía personas que lo amaran sinceramente y sin condiciones.
Él le había ofrecido aquello y aunque Jaejoong no lo manifestara palabra por palabra, sabía que algo también le había removido en el alma. No pudo explicar a ciencia cierta lo que percibía, pero era muy particular.

Como si Yunho y su omma ya se conocieran desde antes.

—Omma, ¿tu crees que Yunho mantenga su promesa? Él dijo que vendría antes de Navidad y yo le creo. 

Ya habían pasado dos días desde que Yunho había partido a ese viaje rumbo a América y Jaejoong dudaba demasiado acerca de la veracidad de aquellas palabras. Sabía lo que significaba para su hijo el valor de mantener la palabra pero era un hecho incierto si Yunho sabría el significado exacto de ello.
Tampoco quería crearle un espejismo sobre lo que era en realidad aquel personaje porque pudiera terminar hiriéndolo.

¿Qué hay de la verdad? ¿Cómo le puedes decir quién es su padre?

—Confiemos en él. — Terminó por decir. — Es importante lo que tiene que hacer, además, ahora son amigos, ¿no?
—No es eso… — Mintió. — Me preocupa que ese idiota se meta en problemas y nosotros no estemos allí para salvarlo. Es que como no puede pensar, me toca a mí ser sus ojos… Su cerebro en general.
—Creo que puede cuidarse muy bien. — Dijo con gracia. Se daba cuenta de que su hijo trataba de disimular que en realidad le preocupaba Yunho. — Cuando venga, te prometo que te llevaré al aeropuerto para que lo recibas. Sé que lo vas a alegrar y tú quieres hacerlo, no me puedes mentir. Te conozco demasiado bien.

Sung Ki suspiró molesto. Siempre pensó que eso de que su omma conociera todas sus reacciones era incómodo. Incluso si le desobedecía por algún motivo, siempre terminaba tropezando y dándole la razón.
Para él, Jaejoong era el centro del mundo. Alguien a quien secretamente admiraba por su sensatez y su calidez.

Omma, en verdad te amo. En verdad lo hago y temo qué harás en un futuro cuando ya no esté…

—No creo que quiera verme. Son como cuando uno sale de vacaciones en la escuela: ansías volver en un punto, pero ya el tercer día estás deseando salir nuevamente. ¿Qué tal si así pasa, metafóricamente hablando?
— ¿Qué pasa si por un día te comportas y te preocupas por lo que un niño normal de nueve se preocupa?
—Yo no soy normal. — Respondió Sung Ki con una sonrisa cargada de satisfacción. Esa que tanto le recordaba a Jung Yunho. — No finjas, omma. Te gusta… Te preocupas por él pero no lo admites.

Jaejoong se tensó levemente. No era como si no fuera acertado ese comentario pero no se había replanteado la posibilidad de comenzar lo que hace tanto no pudo consolidarse.

Es un inmaduro.
Un inmaduro que estaba cambiando cada día más y más rápido.


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La mañana siguiente no fue demasiado prometedora. Se suponía que había ido hasta ese lugar estrictamente en busca de la tan anhelada verdad que su abuelo quería que supiera. Para que le perdonara, o lo que fuera.

Como si pudiera perdonarte.

A pesar de que, sin poder decir lo contario, a Yunho le habían recibido calurosamente en ese pequeñísimo pueblo –que nada se comparaba en riqueza, iluminación y mucho menos culturalmente con Corea del Sur–, y que desde luego las personas que allí habitaban le demostraron lo importante que era para ellos su presencia allí. Era como una especie de tabla de salvación para todos ellos, así lo veían y así le habían hecho sentir.

Como si estuviera en casa, en familia. Como si estuviera regresando el tiempo y viviendo de nuevo ese viaje que había hecho con su padre y su abuelo hacía muchísimos años atrás a ese mismo lugar.

Pero nada era sino un amargo recuerdo, un pasado que disfrutó en un momento pero que desde el accidente, había borrado y lo había reemplazado con rencor de la índole más pura.
Nada se parecía a ese día tan cálido; lo confirmó cuando sintió el viento frío de las seis de la mañana rozar con sus mejillas mientras subía solo por aquella montaña donde se suponía que encontraría las supuestas respuestas de tantas preguntas que no habían zanjado aún.

Después de tantos años.

Esa noche, un hombre resolvió contarle toda la verdad acerca de lo que había ido a buscar y sin duda le resultó doloroso que el único culpable del fallecimiento de su padre hubiese sido irremediablemente él mismo. Le había indicado el lugar donde estaba, al fin, alguna respuesta medianamente lógica a toda esa tela de mentiras y explicaciones a la mitad.
Haciendo caso omiso de las advertencias de no ir a ese anárquico sitio que le habían dado todos en el pueblo, para algo había hecho ese largo y tedioso viaje. Para algo razonable había dejado a Sung Ki y a Jaejoong solos, en especial cuando recién se enteraba de la situación que ambos pasaban y del apoyo que necesitaban de su parte.

Su corazón se encogió un poco al recordar aquello… Sin duda, no sabría cómo podría lidiar si le tocara perder a ese pequeño que le enseñó lo que era la verdadera amistad y en especial, el único que lograba remover ese algo que pensó que había dejado de existir en él. Esa capacidad de entregar cariño y desear ser mejor por alguien.
Y Jaejoong, que seguramente daría su vida entera por su hijo. Seguía siendo tan sensato y tan observador como lo recordaba y no podía explicarse cómo demonios pudo pasar por alto tantos detalles juntos.

Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos porque ante su vista apareció una imagen nada grata: precisamente lo que había ido a buscar. Lo que le quitó a la persona que más admiraba en el mundo, su padre.
Contempló por un minuto la avioneta estrellada hasta que no pudo contener sus lágrimas. Como la noche anterior le habían explicado, eso fue lo que sucedió. Un joven de espíritu inquieto, en su ansiedad por buscar algo más, encontró su propio final sin que de eso tuviera culpa absolutamente nadie.

Nadie. Ni siquiera su propio abuelo al que había odiado hasta ese día.

— ¿Curiosidad? — Escuchó que preguntaba alguien. Algunas nociones de español tenía para comprender el significado de aquellas palabras, pero no supo cómo responder de manera coherente. — Otro asiático. ¿Me hacen el honor? — Avisó a otros que venían aún más atrás.

¿Quiénes son esos?

—Estoy solo. — Atinó a decir. Ni siquiera cargaba algo de dinero como para que pudieran quitarle, sólo tenía los libros que estaba haciendo la noche anterior para la gente del pueblo en una mochila. — No tengo nada que les interese.

El tipo lo miró fijamente. Tenía aspecto sucio, como si no conociera lo que es una ducha, en sus ojos no parecía haber ni un ápice de compasión y Yunho no se imaginó que su primera impresión sería tan acertada.
En cuestión de segundos ya el personaje que parecía bastante violento lo encaró dándole un golpe tan fuerte que no pudo mantenerse de pie por la falta de aire.

—No me gusta que hablen si yo no lo ordeno, no es muy difícil de entender. Es nuestra tierra, son nuestras reglas. — Miró a sus compañeros. — Enciérrenlo. Y si no lo buscan rápido, mátenlo.

De pronto el pánico le invadió el cuerpo y lo hizo intentar correr lejos, pero antes de que si quiera pudiera terminar de pensar ya dos o tres mucho más grandes que él lo tomaron del brazo. Reconoció perfectamente la palabra “mátenlo” en esa oración y desde luego, no podía significar nada bueno.
Sintió cómo caía duramente sobre uno de sus costados en una improvisada celda que apenas dejaba colar la luz del sol que recién había comenzado a brillar en todo su esplendor.

— ¡No! — Comenzó a gritar con toda la fuerza que tenía. — ¡No me pueden dejar aquí! ¡Le prometí a él que estaría para Navidad!
A través de las pequeñas ranuras de la puerta consiguió ver cómo lanzaban al fuego los libros a los que había dedicado toda la noche a hacer y escribir. Hasta había contado con la colaboración de un par de niños para traducir alguna que otra cosa... Pasaron una noche llena de risas y algarabía escribiendo esos libros y ahora se convertían en un puñal de cenizas sin remedio. 

—No... — Susurró con tristeza mientras se dejaba caer en posición fetal hasta el suelo de tierra mojada. 

Cerró los ojos esperando que aquello sólo fuera uno de esos malos sueños que y que cuando despertara se encontrara en Seúl invitando a algún lado a su pequeño amigo y a Jaejoong.

Pero fue inútil. Lo único que supo al abrirlos de nuevo fue que seguía allí, sumido en desesperación y cubierto de tierra. 


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—Un mes. — Anunció el señor Park a su asistente y a Jaejoong que estaban en la oficina. — Un mes, desde hoy, en que nadie sabe nada de él. Ni siquiera la gente con la que estuvo en ese lugar. Simplemente se lo tragó la tierra.

—No me puede decir un simple "se lo tragó la tierra".
La paciencia de Jaejoong comenzaba a agotarse. — ¿No deberían estar buscándolo? ¡Ustedes lo mandaron allí! 

La asistente del anciano abogado suspiró bajando la mirada, colocándole una mano en el hombro a Jaejoong de forma afectuosa. Ella también estaba preocupada por Yunho, pero algo le decía que todo estaría bien. 

—Dicen que al lugar donde fue es peligroso. Los delincuentes hacen las reglas y todos se acoplan a ellas... — Explicó la mujer. — Lo mejor es que se lo explique a su hijo con calma. Si Yunho prometió estar aquí con ustedes en las fiestas, eso iba a hacer. Pero dada la circunstancia, eso no podrá ser, desgraciadamente. 

—Mi hijo confía en que estará... No puedo decirle algo así y mucho menos en su estado. Cada vez empeora y sé que lo necesita. —
Hizo una pausa para serenarse. — Lo necesitamos... Y sólo faltan tres días para Navidad.

No se sentía capaz de decirle aquello a Sung Ki. Llevaba contando los días ilusionado porque al fin llegara Yunho y pasara los días a su lado.

Y es que tanto Jaejoong como su hijo sabían que el tiempo se les iba y querían aprovecharlo antes de que el dolor se los consumiera a los dos.

—Lo menos arriesgado para todos es esperar... — Sugirió apaciblemente Park viendo hacia la ventana que daba a los rascacielos. — Usted, Kim, no puede salir del país a buscarlo. Sería peligroso y Sung Ki lo necesita ahora más que nunca. 

—Yunho está secuestrado... Quién sabe si siga con vida y ustedes me dicen que espere, ¿que espere a ver su cadáver? ¡¿Es que no les importa?! Por favor... Se nota que no tienen idea lo que se siente no poder hacer nada por alguien que amas. 

—Sí que la tengo. —
El señor Park pareció ofendido ante esas palabras. — Para su abuelo, Jung Yunho fue su adoración y yo le tengo un cariño especial por ende... Pero ni siquiera sabemos en dónde está.

Jaejoong se sacudió el cabello con desesperación, con ganas de dar un grito al aire.

Espero que estés bien...


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Estoy bien, Jaejoong... Ya quiero volver con ustedes.

Sacó una carta que le habían entregado antes de que la noche llegara. Se la había escrito su padre hacía mucho donde le mencionaba lo orgulloso que estaba de él y las grandes cosas que esperaba en su futuro

"Eres diferente al resto de nuestra familia... Tienes nobleza."

—Levántate. — Uno de los hombres abrió la puerta violentamente dejando que toda la claridad diera de lleno sobre los ojos de Yunho. — Les llegó la hora.

Pero aunque lo intentaba sus piernas no le daban la fuerza para ponerse de pie. El dolor de estómago debido al hambre y el de las heridas que se le habían hecho en ese largo mes tampoco lo dejaban moverse, de modo que le tocó revolverse un poco entre quejidos.

Uno de ellos lo arrastró del cabello hasta que pudo dejarlo de rodillas frente al resto de hombres que reían a carcajadas gracias a la intensa borrachera que se cargaban. 

Con las últimas fuerzas que le quedaban rogó porque no le hicieran daño, alegando que le esperaban en su país.

Pero como respuesta obtuvo un golpe que lo dejó aún más débil de lo que se encontraba.

—Es Navidad. — Dijo uno de ellos empinándose la botella de aguardiente y con la otra apoyando su arma en la sien de Yunho. — Pero mañana se mueren o si el oriental abre la boca de nuevo, les vuelo la cabeza a todos. — Le dijo con una sonrisa a los otros dos hombres y a él.

Después de que lo volvieron a dejar dentro de ese pequeño espacio, rienda suelta a su llanto.

Sigo sin poder perdonarte, abuelo...

Es que le resultaba imposible. Aunque ya tenía más que claro lo que en realidad había sucedido su corazón no podía sanar por completo esa herida.

Y me siento un fraude. Le fallé a Jaejoong, le fallé a Sung Ki y le he fallado a todos los que esperaban que hiciera algo positivo con mi vida. 


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Habían cientos de crayones en la cama de hospital que ocupaba Sung Ki. Esa mañana se había dedicado a hacerle un dibujo a Yunho como regalo de Navidad, porque él tenía la certeza de que volvería y podrían celebrar juntos.

Por última vez.

—Omma... No tengo ganas de celebrar nada. — De pronto sus ánimos parecieron mermar. — Ha sido mucho tiempo...

—Yo tampoco. —
Admitió dejando el libro que leía a un lado. — Pero tenemos que seguir esperándolo, porque si estamos mal y él llega, ¿qué crees que va a pensar de nosotros? 

—Que soy un ser superficial... —
Sonrió al imaginarlo. — Pero no quiero parecer que me desespero, sólo... — Miró al cielo. — Deseo que vuelva y esté con nosotros hasta el final, pero no se lo vayas a decir.

Y Jaejoong supo a lo que se refería con “el final”. Pero optó por ser más fuerte y no llorar frente a su pequeño, sólo necesitaba un milagro. Sólo eso. 

—Yo también lo quiero mucho. 

—Lo sé. Los adultos no saben disimular nada... —
Negó con la cabeza mientras continuaba su dibujo. — Si Yunho se quedara contigo, él sería como mi appa... Y sería muy divertido que lo fuera.

—Eso te gustaría, ¿no es verdad?
 

Sung Ki asintió un par de veces con vergüenza. Simplemente quería observar amor antes de que su historia pudiera decir fin y por sobre todas las cosas ver a su omma feliz.

Ven pronto, Yunho...

—Está bien. Ya verás que en muy poco estará aquí.  Sung Ki


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Mientras todos los hombres que resguardaban el lugar dormían gracias a la intensa borrachera que se habían cargado el día anterior, Yunho comenzó a buscar cómo demonios podía salir de ese espacio tan repugnante.

Hacía un mes y unos días en que no gozaba de libertad y para colmo, habían quemado los libros.

Se preguntaba qué sería de todos por Corea y, en especial, de Jaejoong y Sung Ki. Esperaba que pudiera compensarles su ausencia con algo grato.
Aunque tuviera que dejar por un momento todo el plan de su abuelo de lado para estar con ellos dos.

Su vista encontró que las llaves estaban colgadas muy cerca de una de las ranuras de la puerta.
Con sumo cuidado y después de meditar cuidadosamente si era prudente estirarse para alcanzarlas, deslizó uno de sus dedos hasta que consiguió alcanzarlas, reprimiendo un vitoreo al comprobar que la puerta se abrió instantáneamente.

Voy a volver, voy a volver con ustedes…

Caminó lentamente para no despertar a los hombres que yacían por todo el suelo, dormidos y abrazando sus botellas como si de sus vidas se tratara; pero justo en la entrada del camino que daba hacia abajo estaba uno de ellos de pie, vigilante por si a alguien se le había ocurrido lo que Yunho hizo: escapar.
Sin pensarlo dos veces, tomó una de las botellas de vidrio que estaban por allí sueltas y se la rompió en la cabeza al personaje que no sólo era enorme, sino que tenía cara de pocos amigos y corrió tanto como la debilidad de su cuerpo pudo permitirle.

Casi treinta y cinco días había pasado sentado en una tierra mugrienta, esperando a que lo mataran y de seguro, sin haber tenido por quién luchar, se habría lanzado sin pensarlo para que acabaran con su vida.

Aquello había sido peor que un infierno y jamás se había sentido tan bien correr y sentir el viento como aquel día en que volvió a saber de su libertad.


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Cuando llegue, prométeme que lo traerás al hospital, omma. Quiero saludarlo y ver si el muy tonto en verdad está bien.

Jaejoong cubrió sus puños con el abrigo mientras esperaba a que Yunho saliera de alguna de las tantas puertas. Después de pedírselo un par de veces a los abogados fue suficiente para que lo dejaran a él ir a buscarlo y regresar caminando. Las ansias desde que supo que regresaría se lo tragaban, al igual que a Sung Ki y aunque quería llevar a su hijo con él, una nueva recaída se lo impidió.
Una nueva recaída que muy posiblemente significaba lo peor.

—Yunho… — Susurró cuando lo vio llegar con sólo un pequeño bolso en su espalda. No pudo reprimirse mucho tiempo y corrió a donde se encontraba buscando a tientas a alguien conocido. — ¡Yunho! — Gritó por encima de la gente, logrando llamar su atención y ganándose una sonrisa de su parte. — ¿Cómo estás? — Preguntó ya un poco más sereno.
—No lo sé. Hay instantes en que no siento mis piernas. — Respondió divertido, pero aún así, Jaejoong lucía igual de preocupado que antes.
—No seas idiota, en verdad conseguiste asustarme. — Y sin pensarlo demasiado, le dio un efusivo abrazo que fue correspondido. Tal vez se debía a que quería asegurarse de que se encontraba allí y que estaba bien.
— ¿Qué hay de mi pequeño mejor amigo? ¿Qué hicieron en Navidad mientras no estaba? — Jaejoong negó con la cabeza mientras sonreía levemente, aún sin separarse del abrazo que comenzaba a necesitar, porque ya sentía venir las lágrimas.
—Decidimos no hacer nada… Él sólo quería celebrar si tú estabas y yo también. Pero no te angusties por eso, estará feliz al verte aquí y saber que no te pasó nada.

Yunho sintió cómo Jaejoong se aferraba con más fuerza a su cuerpo y estaba muy seguro de que por un momento sintió que sollozaba. Mientras iba retornando a Seúl se había propuesto hacer algo para sopesar su ausencia en ese día.

—Sé que no era lo que querían, pero la próxima Navidad será diferente, haré todo lo que esté a mi alcance por ello.
—No, Yunho… Ya no habrá próxima vez.

Y entonces sintió por primera vez una sensación de completa tristeza, una tristeza que ni siquiera con la muerte de su padre había sentido.
Como si le hubieran dicho que él mismo tenía sus días más que contados.

No quería decirle nada reconfortante a Jaejoong porque ni él mismo se sentía seguro de qué decirle, así que se limitó a tomar su mano y caminar fuera del lugar en silencio. Sólo dándole a entender que estaría con ellos, ahora y después.
Porque él sentía a Sung Ki como si realmente fuera su propio hijo.

Aunque no tenía fuerzas como para sonreír en ese momento, la mirada acusadora de Sung Ki apenas atravesaron la puerta de su habitación le causó mucha gracia:

—Hola, extraño. — Saludó sarcásticamente. — La pasé muy bien en Navidad, gracias. — Yunho contuvo las ganas de abrazarlo y decirle lo mucho que lamentaba haberse saltado ese día con él.
— ¡Fue un atraso no intencional! — Se sentó junto a él extendiéndole un osito de aspecto tierno que le había comprado, agachando un poco la cabeza en señal de disculpas. — Además, me acordé de ti mucho.

Sung Ki analizó por unos minutos lo que Yunho le había obsequiado, como si en ese tierno oso estuvieran respondidas todas las incógnitas de la humanidad.

—Sí, me doy cuenta de que mi mejor amigo se acordó de mí al traerme un osito que compró en la tienda del aeropuerto. — Dijo fingiendo admiración, pero abrazándolo con ternura. Yunho soltó una pequeña risa al igual que Jaejoong que los observaba desde la puerta— Entonces, ¿cómo piensas reponer ese día que perdiste? Porque deseo ir a montar a caballo…

Yunho miró a Jaejoong que seguía de pie en la entrada de la puerta. Parecía estar aislado en sus propios pensamientos.

— ¡Yunho! — Volvió a llamarlo el pequeño atrayéndolo de su abrigo. — Quiero celebrar la Navidad. Quiero que celebremos los tres.
—De acuerdo, pero necesito hacer unas llamadas primero y tal vez en un par de semanas…
—Yunho… — Sung Ki fijó sus ojos negros en él. — Quiero ir a montar a caballo pero ahora, no en un par de semanas.


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—Apenas vuelves, ¿y me pides que te preste el jet de tu familia?

El señor Park parecía no creerse la petición que Jung Yunho le hacía. Aunque había demostrado un cambio, no podía confiar plenamente. En especial porque por estricto acuerdo, él no tendría acceso a sus lujos hasta haber terminado todas las pruebas.

—Por favor, es algo urgente. De hecho, de vida o muerte. Ayer por la tarde hablé con Changmin y me dijo que podíamos ir hoy mismo a su casa a pasar las vacaciones de diciembre y necesito ir allí lo más rápido posible. — El anciano miró a Yunho que estaba arrodillado frente a él. — Quiero llevar a Jaejoong y a Sung Ki a ese lugar porque les prometí que pasaría estas fechas con ellos y no pude.
— ¡Es que es una locura! De ningún modo, no puedo hacer lo que me pides porque simplemente no tengo derechos sobre…
—Dile a Jaejoong y al pequeño que tengan sus cosas listas. — Interrumpió la asistente que apenas acababa de llegar a la habitación. — La próxima prueba te la enviaremos por correo.

Yunho se levantó del suelo con un poco de dolor en sus rodillas pero con una gran sonrisa en la cara. Abrazó al señor Park e hizo repetidas reverencias.

—En verdad no saben lo que esto significa para mí.

Y al llegar esa misma noche al sitio donde Yunho tenía la idea de pasar ese día, jamás imaginaron que la realidad superaría a la expectativa.

10 comentarios :

  1. muy bonito...

    aunque hubo sus partes que me hizo sentir triste al pundo de casi derramar las lagrimas....

    sigue asi...

    muchas gracias por la actua

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  2. muy lindo, me dio pena cuando quemaron sus libros, los que habia escrito toda la noche con tanto afan, gracias por por actualizar :)

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  3. T T aww todolo q sufrio yunho e.e el qeria pasarla con jj y sengki.
    Awwww ay amor no?..poco a poco las cosaa se van reveland y esos stntimientos aparecen fue cute triste
    A sperae actua nose k pasara ahora e.e
    Grax yoleth

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  4. por favor quiero continuacionnnnnnn..... esta super interesante, casi casi remojo todo el teclado con mis lagrimas, pero lo que mas me dolio fue que lo dejaras ahí. actualiza pronto porfa.

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  5. oh que bello me encanta el yunjae pobre yunito por todo lo que tubo que pasar pero menos mal que salio de esa y jae que ya no aguanta su amor por el y su hijo que ya lo quiere y sin saber que es su padre que pasara cuando sed lo diga jae y cuando se lo digan a el

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  6. estoy un poco conmovida con esta historia porque asi es la realidad cuando mas deseas cumplir una promesa, mas trabas te ponen en el camino, ojala que le milagro por el que pida jae se cumpla, y que puedan estar juntos muchos mas años

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  7. Es muy triste ver al hijo de Jae y Yunho marchitarse, ojalá ocurra el milagro que tanto pide Jae,Yunho es el mejor donador de médula para salvar a su hijo, Jae pronto dile la verdad para que piensen en esa posibilidad. Gracias

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  8. Aaww esta muy bella esta historia, no quiero que el niño muera att Giovanna Gi

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  9. les dará su navidad tardía pero se los dará que bueno que salio Yunho bien y regreso a el lado de su familia
    Gracias

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  10. Que triste, siento mucha pena por Jae, no puede ni llorar la impotencia de ver a su pequeño consumirse, y lo mas triste es que incluso el pequeño se obliga a ser valiente, dejen de ser así, lloren saquen ese dolor. No sé si Jae le dirá a Yunho que es le padre de su hijo, pero por donde sea que lo vea será algo muy fuerte cuando salga a la luz, la.ilusión del niño por un lado por otro, el dolor y posiblemete el enojo de Yunho por entererse tarde. "Un milagro" si, que el pequeño pueda salvarse. Ay quiero llorar.

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